Mingote, caballero de la Mancha

La Sociedad Cervantina acoge, desde hoy hasta el 14 de diciembre, la muestra 'Mingote Cervantino. El Quijote Ilustrado'
La Sociedad Cervantina acoge, desde hoy hasta el 14 de diciembre, la muestra 'Mingote Cervantino. El Quijote Ilustrado'

La Sociedad Cervantina acogerá desde este lunes hasta el 14 de diciembre la muestra 'Mingote Cervantino. El Quijote Ilustrado'

Cervantes tardó años en decidirse a escribir «El Quijote». Quería hacer una obra trascendente, que perdurara en el tiempo. Su entorno insistía en que ya estaba preparado, pero postergó el momento hasta que sintió que de su pluma saldría algo importante. Mingote tampoco se precipitó en corresponder con sus ilustraciones al genio. Analizó cada capítulo, estudió cada pasaje para captar la mordacidad e ironía con la que Cervantes retrató a la sociedad española del siglo XVI. Remató la tarea en 10 años, durante los que dibujó más de 600 ilustraciones. La magnífica edición de «El Quijote» de Martín de Riquer junto a las ilustraciones de Mingote vieron la luz en 2005 publicada en cuatro volúmenes por Planeta, una obra imprescindible del dibujante del que ahora se pueden ver sus originales gracias a la exposición organizada por la Sociedad Cervantina. «Son 52 dibujos en blanco y negro seleccionados con la ayuda de su viuda, Isabel Vigiola, que nos lo ha prestado con motivo de esta exposición», explica Celia Freijeiro, vicepresidenta de la Sociedad Cervantina. Separados por cuatro siglos de historia, los puntos en común entre ambos artistas son muchos, lo que explicaría el perfecto maridaje que tuvo su culmen en esta edición: «La obra de ambos tiene la misma característica principal: el humor. No conciben la creación sin cierta ironía. Asimismo, ambos retratan sus personajes según el registro al que pertenezcan: Sancho no habla igual que El Quijote, de la misma forma que Mingote adapta su estilo según dibuje una viñeta o un autorretrato», asegura Ana Folguera, comisaria de la exposición.

Un mano a mano

También Mingote supo leer las líneas maestras de la obra sin «ensuciar» la narración. «No se trata de una mera descripción de la trama; incluye su interpretación, pero ello no implica que no respete la obra de Cervantes, que va por delante. No lo pisa ni lo copia; el resultado constituye un mano a mano muy interesante. «Mingote Cervantino: El Quijote ilustrado», patrocinada por el área de Gobierno de las Artes, Deportes y Turismo del Ayuntamiento de Madrid, aspira, sin embargo, a ofrecer una visión mucho más ambiciosa de la figura de Mingote. Además de diversas ilustraciones en color de la edición infantil de «El Quijote», en la calle Atocha, sede de la Sociedad Cervantina, se pueden ver algunas pinceladas del resto de la obra de este fructífero artista, como sus pinturas, «una faceta desconocida que, no obstante, supuso uno de sus últimos trabajos», añade Freijeiro en referencia a un lienzo, un retrato del Quijote y Sancho Panza que demuestra además la obsesión que el dibujante tenía con esta obra maestra de la literatura universal.

La exposición, a cuya inauguración asistieron ayer el presidente de la Sociedad Cervantina, Luis María Anson, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y diversos miembros del Gobierno, reúne también algunos de sus primeros trabajos en «La Codorniz», «Don José» y «ABC», sus colaboraciones en los carteles de estrenos teatrales, su carné de miembro de la Real Academia Española, sus incursiones en el mundo de la publicidad, sus proyectos para Correos y Lotería Nacional, autorretratos y las primeras ediciones de sus libros, entre otros originales.

Un mosaico creativo en el que tampoco faltan referencias a la otra gran pasión de su vida, su esposa Isabel, entre las que se encuentra en la muestra una que dibujó precisamente al finalizar las ilustraciones de «El Quijote», un momento que el dibujante vivió con profunda emoción. En ella, se ve al hidalgo portando una margarita en la mano mientras Sancho, a su lado, sostiene una pancarta que reza: «Antonio ama a Isabel». Sin duda, el espíritu romántico de Don Quijote había contagiado a Mingote, que firmó con esta obra la más importante y popular iconografía de nuestra obra más universal.