Este Vivaldi es un punk

Nigel Kennedy, el violinista que revolucionó la clásica hace 25 años, reedita su versión más famosa de las «Cuatro estaciones»

Son años ya los que la cresta de Nigle Kennedy –que ha visitado Madrid recientemente– lleva coronando su figura y no tiene ninguna pinta de cambiar. Es como él, tan innegociable como indomable. Si a finales de los ochenta chocaba ver a este punky como un virtuoso del violín, ahora, ya metidos en el siglo XXI de lleno, son las cuerdas del momento las que no se entenderían sin él. La bocanada de aire fresco, diferente, que resopló en su día con las «Cuatro estaciones» de Vivaldi vuelve a renacer con una nueva revisión en la que vuelve a aflorar esa eterna disputa que el de Britghton mantiene con el pasado y el ahora, lo moderno y lo clásico, la tradición y la vanguardia. Rompedor con su imagen y con las notas, pero «muy de toda la vida» en otros aspectos, como con su Aston Villa del alma, su equipo de siempre. Un conjunto al que reclama volver a los valores originales para remontar una temporada que no ha empezado todo lo bien que debería y de la que carga las culpas a un propietario americano, un entrenador francés y unos jugadores sin compromiso. Un compromiso que él siempre ha mostrado con sus ideales políticos y que ve «prácticamente igual que hace cuarenta años», con un capitalismo al que sólo augura la desaparición cuando no haya nadie al que explotar. Pero aquí lo importante es la melodía de Kennedy, concretamente la revisión de Vivaldi.

–Dice que estaría loco si interpretase las «Cuatros estaciones» igual que hace 25 años, pero bendita locura aquella, ¿no?

–En 1987, cuando empecé a grabar el «Four Seasons» estaba muy molesto con que amigos míos procedentes de ambientes más desfavorecidos eran pasaban completamente de la música clásica. Si hay un logro del que me siento orgulloso es de cambiarlo, de haber tenido la oportunidad de acercarla a un público más amplio. Fue una aventura emocionante en aquel momento, porque nadie tenía la esperanza de lograrlo. Ahora, mirando hacia atrás, fue ése el punto de inflexión que me permitió hacer con exactitud el tipo de música que quiero, y no ser un siervo de la

creación musical.–

¿Qué le pedía la partitura en esta reedición?

–Casi nada. Ya en su día mi punto de vista era más moderno de lo normal. Mi experiencia en el escenario de otros músicos con los que he trabajado y las audiencias que he hecho me han permitido desarrollar mis propios métodos de rendimiento e interpretaciones. El mensaje humano de la música después de todo es la principal razón de ser.

–Y ¿cómo se bailan las «Cuatro estaciones» de Nigel Kennedy en un bar? ¿Saco los viejos y pomposos trajes de antaño?

–Ve cogiendo la ropa.

–Beethoven, Mozart, Bach, Vivaldi... Pero también The Who, Jimi Hendrix, Jazz... ¿Qué nuevo muro busca saltar para darle ese toque personal?

–Lo que me gusta de la música es aprender de cada situación. De hecho, si pudiera predecir todo lo que va a pasar en mi futuro creo que ya no me gustaría tanto. Siempre espero que mañana nazca algún proyecto increíble. Mientras tanto, ahora estoy involucrado en un proyecto que une la magnífica música de Bach con otros grandes teclistas. Hay seis maravillosas sonatas de Bach en solitario y estoy emparejando a cada una con música más contemporánea. «La sonata en si menor» creo que encaja muy bien con la música del compositor polaco Krzysztof Komeda.

–Se le ha alabado por devolver la clásica al gran público, sin embargo, quitándole a usted no se ha vuelto a repetir que ésta resuene en las principales cadenas musicales. ¿Se necesitan más crestas, más acción?

–Creo que no hay escasez de músicos clásicos haciendo cosas divertidas, también con su pelo o la ropa, claro, aunque no sé yo si Vanessa Mae estaría mejor con una cresta de pelo o no...

–¿Cómo ve la salud de la música clásica del siglo XXI? ¿Sigue anclada en el pasado?

–Creo que, en lo que respecta a las discográficas, los músicos clásicos siempre estarán atrapados en el pasado debido a la escasez de ideas originales. Por eso el rebelarse en contra de la industria siempre está ahí, es algo que corresponde a sólo a ellos.