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Valle-Inclán, bohemio, carlista, señorito y genial

El nieto del autor de «Divinas palabras» publica en Espasa «Ramón del Valle-Inclán. Genial, antiguo y moderno», la biografía más rigurosa y definitiva que desmitifica al escritor

El nieto del autor de «Divinas palabras» publica en Espasa «Ramón del Valle-Inclán. Genial, antiguo y moderno», la biografía más rigurosa y definitiva que desmitifica al escritor

Escribir la biografía de un persona siempre es complejo, pero si el protagonista responde al nombre de Valle-Inclán la dificultad se multiplica por diez. Pocos escritores han dejado tan en la penumbra sus propios pensamientos, sus gustos, deseos, filias, fobias y, por supuesto, la verdad de su vida íntima. No escribió memorias, su correspondencia resulta escasa, mentía constantemente sobre su infancia en las entrevistas y los testimonios de la gente que lo trató son incluso contradictorios. Este oscurantismo ha hecho que durante los últimos cien años mucha literatura se haya vertido sobre la figura del creador de los esperpentos. Y no han sido pocos quienes han intentado adentrarse en la compleja personalidad del autor de «Luces de bohemia». El último en intentarlo es Joaquín del Valle-Inclán, nieto del escritor del 98 y gran especialista en la figura de su abuelo, hasta el punto de querer corregir todas las falsedades que el mito Valle-Inclán ha ido engordando con el paso del tiempo.

Una de las ideas esenciales de «Ramon del Valle-Inclán. Genial, antiguo y moderno» (Espasa) es demostrar que el mito del bohemio pobre, repudiado por la gran sociedad, que malvivía con sus escritos es del todo falsa. Tuvo años difíciles, como todos, pero su vida fue, en general, acomodada: «Hasta el año 1926 mantuvo dos casas, una en Galicia y otra Madrid, incluso tenía servicio doméstico y sus libros estaban muy bien pagados. Por ejemplo, llega a Madrid en 1895, como funcionario, cobrando 2.000 pesetas anuales, lo que era una cantidad importante para la época», comenta Joaquín del Valle-Inclán.

- No era de izquierdas

Otra de las ideas clave que intenta desmontar la biografía es que el escritor era de izquierdas. En realidad, era más bien lo contrario, un convencido carlista hasta el final de sus días. «Tenía la idea de que los pueblos son como los niños, que necesitan un tutor. Él se definía como absolutista». La única duda que queda es por qué, entonces, apoyó a la República, ocupando diferentes cargos: «No se sabe si lo hizo de corazón o por conveniencia. Azaña ya decía que quién sabe lo que piensa Valle de nada o nadie, y aseguraba haberlo escuchado defender temas con el mismo apasionamiento desde un bando y desde el otro», señala el biógrafo, que inició su efusiva documentación en 1984, y convirtió la Hemeroteca Municipal de Madrid –«sin duda una de las tres más importantes de Europa»– en su segunda casa.

La pregunta entonces es ¿por qué era tan celoso de su intimidad y sus verdaderos pensamientos?. «Benavente opinaba que en el fondo era un tímido. Siempre mintió sobre su infancia, incluso sobre sus aspiraciones. Decía que había llegado a la escritura por casualidad, que no quería ser escritor, pero eso contradice lo que sabemos de su vida», señala el biógrafo. Lo que sí se conoce es que era una persona de temperamento convulso y sensible a cualquier leve roce. «Su hijo Carlos comentaba que su padre era un genio vivo, y que como una tormenta de verano sus enojos se pasaban enseguida. Olvidaba muy pronto sus afrentas. Estaba educado en los valores antiguos, de la España del duelo y el honor», comenta Joaquín del Valle-Inclán.

Uno de los episodios más inundados de mito y fantasía fue la pérdida de su brazo, cuya realidad es que no tiene nada de romántico y excepcional, sólo una tonta pelea de café que acabó de la peor manera posible. «En el café de la Montaña en Madrid discute con Manuel Bueno, al que llama botarate. Éste le ataca con un bastón y Valle-Inclán, para protegerse, alza su brazo izquierdo. En un principio no se le dio ninguna importancia a la fractura, ya que de donde sangraba era de la cabeza. Lo que ocurrió es que el hueso descorrió la piel y esto acabó en infección, y la amputación fue inevitable. Viajó hasta Barcelona para una segunda opinión y eso fue todo. No hay nada de honorable. Eso sí, Valle y Bueno siguieron siendo amigos después del incidente», comenta el autor.

Valle- Inclán, como buen duelista y firme defensor del honor, mantuvo diferentes revueltas. En España todo el mundo se batía en duelo. «Blasco Ibáñez era casi un duelista profesional, y con pistola, no con sable o florete. Los militares y los periodistas eran grandes duelistas En los diarios había artículos sin firma para que quien se sintiese insultado tuviese que enfrentarse al duelista profesional. Primo de Rivera también era un duelista terrible», comenta.

- La bohemia pobre

Otro de los múltiples mitos que giran alrededor de la figura del creador del esperpento es la inspiración detrás de sus obras: que si el Marqués de Bradomín era él o si el Max Estrella, de «Luces de Bohemia» era una transmutación de Alejandro Sawa. «Existen elementos de Sawa, pero también de muchos otros. El poeta murió en 1909, y esto le impresionó bastante. Incluso le escribe a Rubén Darío para anunciarle su muerte y donde homenajea a “todos los bohemios pobres de España”. Ahora se sabe que Sawa tampoco era tan pobre. Lo cierto es que Valle-Inclán nunca fue autobiográfico, no hay rastros evidentes de su vida en sus obras».

La biografía, que nace con el firme propósito de convertirse en un texto definitivo, no deja detalle de su vida y obra sin investigar, siempre bien apoyada en los documentos existentes. Estructurada de manera cronológica construye un viaje al corazón de un escritor inmortal. A partir de allí, que cada uno extraiga sus propias conclusiones :«Ha habido tanta literatura e invención detrás de la figura de mi abuelo que lo que yo he intentado es aclarar todo lo que puede aclararse y lo que no se puede, no tener vergüenza en decir que no se puede saber. No hay interpretaciones, ni psicologismos, ni invenciones, especulaciones o tonterías», señala Joaquín del Valle-Inclán.

Lo que cobraba por sus libros que, en realidad, podía ser una cifra más que reseñable, es otra de las medias verdades que gravitan sobre su figura. «Está claro que no era Blasco Ibáñez, que incluso se fue a Hollywood vendiendo los derechos de sus libros, pero sí que, al ser el propio editor de sus obras, cobraba mucho más que otros por sus escritos. Él obtenía más beneficios por libro», afirma el biógrafo. Aunque esta libertad a la hora de publicar, como editor de sus propios libros, le planteaba un problema, que nunca tuvo un apoyo de una editorial para buscarle traducciones o derechos en el extranjero. «Si no tienes quien te defienda en el extranjero, nadie te presta atención. Este problema se extiende hasta hoy día, en el que es relativamente poco conocido, exceptuando círculos académicos anglosajones», comenta Del Valle-Inclán.

El problema es tal que incluso en México, Chile, Venezuela, en la mayoría de Hispanoamérica no existen valleinclanistas. El rumor de que le dieron el Nobel a Jacinto Benavente para no lo rebiera él es totalmente infundado. «Si no hay traducciones, a nadie le dan el Nobel, y Valle era totalmente desconocido fuera de España, salvo alguna pequeña traducción en Francia y Suecia».

El escritor se dio cuenta tarde de que no había tenido una buena planificación editorial y de que los ingresos que recibía no iban más allá de la suma que le llegaba por la publicación. Esto hizo que tras su muerte, en 1936, su familia pasase algunos apuros. «Con su muerte, dejaron de llegar ingresos y la familia entró en una situación económica difícil, algo que no le pasó a Blasco Ibáñez o a los Baroja, por ejemplo», comenta su nieto.

Al menos ahora ya no se dice tanto que Valle-Inclán no escribía teatro para ser representado. «Siempre me ha hecho mucha gracia eso de que no se le puede representar. “La tempestad” de Shakespeare empieza con “tormenta en el mar, una nave naufraga”, lo que no me parece muy representable. Para Valle-Inclán, escribir teatro es un hecho artístico completo y las acotaciones forman parte de esta obra de arte. Aunque es cierto que él sabía que no iba a ser representado, ya que no tenía actores, no tenía empresarios y no tenía público, pero no escribía sólo para ser leído», explica.

Una familia unida y de pocas palabras

Joaquín del Valle-Inclán no conoció a su abuelo, pero sí que pudo hablar de él con su padre. «Sí, claro, a veces hablábamos de él, pero como lo hacíamos de política, economía o mil cosas. Mi padre nació en 1917 y como muchos niños de esa época creció en internados. No tuvo un contacto más directo con él hasta los años 1927 y 1933, pero lo que recordaba de aquellos años estaba muy deslucido. No sabía decir si lo que me contaba eran historias reales o no», señala Joaquín, que subraya que la figura de su abuelo lo ha perseguido desde la adolescencia, cuando descubrió la belleza de sus obras.

Un autor sin inéditos a la vista

Los herederos de Valle-Inclán perderán los derechos de las obras del escritor en 2016, cuando se cumplan 80 años de la muerte del autor de «Tirano Banderas». Lo que Joaquín del Valle-Inclán tiene claro es que, a pesar de que pueda descubrirse algún poema o escrito de juventud, no existe obra importante inédita todavía por hallar. «Vivía de lo que escribía, así que lo publicaba todo. Lo hacía por necesidad. Es imposible pensar que guardase nada en un cajón que aparezca ahora no sé dónde», comenta Joaquín del Valle-Inclán, gran defensor de las «Obras completas» editadas por Espasa, una magnífica forma de profundizar en el decadentista autor de las «Sonatas». «Para mí, una de sus obras cumbre, y tal vez mi preferida, es “Ruedo ibérico” que sorprendentemente desde su publicación sólo ha tenido cinco ediciones, algo para mí incomprensible», afirma el biógrafo.