Literatura

Memoria remota

«En mi recuerdo, el vaso está vacío», dice la autora en el extenso, titulado «¿Somos quienes quisimos ser?», un manifiesto existencial y poético, en el que, pertinentemente, se desmarca del camino trillado de los escritores de «versos» para apostar por el desarraigo y desamparo de quienes hacen «poesía», a partir de una memoria remota, impersonal. Tras la publicación, en 2002, de su obra completa, «En el viento, hacia el mar (1959-2002)», que le valió el Premio Nacional de Poesía, este es el tercer poemario que publica Julia Uceda (Sevilla, 1925), en la misma colección Vandalia, con una muy personal factura, a la vez aseverativa y etérea, minimalista y contundente, conjugando, sobre todo, intimismo e irracionalidad. Sorprende su voluntad de grafiti, en una suerte de recomienzo perpetuo, desde su experiencia de ya casi nonagenaria. En realidad, la espontaneidad es sólo aparente, en poemas que hablan estoica y lúdicamente, a la vez, de la soledad y el vacío, y que parecen surtir desde el escorzo de un único verso, como en una juguetería mironiana. La poeta se «des-inscribe» para tantear una memoria anterior a cualquier personificación. Se abriga apenas con un «chal de signos» y nos habla en un «idioma prenatal». No hay epitafio ni morosidad de inventario alguno, para quien asume de antemano que no hay tiempo por recobrar, y que, en realidad, «Solo la estopa queda. Lo demás, / un sueño».