Messi se va del Barcelona

Comunica al club que se quiere ir, y gratis, en un burofax... Pero desde el club aseguran que la cláusula para marcharse de forma unilateral acabó el 10 de junio

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Las historias de amor intensas que terminan mal suelen tener rupturas dramáticas y dolorosas, y la de Leo Messi con el Barcelona está justo en ese punto: el futbolista ha comunicado a través de un burofax al club al que llegó cuando tenía 13 años y en el que ha desarrollado toda su carrera que quiere marcharse ya, y que, además, quiere hacerlo gratis. Apela a una cláusula que tenía en su contrato (la número 24, según desveló TyC Sport) a través de la cual él era el dueño de su futuro y podía decir en junio si seguía o no, por mucho que su contrato le uniera con la entidad barcelonista hasta 2021. Entiende Messi que con las circunstancias extraordinarias de este curso que acaba de terminar con meses de retraso por culpa del coronavirus, la opción de irse por decisión propia sigue vigente, pero piensan en el Barça que si en junio, concretamente tenía de límite hasta el 10, no lo dijo su oportunidad ya pasó y ahora para irse apelan a su cláusula de rescisión de 700 millones, una cantidad inasumible para nadie en este momento.

El «divorcio», por tanto, puede acabar en el juzgado, pero el caso es que el jugador ha dado un paso importantísimo para salir. Del «me veo más fuera que dentro» de la semana pasada ha pasado a poner las cartas sobre la mesa y admitir que su intención es la de marcharse. La derrota contra el Bayern Múnich por 2-8 en los cuartos de final de la Champions de Lisboa ha sido la gota que ha colmado el vaso, la gran frustración que se une a las de Roma y Liverpool los dos años anteriores en la misma competición, una tortura en las últimas cinco temporadas. Eso se ha unido a la relación tensa con el presidente en los últimos tiempos, con enfrentamientos públicos por la bajada de sueldo en el confinamiento, por la marcha de Valverde en enero...

Sería triste que el último partido del «10» con la camiseta azulgrana fuera un 2-8 sin público, pero así es el amor en ocasiones. Messi es el futbolista más importante en la historia del equipo del Camp Nou, donde llegó siendo un niño y se convirtió en un hombre y en el futbolista que ha ganado cinco Balones de Oro. Para muchos, por la regularidad mostrada, es el mejor futbolista de la historia. Año tras año iba batiendo registros: ha ganado 34 títulos como barcelonista, incluidas cuatro Champions y diez ligas, competición en la que ha batido el récord histórico de goles, dejándolo en 444. Esta temporada, que la cierra en blanco en cuanto a trofeos colectivos, ha sumado su séptimo Pichichi, rompiendo el empate que tenía con el mítico Zarra. Messi ha marcado 634 goles con el Barcelona en 731 partidos, poniendo al equipo azulgrana en otra dimensión. Ha levantado también seis Balones de Oro. Se podría seguir escribiendo sobre sus registros, pero el espacio se quedaría seguramente corto.

Su órdago al club pone en un serio aprieto al presidente Josep Maria Bartomeu, que parecía haber logrado contener el golpe de la estrepitosa derrota contra el Bayern que le colocó en el disparadero. La contratación de Koeman para el banquillo y la promesa de una renovación, de un cambio de ciclo, le quitó del foco. El nuevo entrenador se había convertido en la imagen del club los últimos días, con sus reuniones individuales con los futbolistas veteranos para comunicar sus intenciones. El nuevo proyecto iba a girar alrededor de Messi, intocable, pero la última noticia hace que más que de un nuevo ciclo se hable del fin de una era. La marcha de Luis Suárez, cuya conversación con el nuevo técnico apenas duró un minuto («No cuento contigo», vino a decir uno. «Vale, no quiero ser un problema para el club, adiós», vino a responder el otro) ha sido un aliciente más para que el «10» dé este importante paso. El uruguayo ha sido uno de los grandes socios de Leo en el césped y es su mejor amigo fuera de él. Siempre estaban juntos, incluso son vecinos, y juntos pueden marcharse. Ha sido tan fea la manera de echar al tercer máximo goleador de la historia de la entidad azulgrana como la de Messi de apretar para irse tras tantos años y tras nueve renovaciones de contrato. Es el futbolista mejor pagado del mundo.

Ha sido la puntilla lo de Suárez. Bartomeu no quería ser recordado como el presidente que echó a Messi del conjunto azulgrana, pero cada vez está más cerca de serlo, aunque ayer hubo una reunión de urgencia de la Junta para tratar de enderezar la situación. La respuesta fue decir a Leo que quieren que continúe y que se retire en el Barcelona. Por mucho que la salida de la gran estrella pudiera ser un alivio para las arcas del club, que necesitan una rebaja importante en su masa salarial por la crisis que ha provocado el coronavirus. Es el mejor pagado de la plantilla, con mucha diferencia sobre el resto, y ya tiene 33 años. Pero eso a los aficionados les suena a chino. Puede más el recuerdo de tantas y tantas tardes de satisfacción que les ha dado el jugador.

La decisión de Leo parece firme y según informa «Onda Cero» la intención del atacante argentino es no acudir el próximo domingo a las pruebas de coronavirus que hará el Barcelona, previas a la vuelta a los entrenamientos el lunes para preparar el próximo curso. Leo quiere ser ya historia del Barcelona mientras otras leyendas azulgranas le muestran su ánimo. «Respeto y admiración, Leo. Todo mi apoyo, amigo», escribió Puyol en Twitter. Bartomeu se libró de convocar elecciones tras el 2-8 del Bayern, pero el terremoto que va a provocar Messi va a ser todavía mayor. Koeman empieza del revés su aventura en el banquillo.