Música

La lucha inteligente

La Razón
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Hablar de punk es hablar de vida no precisamente inteligente. Crecidos en familias desarraigadas, la mayoría de sus seguidores y aspirantes a músicos –si es que tenían ese anhelo– sólo buscaban unos cuantos dólares o peniques para comprar pegamento, pagar cervezas y comer una pestilente hamburguesa. No es lo que ocurría con The Clash. Por supuesto, es sabido que todos sus componentes crecieron en familias desestructuradas, pero se diferenciaron de casi todos los punks en una cosa esencial: la cabeza. The Clash tuvieron claros cuáles eran sus horizontes, con su punto de ambición. Querían trascender a su tiempo, conscientes de su talento. Para buena parte de los fundamentalistas punks, hacer discos «trabajados» era venderse. Pero The Clash –que firmaron por la todopoderosa CBS– nunca jugaron en esa liga, tan dictatorial como la autoridad que odiaba ese movimiento.

Al contrario, The Clash marcaron distancias por varias razones. Primero, por su amor por la música. Sus influencias iban desde el folk al reggae. Desde el soul al rockabilly. Desde el country al blues. Todos estos estilos se mezclaban y así salían decenas de obras maestras. En el final de los 70, el punk, puesto a odiar, detestaba a todos los pioneros de la música. «No future» era su lema más conocido. «No past», se podría decir también. Quien escuchaba a Eddie Cochran, Elvis o Neil Young era detestado. Y no digamos músicas más primitivas como el folk o el blues. Por ejemplo, el joven Elvis Costello tenía que llevar en las giras sus discos de country en una maleta bien cerrada para que no vieran que escuchaba esa música. The Clash no se escondieron, porque creían en su legitimidad para reivindicar formas tradicionales de música. Pero las elevaban a muchos kilómetros de distancia. Aunque también supieron tomar lo mejor del punk: su sentido de la urgencia, su furia, su revolución, sus riffs, sus gritos, su epifanía. «Estamos intentando hacer algo nuevo; queremos ser el mejor grupo del mundo, y al mismo tiempo intentamos ser radicales. Y con esto no quiero decir que no nos interese ser un grupo respetable. Tal vez ambos conceptos no puedan coexistir, pero lo intentaremos», dijo Strummer. Qué gran visión. Mientras, el grupo desarrolló una excepcional capacidad para combinar música urgente con textos rabiosos.

Pero en lo que no se diferenciaron respecto de cualquier banda fue en su final, tan triste. Drogas, alcohol, egos, incomunicación, depresiones, malas decisiones... Ése fue el final de una de las historias más hermosas jamás contadas en el rock and roll. Ahora queda volver a disfrutar con las ediciones remasterizadas, una excelente (aunque cara) excusa para volver a repasar las canciones de uno de los grupos más vitales de finales de los 70 y la década de los 80. Con el legendario «London Calling» a la cabeza, seguramente el mejor disco de aquella época y también uno de los más importantes de la historia de la música contemporánea. El tiempo acabaría por darles la razón a The Clash, un grupo que sobrevivió a todos los punks, comenzando por los propios Sex Pistols. Aunque para ello se cobrara la vida del gran Joe Strummer.