Eloy Tizón: "Las campañas políticas venden relatos, no ideología"

Publica «Herido leve», un volumen que reúne treinta años de lecturas y comentarios.

Publica «Herido leve», un volumen que reúne treinta años de lecturas y comentarios.

Son las anotaciones, artículos y opiniones primeras. Las lecturas del escritor que se va elevando como autor con la mirada crítica de juventud, que es siempre sincera, sin torpes prudencias, que es un sedimento cobarde de la edad. Eloy Tizón, orífice de cuentos y perspicaz anatomista de prosas, publica «Herido leve» (Páginas de espuma), treinta años de memoria lectora, como reza el subtítulo. Los artículos, prólogos, reseñas de itinerancias diversas, que publicó en diarios y revistas y dormían en un viejo disco duro, que es donde van quedando todo lo que hemos sido.

–¿Es el escritor un saqueador?

–Algo de eso hay. Aunque el término es buceador de tesoros ajenos. Vamos siempre cribando librerías, bibliotecas y encontrar más afín y completa nuestra sensibilidad.

–¿Qué lee en estos documentos hoy?

–Entusiasmo hacia la lectura, pasión por los libros y, a veces, ingenuidades. Cuando se empieza a leer, uno tiene euforia, pero menos información y precisión que ahora.

–¿Y cómo lee ahora?

Cuando leemos durante la adolescencia lo que predomina es el deslumbramiento. Quiero pensar que eso no se pierde en la madurez, pero sí se desarrolla la relación de unos textos con otros y entre los autores. Se aprecia el contexto y se gana en perspectiva.

–¿Se pierde entusiasmo?

–Se modera un poco. Es como el primer amor, pero se gana en hondura. Una cosa compensa la otra.

–¿La desilusión es un riesgo al releer?

–Pero creo que define la relación dinámica que tenemos con nuestra biblioteca y la memoria lectora. El canon personal varía. Hay una revisión continua. Existen libros con los que no conectamos. Y lo inverso: hay libros que nos cautivaron y que soportan mal una relectura. Reencontrarnos con antiguas novias tiene su peligro (risas).

–¿Qué autor le ha defraudado?

–Para mí ha bajado Henry Miller. Hubo una fiebre y sus libros están considerados escandalosos, por el morbo de la fama y el sexo, pero luego lo lees desde una óptica narradora, cómo están montados y son libros cuya estructura cojea bastante.

–¿Y el que se ha mantenido?

–No lo descubrí joven. Robert Walser. No escribió una gran novela, no es Melville o Thomas Mann. Son textos más breves, divagatorios. Pero eso los hace muy apetecibles.

–¿Qué ha cambiado al leer?

–Al comenzar, la parte argumental te llama más la atención. Con el tiempo te fijas en cómo está escrito, qué voz emplea. Faulkner es una voz bíblica de una potencia muy marcada, pero, en cambio, en el recuerdo no me queda tanto qué es lo que pasaba. Solamente tienes que mirar el tono, la voz, el lenguaje, las metáforas que usa. Hay novelas y cuentos que perviven en mí como una imagen. No me pidas un resumen. Y esa imagen me acompañará toda la vida.

–Es importante leer, pero también qué se lee.

–Es una trampa. Cuando se dice que ha aumentado la lectura no hay que referirlo únicamente a la cantidad, sino también a la calidad, a lo que se lee. Hay lecturas que aportan poco desde el punto de vista humano, no te van a ampliar la conciencia, no te van a sacudir, son circunstanciales, que se olvidan. ¿Para qué leer eso? No le veo ninguna utilidad. No es leer por leer. Hay que leer con criterio y para eso se necesita leer, se cometen errores, pero eso te va enseñando el gusto por la sensibilidad y la capacidad de detectar qué te puede aportar. Lo otro es evasión, que no está mal que exista, pero es evasión.

–¿Es peligrosa la evasión?

–El cine de efectos especiales está bien. Pero hay otro de autor que indaga en la naturaleza humana, que es menos dócil de ver, que plantea más desafíos, pero que ofrece una experiencia mayor. No hay que confundir con la literatura de la alta literatura, que es otro planeta.

–¿Leer nos hace mejores?

–Siempre defenderé la lectura, pero no caigamos en una idealización. Sanguinarios como Stalin y Hitler eran grandes lectores. La biblioteca de Stalin era extensa. Leía y releía y masacró la cultura de su tiempo. A los escritores los machacó o los eliminó, hubo una generación de escritores que desapareció con él.

–¿Qué le interesa hoy?

–Todo lo que sea narrativa. Cuento, novela, pero también la narrativa visual. Un escritor absorbe todas partes, de manera compulsiva, para aprender lo más posible y saber cómo lo han hecho los demás.

–¿El hombre es un ser de narraciones?

–La única manera de explicarnos es a través de la narrativa. Esa necesidad de compartir historias y escuchar las de otros resulta esencial en el ser humano. Somos seres narrativos.

–Hoy los políticos venden su biografía más que un programa.

–Tanto las campañas de publicidad como las políticas se basan no en una convicción ideológica o excelencia del producto, sino en vendernos un relato. Cuanto más convincente sea éste, antes lo compraremos. Ahí se demuestra que el arte de la narrativa y de construir historias resulta importante dentro y fuera de la biblioteca.