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Parque de atracciones: los madrileños se suman a la ola del vértigo

El complejo se inauguró un día de San Isidro de 1969 con el alcalde Arias Navarro como maestro de ceremonias.

  • Parque de atracciones: los madrileños se suman a la ola del vértigo

Tiempo de lectura 4 min.

18 de agosto de 2019. 03:52h

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Óscar Reyes.  18/8/2019

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Solo los más atrevidos pueden subirse a las líneas de este artículo, porque vamos a hablar sobre uno de los lugares más trepidantes de Madrid, no apto para cardiacos ni para quien sufra de vértigo. Se trata del Parque de Atracciones, inaugurado el 15 de mayo de 1969, en plenas fiestas patronales de San Isidro. Como celebración, los chulapos visitaron en masa su nuevo recinto, al que el acceso solo les costó ese día un duro. A ese precio, las expectativas se superaron con creces, tanto que hubo problemas de organización y aforo. Más de 50.000 personas, entre ellas el alcalde de Madrid Carlos Arias Navarro (encargado seis años después de anunciar a los españoles la muerte de Franco) acudieron al estreno del parque para disfrutar de unas vibrantes sensaciones que muy pocos habían experimentado hasta entonces.

Entre las primeras atracciones que se instalaron estaban, un carrusel de temática espacial, una noria, un laberinto de espejos, una pista de karts, una montaña rusa llamada los siete picos o las alfombras mágicas, un tobogán de gran altura por el que se descendía subido a una moqueta de esparto. Además, contaba con otro tipo de servicios como un parque infantil, una tómbola, merenderos, zonas de baile, varios kioscos o un auditorio que por un tiempo fue uno de los rincones de la capital capacitado para albergar más cantidad de público y a cuyo escenario se subieron las estrellas de la música nacional como Julio Iglesias, Raphael o Triana. En total, la inversión inicial en las infraestructuras fue cercana a los dos millones de euros.

Antes, no se habían reunido tantas posibilidades para el entretenimiento en un mismo espacio. En los 70 se consolidó el éxito del parque de atracciones de Madrid (y el de Barcelona), que también empezó a atraer al sector turístico que explotaba en nuestro país, y se comenzó a apostar fuerte por las grandes superficies destinadas al ocio como los centros comerciales, los grandes casinos o los enormes recreativos. Además, más tarde el modelo del complejo se repitió en la comunidad con el Aquopolis de Villanueva de la Cañada, inaugurado en 1987 y con el Parque Warner, que abrió sus puertas en 2002.

Con tanta competencia, el parque de atracciones de la capital ha tenido que perfeccionar su oferta, sumándole más vértigo y comodidades para los visitantes. Así, en 2006 se sustituyó los siete picos por una de las montañas rusas más modernas y que lucha con el Dragon Khan de PortAventura por ser la más trepidante de España. Su nombre no invita a subirse a ella, el Abismo, y menos aún si se sabe que alcanza los 100 kilómetros por hora y una altura de 49 metros. Sin embargo, se ha convertido en el icono del parque en el siglo XXI. Por otra parte, se amplió el número de atracciones de agua al cambiar, por ejemplo, la montaña rusa Jetstar por los fiordos en 1998 o al instalar el Aserradero.

No obstante, el parque no ha combatido con certeza a la nueva competencia, y no se ha adaptado del todo bien al público joven. De ahí sus malos resultados financieros en los últimos años, que se encuentran en la plataforma InsightView. En 2009 superaba los 65 millones de euros en ventas, y en 2018 registró menos de 34,5 millones. El año pasado, sus pérdidas antes de pagar impuestos fueron de más de 110 millones de euros y aumentó gravemente su deuda a corto plazo desde los 179,5 millones a los 773,3 millones. El parque de atracciones sigue sobreviviendo después de 50 años, pero si sigue este rumbo, ¿cuánto tiempo le queda?

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