«La viuda alegre» con micrófonos

De Lehár. Intérpretes: N. Millán, A. Torres, S. Luchetti, G. Balzaretti y I. Maruri, D. Rubiera. Dirección de escena: E. Sagi. Dirección musical: J. López. Ensemble de la Orquesta Sinfónica Verum. Teatros del Canal. Madrid. 22-XII-2015

La Razón
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Franz Lehár (Austria 1870-1948) compuso alrededor de veinte operetas que se encuentran entre las obras más populares del género. Entre todas ellas destaca «La viuda alegre», que ha sido favorita de grandes directores como Karajan, Gardiner, Ackermann, Von Matacic... También vehículo para el triunfo discográfico de sopranos de referencia encabezadas por Schwarzkopf, Lott, Studer, Moser, Harwood o Gueden y la lista de barítonos y tenores protagonistas –Prey, Wächter, Kunz, Gedda...– es también deslumbrante. En España no es título tan popular como en Centroeuropa y tiene su lógica. Aquí tenemos la zarzuela como género paralelo y, de otro lado, el idioma en este tipo de partituras con diálogos supone un obstáculo. Curiosa esta segunda razón, ya que muchos de los que estuvieron en la versión traducida al español en los Teatros del Canal pensaron que mejor no haberse enterado de la ñoñez del texto.

El caso es que los Teatros del Canal han traído la producción del Arriaga que transforma la opereta austríaca de amplia plantilla orquestal y divos líricos en un musical en castellano con doce músicos en el foso y actores-cantantes con micrófonos. Se nos sirve por tanto un musical, similar a los que se pueden contemplar en Broadway o el West End londinense en todos sus términos, con una producción vistosa en la que sobresale la coreografía y muy especialmente el número en Maxim’s. Emilio Sagi es regista cuyas características son sobradamente conocidas por todos. Una vez más, dentro de un planteamiento vistoso, inteligente y elaborado, existen guiños a veces un poco infantiles, como en la escena de los globos, o gays, como cuando no se sabe si los pretendientes aspiran realmente a la rica viuda o al Conde Danilo, acentuado este aspecto por la adaptación de Enrique Viana. No es nada fácil el ajuste de sonido entre cantantes con voz y actores sin ella, no acabando de existir un equilibrio y así, por ejemplo, el volumen del micro del Conde está demasiado elevado. El barítono Antonio Torres, que es cantante y se desenvuelve bien como actor a pesar de una vestimenta que no le favorece, presume demasiado de la buena voz que posee. Natalia Millán actúa y baila, pero el canto no acaba de ser lo suyo y uno echa de menos a artistas como San Basilio como viuda alegre. Guido Balzaretti, actor habituado a los musicales, queda un punto blando como Camille. El resto del reparto, con menos compromiso canoro, cumple bien con sus responsabilidades.

Los Teatros del Canal ofrecerán más de veinte funciones de este espectáculo musical con una brillantez digna de Nueva York o Londres. Una buena alternativa para pasar un rato agradable.