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La última entrevista de Andrea Camilleri

Andrea Camilleri concedió a LA RAZÓN su última entrevista con motivo de la publicación de sus fábulas. Fue hace un par de meses. Se le notaba cansado pero no había perdido el humor ni la sabiduría. El escritor en estado puro.

  • El escritor ha fallecido a los 93 años
    El escritor ha fallecido a los 93 años /

    EFE

Tiempo de lectura 4 min.

17 de julio de 2019. 13:55h

Comentada
Víctor Fernández Barcelona . 17/7/2019

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Andrea Camilleri ha permanecido al pie del cañón hasta el final. Poco antes de su desaparición, el escritor italiano hablaba con este diario de su último libro publicado, “La liebre que se burló de nosotros” (Duomo Ediciones), una colección de fábulas acompañadas de un prólogo de Fernando Aramburu. Desde Roma, el padre del detective Montalbano conversó sobre estos textos, lecturas y de su legado literario, uno de los más fascinantes de la literatura italiana.

¿Qué es más difícil: escribir novelas policiacas o fábulas?

Me resulta bastante más difícil escribir fábulas, sobre todo si no quiero en lo obvio. Y no se trata de una dificultad de escritura cuanto de la complicación de construir una trama fabulística. Estoy demasiado aferrado a la realidad y, por tanto, distanciarme de ella es como navegar en mar abierto.

En estas historias se puede observar su fascinación por la naturaleza. ¿Qué papel ha jugado la naturaleza como tema literario y fuente de inspiración durante sus años como escritor?

En mis primeros veinte años de vida, pasé mis veranos en el campo y los pasé con la maravillosa compañía de mi abuela materna, Elvira, que me enseñó a observar la naturaleza (animales, plantas e, incluso, paisajes) con una mirada atenta y fascinada, donde la magia tenía un papel principal. Mi abuela tendía a “humanizar” todos los animales que encontrábamos y, por tanto, era capaz de entablar conversación, por ejemplo, con un grillo que yo observaba fascinado. Mi abuela hablaba con el grillo, le daba un nombre, escuchaba sus respuestas y, créeme, conseguía entenderlo y hacerse entender.

¿Cuánto hay de personal en estas fábulas?

Todas ellas son vivencias personales, experiencias mías vividas en primera persona con los animales de mi vida.

¿Con quién se siente más cómodo, con el lector adulto de Montalbano o con el niño lector de estas fábulas?

No he escrito este libro para los niños y sigo pensando que no se trata de cuentos para jóvenes. Creo que es completamente erróneo asociar la relación hombre-naturaleza solo a un contexto fabulístico y, por tanto, para jóvenes. Los animales forman parte de toda nuestra existencia y es fundamental integrarlos no solo en nuestra infancia, sino también en nuestra vejez.

¿Cómo fue trabajar con Paolo Canevari, con quien, si no me equivoco, mantiene una estrecha relación de amistad?

He sido uno de los mejores amigos de su padre. Pasamos largos veranos juntos en nuestras casas en la campiña toscana que estaban muy cerca la una de la otra. Paolo ha sido el protagonista de muchas de estas historias y, como amigo de la familia, ha conocido casi todos los animales que me han sido cercanos. El verdadero trabajo de Paolo no ha sido en realidad el de ilustrar estos cuentos, puesto que había hecho los dibujos muchos años antes por su propia necesidad y no motivado por mis textos

¿Por qué ha tardado diez años en dar a conocer estas fábulas?

Han pasado bastante más tiempo desde que escribí estos cuentos. Nunca he sentido la necesidad de publicarlos, eran una especie de memoria escrita de mi relación con estos animales tan queridos. El editor y, después, mi encuentro con Paolo, me han convencido a publicarlos, pero, si fuera por mí, podían haber quedado en un cajón, son recuerdos que viven en mí. Obviamente, estaré contento si, gracias a estas historias, mis lectores podrán valorar la importancia de la naturaleza en la vida humana.

Leyendo su libro es imposible no pensar en autores como Esopo, Lafontaine o Perrault. ¿Cómo han influido estos autores en usted?

Como a todos los lectores de estos grandes clásicos. No hay una sola manera de explicar la influencia de los clásicos, los textos importantes viven en nosotros y son asimilados de maneras muy diferentes. No tengo una respuesta exhaustiva para su pregunta.

¿Qué leía de niño? ¿Cómo se aficionó a la lectura?

Yo no leía cuentos infantiles. A los seis años ya leía novelas serias, pero no porque fuera especialmente empollón, sino simplemente porque eran los libros que me encontraba por casa. Obviamente, me encantana también leer las revistas y las novelas juveniles cuando me las regalaban, pero la fuente más importante de mis lecturas era la biblioteca de los “mayores”

¿Por qué tiene miedo de la idea de que puedes estar haciendo una máquina que descifra el pensamiento de un animal?

Lo explico en el cuento: porque estoy convencido de que los animales dirían de nosotros cosas terribles, cosas mezquinas, que intentamos escondernos a nosotros mismos.

¿Qué deberíamos aprender de los animales?

Que cada uno haga su trabajo. El animal, aquel propio del anima y, nosotros, aquel propio de los hombres. Ciertamente, con respeto.

En el cajón en el que estaban guardadas estas fábulas, ¿Qué más oculta?

No estaban guardados como si fueran un secreto. Han sido historias de mi vida, guardadas en un armario al alcance de todos, que simplemente no veía necesario publicar. A pesar de la poca fama que he llegado a tener, no creo en absoluto que todos mis libros sean obras maestras. A lo mejor, para ser generoso conmigo mismo, no son más que cuatro o cinco los libros que, a lo largo de toda mi carrera, valga la pena haber escrito.

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