La maldición de la mariposa

La Scala inaugura temporada con la versión de «Madama Butterfly» de 1904, un auténtico fracaso para Puccini, que la cambió en varias ocasiones

Cio-Cio San, junto a su pequeño hijo, fruto de una noche de amor con el norteamericano Pinkerton
Cio-Cio San, junto a su pequeño hijo, fruto de una noche de amor con el norteamericano Pinkerton

La Scala inaugura temporada con la versión de «Madama Butterfly» de 1904, un auténtico fracaso para Puccini, que la cambió en varias ocasiones

Durante la Segunda Guerra Mundial no se permitía en Estados Unidos interpretar «Madama Butterfly». Cuarenta años después de su estreno mundial en Milán, en plena política anti japonesa, la obra de Giacomo Puccini socavaba la imagen de los americanos, retratados como malos e infieles, frente al amor idílico japonés. Un militar estadounidense destinado en el país asiático enamora a una joven nipona prometiéndole que va a volver. Embarazada de su hijo, la asiática verá llegar de nuevo su amado, acompañado por su esposa. En plena época colonial a caballo entre el siglo XIX y XX, esta ópera era el reflejo de la superioridad de un Occidente arrogante, frente un Oriente exótico y puro, destinado a perder sus tradiciones. Con la misma fragilidad de una mariposa, a las puertas de un mundo global. Hoy se estrena en La Scala de Milán la que es una de las tres obras cumbre puccinianas –junto con «La Bohème» (1896) y «Tosca» (1900)– el más digno heredero de Giuseppe Verdi.

El elenco está compuesto por el director Riccardo Chailly, los escenógrafos Alvis Hermanis y Leila Fteita. La soprano uruguaya María José Siri interpretará a Cio-Cio-San, alias «Madama Butterfly», mientras que el tenor estadounidense Bryan Hymel encarnará el teniente de la marina americana F. B. Pinkerton. El barítono español Carlos Álvarez (que por segunda vez consecutiva abre temporada en el coso milanés) será Sharpless, el cónsul de Estados Unidos en Nagasaki. Las precio de las entradas va de los 50 hasta los 2.000 euros, pero la obra podrá verse en cines repartidos por toda España y por internet a través de la cadena pública italiana Rai 1.

La versión original de 1904, la que volverá a representar La Scala, «da un fuerte peso a la dramaturgia de la propia obra», explica Riccardo Chailly, el director musical. Haciendo alusión a que no quiere imponer ninguna ortodoxia relativa a la obra pucciniana, considera ésta «una posibilidad privilegiada de escuchar de una forma diferente uno de los grandes autores operísticos italianos». Muchos dicen que el avance evolutivo de Puccini tiene lugar con «La Fanciulla del West», pero para el maestro Chailly «sin duda alguna, es “Madama Butterfly” la que marcará un definitivo antes y después en el lenguaje específico del autor», asegura.

- Extrema fragilidad

El escenógrafo letón Alvis Hermanis, quien ha sido partidario de generar una ambientación muy sugestiva a través de la excelencia artesanal, asegura: «No tengo un estilo definido, trato en cada obra de encontrar un estilo apropiado». Existe un fuerte vínculo personal entre el autor y la protagonista de la obra: «Puccini se identifica totalmente con Butterfly. Los seres humanos somos frágiles, sensibles y solitarios; por eso todos, en cierta manera, también somos ‘‘Madame Butterfly’’», añade haciendo alusión al interés por «retratar la cultura japonesa a través de su vestimenta tradicional y del “kabuki”», el conocido teatro nipón hoy patrimonio inmaterial de la humanidad de Unesco. Según el letón «‘‘Madama Butterfly’’ es el símbolo universal todas nuestras debilidades».

Tiene mucho que decir al respecto la soprano María José Siri quien, siete años de haber pasado por La Scala con la «Aida» de Verdi; tendrá el cometido de encarnar por primera vez la figura de la frágil mariposa nipona: «Es imposible no amar a Cio-Cio-San, la única que no había entendido de qué iba el juego».

Para Carlos Álvarez esta es la segunda vez consecutiva que inaugurará temporada en La Scala., algo que no es frecuente, aunque no habrá una tercera, pues otros compromisos lo impiden. «Este año, afortunadamente, la enfermedad me respeta», dice al poco de descolgar el teléfono. Se encuentra pletórico y feliz de poder encarnar a Sharples en la versión de 1904, «que es la original y que no tuvo éxito por temas extramusicales. La definitiva la escribió tres años después», comenta y destaca que Butterfly está prácticamente toda la ópera en el escenario. Explica que con esta versión se inauguró el teatro hace 102 años y no es habitual que suba a escena». Precisamente con este título debutó en Álvarez en Milán hace 20 años, «así que dentro de otros veinte tengo que volver a cantarla», comenta entre risas de un título cuya versión define como «más áspera y de total y plena actualidad».