Lope en sus manuscritos

La Razón
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La presentación del códice Durán, en el facsímil preparado por Víctor García de la Concha y Abraham Madroñal, recupera para nuestra vida cultural una joya histórica-artística. Se trata de un cuaderno de trabajo en el que se acumulan materiales diversos, muchos de ellos inéditos o poco conocidos, y otros incorporados en los poemarios de la última época: las «Rimas de Tomé de Burguillos» (1634), o «La vega del Parnaso» (1637, edición póstuma).

Hay en él documentos tan interesantes como las palabras preliminares para lo que pudo ser una edición de sus canciones, musicadas por ilustres maestros de la época, o los argumentos de dos comedias, o una égloga que quedó inédita en vida del autor y que publicó, tres siglos más tarde, Manuel Machado, el gran poeta, descendiente del que fue propietario del códice, don Agustín Durán.

Frente a un genio como Shakesperare, del que apenas conservamos alguna firma, de Lope ha llegado a nosotros un amplio legado autógrafo: cuarenta y cuatro comedias (entre ellas, obras maestras como «La dama boba» o «El castigo sin venganza»); un generoso e indiscreto epistolario, que nos permite conocer increíbles pormenores de su vida íntima; y tres códices poéticos que ya están en las manos y ante los ojos de los investigadores: el «Códice Durán-Masaveu», el «Códice Daza» (disponible en la página web de la Biblioteca Nacional) y el «Códice Pidal», cuyo único testimonio localizado (las fotografías del original preparadas en los momentos anteriores a la Guerra Civil de 1936) se encuentra en la Universidad de Castilla-La Mancha.

Con los nuevos materiales, podremos editar con mayor precisión y rigor las obras del Fénix. Con ellos se abre la posibilidad de entrar en el apasionante taller del viejo poeta, extremadamente rico y variado, irónico, distante, culto y popular. Del códice Durán/Masaveu se puede decir lo que se decía en su tiempo de cualquier cosa excelente: «¡Es de Lope!».