Primavera Sound, ver para creer

Miley Cyrus decepciona en la gran noche de las divas

Miley Cyrus convierte el Primavera Sound en una discoteca al aire libre
Miley Cyrus convierte el Primavera Sound en una discoteca al aire libre

Miley Cyrus decepciona en la gran noche de las divas.

Había una gran expectación: Miley Cyrus sobre el sacrosanto escenario del Primavera Sound. En horario estelar. Donde habían pasado antes que ella Patti Smith, Jane Birkin o Bjork. Bueno, pues en la partida sobre si la ex Hannah Montana iba a estar a la altura se jugaba algo de prestigio del festival. ¿Fue un descalabro? Pues puede que nos apeteciera decir que sí, pero no lo fue. ¿Resultó algo glorioso? No, el discurso de la estadounidense está muy lejos de eso. Como también, lamentablemente, de la historia del festival. Pero había que verlo para opinar.

Hay que reconocerle méritos a Cyrus, en justicia. A ratos es Madonna y a ratos es Dolly Parton. Tiene algo de Anastacia y también de Britney Spears. ¿Habrían asistido alguna de ellas al festival hace años? Creo que no hace falta escribir que no. A Cyrus le sobra actitud pero le falta discurso. Es un león en escena pero no pasa de simpática ni siquiera con su acento del medio oeste. Eso sí, el papel de diva está en su ADN.

Anoche estrenaba canciones casi en primicia y fueron como caramelos. Serán un éxito porque están manufacturadas para ello. Ritmos gordos de hip hop, cañonazos para bailar. Y es que es muy divertido ver “Party in the USA”, seguida de “Jolene” y después agarrarse al asiento de “Wrecking Ball’. No hay discoteca sin ella.

Salió con ganas de fiesta y durante un tercio de su concierto pareció que iba a por todas. Casi soñamos que tenía un as en la manga, que se había retirado a leer unos libros y estaba reencarnada en una mujer profunda: se está construyendo a sí misma. Quizá algún día. Pero cuesta creérsela ahora mismo.

Y eso que Cyrus en escena es un huracán. Casi como surgida de la secuela de “Mad Max” emergió de la cúpula del trueno y se subió a los altavoces... Y poco más. Pero para puesta en escena metan su dinero en Janelle Monáe, afroamericana del sur de EEUU que hizo un flaco favor a su paisana. Su recital fue antológico como lo es su álbum “Dirty Computer”, un verdadero discazo que sí contiene un discurso musical, estético y lírico. Monáe, además, declaró su “odio” a Trump y se cambió tantas veces de ropa como pudo.

Antes, Carly Rae Jepsen acunó a las masas en otro concierto insustancial pero “entretenido” y todas las esperanzas de la noche quedaban en el tejado de Kate Tempest. Lo bueno, o lo destacable es que hasta aquí hemos llegado sin mencionar a un varón, y es que ni Suede ni Tame Impala ofrecieron nada refrescante, sino las viejas versiones de sí mismos.