Josema Yuste: «Los políticos mediocresnos llenarían el teatro»

Vive en paz consigo mismo como actor en una consolidada nueva carrera. Lejos queda aquel trío-dúo cómico –ya saben el del día más gafe del año– del que no le importa hablar, porque está a lo suyo: a merendarse el teatro. Son ya cuatro temporadas con la comedia «La cena de los idiotas», que acaba de levantar el telón en el Teatro Rialto. Y la televisión no se olvida de él: en octubre grabará «Me resbala», un concurso en Antena 3 en el que tendrá que mantenerse en pie. Y es experto en hacerlo, aunque Hacienda se empeñe en tumbarle.

–Mira que hay idiotas por ahí...

–Joer, idiotas, unos cuantos. Cabrones, también.

–¿Cuáles son peores?

–Los cabrones. Sin duda. El idiota es un pobre ser infeliz que no se entera de qué va la feria. El cabrón es una mala persona.

–¿Le han hecho daño alguna vez los idiotas?

–A mí me ha hecho mucho daño Hacienda. Pero no sólo a mí: también a muchos otros actores. Yo, que nunca he tenido ni tendré un duro fuera de España, que nunca he cometido ningún delito, fiscal ni de ningún tipo, y que pago mis impuestos religiosamente, me han inspeccionado tres veces y me han sacado un dinero. No me lo merezco. Ni nuestro gremio, que encima nos han puesto el 21% del IVA.

–¿A una obra que lleva la palabra idiota en su título habría que invitar a muchos políticos a verla?

–Sí, en el mundo de la política, desgraciadamente, hay mucho idiota. Y sobre todo, mucho mediocre. Tendríamos el teatro lleno.

–Bueno, eso no es problema, en su caso: ya lo tienen lleno...

–Sí, es la cuarta temporada en Madrid, en el Rialto, y estamos contentos. El comienzo ha sido muy bueno y la perspectiva también. Cuando se hacen las cosas bien, con trabajo, con esfuerzo, con ganas de hacer feliz a la gente y un criterio claro de hacer reír, sí o sí, en general las cosas salen bien.

–Decía Shakespeare que la vida es un cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota. ¿La vida estos días es algo así?

–Sí, hoy, aunque la política aparentemente no interesa a la gente, está muy presente, sobre todo por la corrupción. Debería estar en segundo término. Tendrían que hacer su trabajo de una forma discreta, como una empresa privada. Pero claro, la gente que está en la empresa privada, los altos ejecutivos, jamás entran en política. No ganarían el mismo dinero y no les beneficia en absoluto. Al final, ¿quién está en política? En general, el mediocre.

–«La cena de los idiotas»: unos tipos ricos que se creen más listos que nadie se ríen de un pobre hombre. ¿Lehman Brothers o me lo parece sólo a mí?

–No te parece mal. Es un poco así, como la vida misma. Bárcenas parece ser que se ha reído de los demás. En el caso de los ERE, se llevan la pasta descaradamente de todos los contribuyentes y se ríen de ellos. Ese grupo de amigos en la obra tiene una forma estúpida de divertirse, riéndose de uno, dos o tres idiotas que convocan a una cena todos los martes...

–Pero les sale el tiro por la culata.

–En este caso sí. En la vida real, desgraciadamente, casi siempre ganan ellos. Se llevan la pasta y luego algunos van a la cárcel y otros están en juicios o fuera de España. Pero casi ninguno devuelve el dinero.

–Es curioso oírle hablar de esto: no es una persona que se haya significado mucho nunca en público...

–No, he sido muy discreto... hasta que he dejado de serlo. No sé si me he cansado de serlo o que tengo una edad, 59 tacos, que me da un poco igual ya lo que opinen de mí. Creo que está claro quién soy y lo que he hecho, y puedo permitirme el lujo de emitir alguna opinión. Y estoy cabreado. Exactamente con Hacienda. Han elegido un gremio muy vulnerable. Creo que han ido también a por abogados, periodistas...

–Hace veinte años España era una empanadilla haciendo la mili. ¿Y hoy?

–Hoy España es un puzle mal puesto, un puzle de 3.000 piezas, de esos de las montañas del Orinoco, que no encajan. No hay Dios que lo entienda.

–Usted, que tanto nos hace reír, ¿lleva bien que se rían de usted?

–No, para qué te voy a engañar. No me gusta que se rían de mí, sino conmigo. Porque a mí no me ha gustado nunca reírme de los demás. Jamás he herido a nadie.

–Hay una ley no escrita que dice que los tipos más cómicos en el escenario o en la pantalla luego son muy serios en su vida privada.

–La mayoría sí, pero no todos. Yo sí, respondo a ese perfil. Fuera del escenario soy un tipo más bien serio, lo reconozco. La siguiente pregunta sería: ¿por qué? Durante el día trato de hacer cosas que me benefician, pero no gastar demasiada energía haciéndolas.

–Pero los actores hacen también tragedias griegas y cosas así...

–Yo no. Aunque me defino como serio y como actor, a mí el drama no me llama. Me seduce muchísimo la comedia. En un alto porcentaje estoy convencido de que seguiré haciendo comedia toda mi vida, como Arturo Fernández, Paco Martínez Soria o Lina Morgan... Y además, me lo paso muy bien haciéndola.

–¿Qué suspiros o pensamientos le entran cada vez que alguien le pregunta si va a volver Martes y 13?

–No me pasa nada, me quedo como estoy: entiendo la pregunta. Se hace un poco tardía, reiterativa, pero es normal también. Yo he dicho siempre que, en principio, nunca volveremos. Tomamos una decisión creo que inteligente. Yo pongo el ejemplo de los toreros: muchos dicen «me retiro» y la mayoría al año y medio como mucho están volviendo. ¡No es serio!

–Usted cuando se corta la coleta, se la corta.

–Sí, cuando dije que me iba de Martes y 13 fue para siempre. Lo tenía claro. Otra cosa es que hicimos un sketch juntos en un festival benéfico; o el anuncio aquel, el homenaje a Gila, hace dos años, con otros humoristas. Pero cosas puntuales: juntarnos como Martes y 13, nunca más. ¡Con lo que me ha costado reciclarme!