Jackie Stewart, el deportista que esquivó la muerte

Fue una figura clave de la Fórmula 1, de la que se proclamó campeón cuatro años después de su debut, no solo por sus éxitos, sino porque se esforzó en mejorar la seguridad de un deporte que se cobró la vida de varios de sus amigos.

Stewart conquistó el primero de sus tres títulos a los mandos de un Mantra-Ford
Stewart conquistó el primero de sus tres títulos a los mandos de un Mantra-Ford

Fue una figura clave de la Fórmula 1, de la que se proclamó campeón cuatro años después de su debut, no solo por sus éxitos, sino porque se esforzó en mejorar la seguridad de un deporte que se cobró la vida de varios de sus amigos.

Vivió una de las peores épocas de la Fórmula 1, una etapa en la que los accidentes y las muertes eran algo habitual en un deporte en el que salir indemne de una carrera tenía una proporción de 1 a 5. Jackie Stewart, cuyo nombre es John Young Stewart, es un escocés que se proclamó campeón del mundo en 1969 y lo hizo después de esquivar la muerte en varias ocasiones. La seguridad era una cuestión secundaria en aquellos años y, de hecho, ese concepto estaba más asociado a la integridad de los espectadores que al propio piloto. En sus ocho años en la Fórmula 1, Stewart fue testigo de la muerte de muchos pilotos, pero, sobre todo, de algunos de sus amigos. En aquella época vio morir a pilotos como Jim Clark, Piers Courage, Lorenzo Bandini, Bruce McLaren, Jochen Rindt y su compañero Francois Cevert, en 1973. Fue precisamente este último accidente el que le hizo ver la vida de otra manera y decidió retirarse. Quería envejecer con su mujer y así se lo hizo saber años después.

Stewart era un piloto fino, consistente, rápido, pero también conservador. De hecho, en una de las etapas más «negras» de la F-1 él solo tuvo un accidente serio en 1966, cuando sufrió quemaduras tras un accidente en el Gran Premio de Bélgica. Era la época en la que los depósitos de combustible apenas tenían protección y el fuego se convertía en el principal enemigo de los pilotos.

Llegó a la F-1 en el año 1965 y cuatro después logró su primer título. El primero de los tres que ostenta y lo hizo a los mandos de un Matra-Ford, un equipo mítico en el que luchó contra grandes nombres de la Fórmula 1 como Jackie Ickx y Bruce McLaren, el creador de la actual escudería con este nombre.

Este escocés, que realmente ejerce de escocés, comenzó en las carreras a los 20 años y lo hizo después de ganarlo todo como campeón británico de tiro al pichón. Después se dio cuenta de que tenía «algo» para destacar en el automovilismo y decidió dar el paso.

Compitió con equipos como BRM y Tyrrel y en 1975 decidió retirarse para seguir vinculado a la competición de otra manera, como embajador y responsable del prestigioso club de pilotos británicos. Desde esta asociación dio pasos muy importantes en cuestiones de seguridad, tanto en los coches como en los circuitos. Esto le llevó a convertirse en un gran embajador para compañías que estaban relacionadas con la Fórmula 1, como el Banco de Escocia, la marca de relojes Rolex y del champagne Moet Chandon. Llegó a tener su propio equipo en 1999, pero la gestión de una escudería no fue lo suyo. De hecho, la base de este equipo es hoy utilizada por Red Bull Racing, que compró la plaza y la sede en Milton Keynes.

A sus 80 años todavía es una figura muy respetada dentro de la Fórmula 1 por su criterio a la hora de descifrar los detalles de cada Gran Premio. Una figura indispensable que dedicó un gran esfuerzo a la seguridad de este deporte, una innovación que poco a poco fue trasladada a los coches de calle.