Literatura

Federico Axat: «Escribir un libro que nunca sé cómo va a terminar me divierte»

Tras el éxito de «La última salida», el argentino vuelve al «thriller» psicológico con «Amnesia»; «el objetivo es enganchar», afirma.

Tras el éxito de «La última salida», el argentino vuelve al «thriller» psicológico con «Amnesia»; «el objetivo es enganchar», afirma.

«Me llamo John Brenner, tengo veintisiete años y soy ex alcohólico. La noche del sábado desperté en el suelo de mi casa sin recordar absolutamente nada. A mi lado había una botella de vodka vacía, una pistola y el cadáver de una chica joven y hermosa que jamás había visto». «Amnesia» (Destino) es la nueva novela del argentino Federico Axat tras el impacto mundial de «La última salida», traducida a 35 idiomas. «Para mí fue algo impensado, una sorpresa, algo casi circunstancial», manifiesta Axat. Con «Amnesia» regresa al «thriller» psicológico y se adentra en los laberintos de la mente y el doble filo de la memoria.

–«Amnesia» entra en varios procesos mentales...

–Los caminos de la mente son tan intrincados que dan para todo tipo de tramas; es un tema recurrente en mi obra. Lo selectivo de los recuerdos me apasiona porque la percepción y la construcción de la realidad dependen del cristal de cada uno. La objetividad última sobre la realidad no existe, existe la construcción que cada persona hace de ella y eso me parece fascinante.

–Una novela con el vértigo del «thriller».

–Sí, el «thriller» psicológico es inconcebible sin un ritmo trepidante, sorpresas y mucho suspense.

–¿Y qué importancia da a la trama?

–Es un elemento fundamental en este género y no puede fallar. A veces, con esto en la cabeza, se descuidan otras cuestiones también importantes. La gran importancia de la trama te arrastra a desatender otras cosas.

–Los principios de sus novelas son impactantes.

–Sí, me gusta que sean muy potentes, ese fue el mecanismo en este libro. El objetivo es enganchar desde el minuto cero.

–Y finales sorprendentes.

–Creo que son más importantes aún que los comienzos, por eso pongo especial atención en ellos. Deben tener cierta trascendencia. No hay cosa peor que el lector se dé cuenta de que el escritor no supo cerrar la historia y lo hizo por compromiso. Cuando eso se nota es horrible.

–En principio, nada es lo que parece.

–El factor sorpresa debe estar en cada página El lector de este género, con tanto que ha leído, con las series y películas que ha visto, está muy entrenado y hay que adelantarse a él. Me gusta dedicarle tiempo a la trama y reflexionar mientras voy escribiendo.

–Entonces, ¿construye las historias sobre la marcha?

–Cualquier lector mío se puede hacer la idea de que detrás del libro hay una planificación exhaustiva, y la hay, pero es un proceso que desarrollo a medida que voy escribiendo. Eso lo hace menos previsible y mucho más divertido para mí. Escribir un libro que nunca sé cómo va a terminar me divierte.

–Eso le obligará a reescribir.

–Mucho. No me ato a una idea. Empiezo al menos con una como hilo conductor dirigida hacia donde quiero ir, pero casi siempre la cambio y, a veces, bastante rápido, incluso elimino personajes, así que casi nunca sé adónde voy a ir a parar.

–Su escritura se ha calificado de hipnótica.

–Tiene que ser así cuando alguien me dice que lo leyó rápido, que no podía dejarlo, es para mí el mejor indicador de que se consiguió lo que buscaba. Si el libro no engancha en esa conexión lector-autor, la empresa fracasó.

–Hay quien dice que recuerda a Stephen King.

–Sí, y hablo de él bastante porque fue mi escritor de cabecera. King no es un autor de «thriller» especialmente, sus tramas no se caracterizan por ser demasiado elaboradas, pero quizá sí tenga reminiscencias suyas en la construcción de los personajes.

–Sus historias navegan continuamente entre la realidad y la fantasía.

–Juegan con esa dualidad. Me gusta navegar por esa línea, que el lector no solo ignore la resolución de un misterio o el camino de la trama, sino jugar con que no sepa siquiera si su explicación es enteramente racional o hay algo de sobrenatural. Me parece que ese desconcierto ayuda al efecto que uno quiere generar.

–¿Qué hace un ingeniero escribiendo «thrillers» psicológicos?

–Estudié ingeniería con la inconsciencia de un chico de 17 años, porque mi padre lo era. Yo ya escribía, me gustaba y era un gran lector, pero pensar en dedicarme a la literatura me parecía ridículo, nunca lo contemplé. Aunque estudié ingeniería por accidente, esta carrera me aportó una forma de ver el mundo que valoro mucho, pero en la literatura había un peso y una necesidad mucho más urgentes.