La fiebre del buceo en apnea

Aguantar la respiración bajo el agua se ha convertido en el deporte de moda y un nuevo método de «mindfulness» para combatir el estrés. Acudimos a uno de los exclusivos cursos que imparte el gurú de la apnea Miguel Lozano.

El diafragma comienza a contraerse, la glotis hace el gesto de tragar y los 13 buceadores parece que ya no pueden aguantar más bajo el agua. Están practicando buceo en apnea, un deporte convertido en actividad recreativa y una suerte de «mindfulness». Cada vez son más los amantes del agua que prueban esta disciplina que consiste en sumergirse en las profundidades marinas sin apoyo externo de aire. Es decir, la clave es aguantar la respiración, lo cual todavía suscita miedos y recelos en cierta parte de la sociedad al considerar que poner al límite nuestros pulmones puede ser peligroso para el organismo. Acudimos a Benidorm a uno de los cursos que cada vez cuentan con más adeptos. Éste no es uno cualquiera, pues lo imparte Miguel Lozano, una de las pocas personas en el mundo que ha bajado por debajo de los 120 metros con una sola respiración, y las plazas para escuchar a este gurú se agotaron hace meses.

Algunos de los alumnos ya lo han probado con anterioridad, otros, son «novatos» y están ansiosos de poner a prueba su capacidad de aguante. «Cuando aprendí a nadar me encantaba bucear y mi obsesión era ver todo lo que había en el fondo del mar, pero entonces no había cursos de apnea y lo practicaba yo sola de manera natural, según me decía mi instinto», explica Mary Mata, de 68 años.

Comienza la primera sesión, la teórica, en la que Lozano explica los conceptos fundamentales de fisiología y seguridad. «Esto es básico para gestionar después la parte emocional. Los que practican la apnea deben saber qué le pasa a nuestro organismo cuando aguantamos la respiración, la forma de respirar y, por supuesto, la relajación. Hay que enseñar a sensibilizar el diafragma para poder coger más aire y al mismo tiempo inducir a nuestro organismo a un ritmo cardíaco bajo», dice el experto. Tras la sesión teórica llega la primera práctica en piscina y después, al mar. Son tres días intensivos. «Llevo practicando buceo libre desde que era pequeño, hace más de 20 años empecé con botellas y ahora he decidido probar en apnea y hacer este curso para mejorar mi rendimiento», dice Gonzalo, otro de los alumnos.

Nivel de seguridad

Pero, ¿cuál es la finalidad de este deporte? ¿Llegar lo más profundo posible? ¿Relajarse? ¿Observar el fondo marino? Según Lozano todas las opciones son válidas. Él hace apnea de profundidad, no de «resistencia». «En estático aguanto unos nueve minutos, en profundidad, unos cuatro y medio», subraya. «El objetivo del submarinismo es disfrutar del paisaje subacuático, el buceo en apnea no es tanto mirar hacia fuera como hacia adentro. Es un trabajo de introspección, de técnica y mente. En resumen, es un viaje hacia el interior de uno mismo más que ir a ver peces», matiza.

Si algo tienen en común los alumnos de este curso en su pasión por el mar. Desde el aficionado a la pesca submarina que después de algunos sustos ha decidido incrementar su nivel de seguridad, a fotógrafos subacuáticos que quieren aumentar el tiempo de inmersión para realizar su trabajo o personas que únicamente quieren disfrutar del placer del buceo libre .Quizá sea un deporte que la mayoría de las personas aficionadas al mar han practicado desde siempre pero, a día de hoy, se ha convertido en una actividad en auge y en la que la preparación y los cursos de formación tienen una gran relevancia ya que «permite acercarnos a este disciplina de una forma más placentera y segura», apunta Lozano.

Volvemos a las clases. Después de suspender la respiración por un tiempo, explica el apneista a sus pupilos, aparecen unas señales de alerta que lo que indican es la necesidad de eliminar el dióxido de carbono acumulado (hipercadmia). Es esto lo que provoca el reflejo de la respiración. Y esta lección es fundamental para la práctica de este deporte, porque, según dice, es la que nos permitirá mantener la calma y dominar nuestra mente ansiosa por respirar sabiendo que aún tenemos reservas de oxígeno.

Todos los alumnos preguntan cuándo hay que «darse la vuelta». «Eso son inseguridades por falta de conocimiento, seréis vosotros los que poco a poco vayáis perdiendo el miedo, no es cuestión de forzarse, sino de técnica y confianza. Podréis bajar sin problema hasta 30 metros de profundidad en menos de un minuto y en estático seréis capaz de aguantar hasta cuatro minutos», les responde Lozano.

No existe una limitación en cuanto a edad para el buceo libre, aunque a nivel formativo hay que tener 12 años para poder inscribirse en un curso. El límite por arriba lo marca la condición física. Mary Mata, junto a Dani, militar de profesión, son los únicos de 13 alumnos que están inscritos en el nivel avanzado. «Esta mujer nos da un repaso a todos», repiten los participantes en varias ocasiones Tres minutos y treinta segundos es su marca en piscina estática y -25 metros su mejor registro en profundidad. «La edad no ha sido un handicap hasta el momento, de hecho, ahora me siento más cómoda, ya que tengo más conocimientos. Quizás el mayor problema sea encontrar a gente de mi edad para practicarlo. Además es un deporte, hasta ahora, con poca afición femenina», confiesa Mary.

Reducción del metabolismo

Sin duda, otra de las preocupaciones son las sensaciones experimenta el cuerpo con este deporte. «Nada más sumergir el rostro en el agua, nuestra frecuencia cardiaca baja por el llamado reflejo de inmersión. Conforme descendemos, hay una vasoconstricción periférica. La sangre de las extremidades migra hacia las zonas que realmente necesitan del riego sanguíneo como el corazón, pulmones y cerebro. Hay una reducción de la actividad metabólica para minimizar el gasto de oxígeno. Hace apenas unos años se pensaba que era imposible descender más allá de los 50 metros porque nuestros pulmones colapsarían. Hoy en día sabemos que esto no es así», les dice el profesor. La sangre fluye a los alveolos cargándolos de líquido para evitar su aplastamiento por la presión (Blood Shift). También el bazo juega un papel importante con sus reservas de glóbulos rojos. Está demostrado que las personas que han perdido este órgano en un accidente tienen menos capacidad para la apnea.

La mayoría de los alumnos, antes de asistir al curso, han visitado a sus otorrinos, ya que es fundamental su «ok» para practicar la apnea. Clara Beltrán, otorrino y especialista en medicina subacuática e hiperbárica, afirma que una de las grandes dificultades de este deporte «no tiene tanto que ver con la apnea, sino con las limitaciones fisiológicas para compensar los espacios aéreos».

En cuanto a la seguridad y posibles riesgos de la apnea, Lozano es consciente de que «muchas personas siguen asociándolo a algo antinatural y peligr oso, pero no es cierto. Es más, esto es algo muy parecido al yoga o la meditación. Tiene fines terapéuticos», subraya. De hecho, él trabaja con directivos, atletas, militares, policías, para gestionar el estrés. ¿Se atreven a aguantar la respiración? Cierren los ojos, agarren el cabo y a disfrutar del silencio submarino.