Cultura

España frente a la emancipación de América

«Qué demencia la de nuestros enemigos pretender reconquistar la América sin Marina, sin tesoro y casi sin soldados», dijo Simón Bolívar.

«Qué demencia la de nuestros enemigos pretender reconquistar la América sin Marina, sin tesoro y casi sin soldados», dijo Simón Bolívar.

Entre 1809 y 1823 España realizó un esfuerzo ímprobo para mantener sus dominios en América, especialmente si se tienen en cuenta el estado en que se encontraba el país, su erario, el Ejército y la Armada.

En cuanto al primero, se puede decir que estaba agotado tras la guerra contra Napoleón. Una vez terminada, se vio sometido a una serie de tensiones producto del enfrentamiento entre absolutistas y liberales, que produjeron cambios radicales en la orientación política del país. Estas no eran las mejores condiciones para mantener una guerra a miles de kilómetros de España, y que fue, desde un primer momento, profundamente impopular.

En lo que se refiere al erario, se encontraba exhausto, después de que durante 7 años el país hubiese sufrido los estragos de la Guerra de la Independencia. La economía se hallaba colapsada, con la agricultura y la ganadería arruinadas por las constantes requisas, la incipiente industria destruida y la recaudación de impuestos deshecha. En cuanto al Ejército, a partir de 1814 se hallaba en proceso de reducción a los niveles anteriores a 1808, debido a consideraciones económicas. Entre 1814 y 1820 se licenció a unos 10.000 oficiales y a 100.000 soldados. A pesar de ello, se puede calcular que en el periodo posterior a la vuelta de Fernando VII, el Ejército de España llegó a situar en Ultramar más de 40.000 hombres.

En cuanto a la Armada, su situación era igualmente ruinosa. En 1814 había cinco navíos y diez fragatas. En 1817 se compraron a Rusia cinco de los primeros y siete de las segundas. De ellos, cuatro navíos no se pudieron utilizar por su pésimo estado. En 1818 se contaba con cuatro navíos, tres de ellos en carena, y diez fragatas, de las cuales cuatro estaban fuera de uso.

encima de sus posibilidades

Con estos datos a la vista, cabe preguntarse qué más podría haber hecho España. Se mandaron a América tantos hombres que se produjeron motines en las unidades destinadas a embarcarse y muchos oficiales pidieron el traslado. Se gastó tanto dinero en las expediciones que en 1860 todavía seguían sin pagarse las deudas de la Comisión de Reemplazos. ¿Qué más se podía haber hecho? Políticamente, todo, pero los conservadores no podían admitir la idea de conceder la independencia. Desde el punto de vista militar, en cambio, es dudoso. Se intentó enviar nuevas tropas y se amotinaron en Las Cabezas de San Juan. Se trató incluso de que otras potencias financiaran el transporte de refuerzos, y se fracasó. En total, el Gobierno contrajo deudas que 40 años después seguía sin poder pagar.

Se podría argumentar que España solo podía mantener las Indias de tanto en cuanto los habitantes de las mismas aceptaban su dominio. Como dijo un virrey del siglo XVIII, «la obediencia de los habitadores no tiene otro apoyo en este reino, a excepción de las plazas de armas, que la libre voluntad y arbitrio con que ejecutan lo que se les ordena, pues siempre que falte su beneplácito no hay fuerzas, armas, ni facultades para que los superiores se hagan respetar y obedecer». Cuando la «libre voluntad y arbitrio» dejó de existir, el sistema entero se resquebrajó. Cuando empezaron los movimientos emancipadores, si el dominio español hubiese dependido exclusivamente de las tropas peninsulares, se habría derrumbado en unos pocos meses. No fue así porque miles de americanos, de tambor a general, combatieron bajo las banderas realistas contra sus propios compatriotas para defender la causa de Fernando VII. Hoy, casi dos siglos después de Ayacucho, seguramente merecen un mínimo homenaje.

«Banderas olvidadas»

Desperta Ferro

Ediciones

432 páginas,

24,95 €