Cine

Liberan al espía de las estrellas

El controvertido investigador privado de Los Ángeles Anthony Pellicano, que trabajó para Michael Jackson y Sylvester Stallone, entre otros, queda en libertad después de pasar quince años en prisión

Anthony Pellicano, libre tras quince años en prisión
Anthony Pellicano, libre tras quince años en prisión

El controvertido investigador privado de Los ángeles Anthony Pellicano queda en libertad después de pasar quince años en prisión

Después de pasar quince años de su vida en una recóndita prisión federal de Los Ángeles, el ojo privado de las tripas de Hollywood acaricia el viento cálido y estimulante de la libertad. Pesadilla recurrente de las estrellas de cine, curioso por encima de sus posibilidades, testigo y colaborador involuntario de los fiscales, experto en trabajar el arte de la escucha, Anthony Pellicano ha tenido la suerte de cumplir años -75 para ser exactos- el mismo día en el que se despide de forma definitiva de los barrotes de hierro que venían cercenando su voluntad desde 2003.

Durante sus más de veinte años de carrera, figuraron en su cartera nombres tan sonados como los de Courtney Love, Michael Jackson, Elisabeth Taylor y Sylvester Stallone, quien sufrió de primera mano la intrusión telefónica de este detective de métodos poco ortodoxos que acostumbraba a conducir por la ciudad con un bate de béisbol en su maletero y que el "New York Times"contrató en 1979 para determinar si la voz que figuraba en una grabación que habían interceptado pertenecía o no al ex Sha de Irán.

Con el halo de la mafia planeando sobre su cabeza por posibles conexiones, la consecución de amenazas a periodistas y la posibilidad inconclusa de tener el cuerpo de un productor asesinado enterrado en el desierto, en 2002 su carrera como investigador empieza a tambalearse considerablemente y comienza a trufarse de una serie de episodios truculentos que desembocan de forma definitiva en la condena por más de setenta cargos entre los que se encontraban los de chantaje, fraude y escucha ilegal.

La verdad siempre resultó ser para el investigador un terreno ambiguo en el que se movía con cierta incomodidad tal y como apunta el episodio que recuerda Neville Johnson para el "New York Times", uno de los abogados que representó a los demandantes en varios casos contra Pellicano. Al parecer, mientras el fraudulento investigador se sentaba en la cafetería de la prisión con su uniforme de la cárcel, el reportero del tribunal le dio instrucciones de levantar la mano derecha y le preguntó si había jurado decir la verdad. La respuesta fue pronunciada sin titubeos: "No". Nada coherente se puede esperar de alguien que hablaba en tercera persona de sí misma durante los juicios. Sin duda, parece que las "celebrities"van a tener que cambiar de teléfono.