La ciudad no es para nadie: volver al campo es la opción

Habría que haberlo advertido con el mismo ahínco que tuvimos con el cambio climático: el cambio demográfico ha tenido en el planeta un impacto igual de importante.

Habría que haberlo advertido con el mismo ahínco que tuvimos con el cambio climático: el cambio demográfico ha tenido en el planeta un impacto igual de importante.

Entre 1950 y 2050 la población mundial se cuadruplicó, pasando de 2.500 millones a más de 10. Hemos visto como de las 30 megaciudades del globo, aquellas con más de 10 millones de habitantes, solo 4 no están en Asia y África y ninguna en Europa. Esta es la prueba de dos factores que han sacudido el continente europeo. Mientras la mayor parte del crecimiento demográfico se ha visto impulsado por Asia y África la población total de la UE apenas aumentó entre 2015 y 2030, pasando de 505 a 510 y se estima que en 2100 descienda a 465 millones. Esto ha hecho que ya comience a cambiar la estructura de edad: en 2015 la proporción de personas de 65 años o más, era del 19% y ahora en 2050, es de más del 30%, al mismo tiempo se han perdido 49 millones de personas en edad laboral (entre los 20 y los 64 años). Solo en España, la cifra roza los 4 millones. Por extraño que parezca, el fenómeno también se poduce en China, Japón y Rusia, que en 3 décadas han perdido 38, 20 y 15 millones de habitantes respectivamente, mientras que India aumentó su población en aproximadamente 400 millones de personas en el mismo lapso.

En las economías desarrolladas, una tasa de fertilidad de 2,1 nacimientos por pareja se considera la tasa de reemplazo natural, el equilibrio entre fallecimientos y nacimientos para mantener la población estable. Actualmente el indicador de fertilidad en Europa está por debajo de 1,5: lo que significa que tenemos un tercio menos de jóvenes miembros activos de la fuerza laboral que 30 años atrás. Los países europeos podrían compararse con huertos cuyos árboles fueron fructíferos durante 40 años y luego alcanzaron la madurez y ya no se plantaron más semillas. De hecho, desde 2016 la fecundidad de reemplazo (la fecundidad mínima necesaria para que una población mantenga el equilibrio entre nacimientos y muertes) en Europa, es negativa.

El conocimiento y lo rural

Lisa y llanamente, en Europa somos cada vez menos y cada vez es mayor la proporción de personas mayores de 65 años. Obviamente esto ha impactado en los sistemas de pensión y la economía del continente se ha visto seriamente afectada desde la que se ha conocido como la crisis de las pensiones, de 2030. Afortunadamente hubo quienes vieron en esta realidad una oportunidad. Las conocidas como «naciones jóvenes», un 80% de ellas en África, donde la mitad de la población tiene menos de 20 años, carecían de la experiencia, la formación y el conocimiento de los «países viejos». Entonces comenzaron a producirse dos tipos de migraciones. La primera, nunca vista hasta la fecha, estaba guiada no por razones económicas, por guerras, política o desarraigo, sino por conocimiento: los europeos comenzaron a viajar a países africanos y de Latinoamérica donde el conocimiento adquirido a partir de la experiencia, era un valor fundamental. En educación se trataba básicamente de unir teoría y práctica. Y cambió por completo tanto al continente europeo como al africano, transformando la capacidad de las personas de aprende y enseñar.

La otra gran migración se produjo dentro de España, más precisamente en las zonas rurales. Nuestro país es un reflejo del continente en el aspecto rural: constituyen aproximadamente la mitad del territorio de la UE. El problema es la población. En 1900 esta región estaba habitada por el 68% del total de habitantes. En 2025 llegó a un mínimo de 15%. Así se perdieron enormes recursos, el impacto económico fue cuantioso y desaparecieron conocimientos y profesiones.

Nadie quería vivir en zonas rurales en 2025, pero la instalación de nuevas rutas de trenes de alta velocidad, incentivos a la migración interna y una nueva política educativa, contribuyeron a que mucha gente quiera volver al campo, un sitio que pasó de ser considerada una región aislada a ser una opción buscada.