Doctor Nole y «Mr Djokovic»

Ha arrasado en las pistas en 2020, donde nadie le ha superado, pero también ha tenido un verano movido con el Adria Tour y el pelotazo a la juez de línea que le costó la expulsión del US Open

Un día después del incidente, más en frío, más calmado, Novak Djokovic pidió perdón en sus redes sociales por haber dado un pelotazo, sin querer, por supuesto, en la garganta de una juez de línea, lo que le costó la descalificación del US Open. El serbio, un jugador muy «espiritual», se dejó llevar por sus demonios internos y esta vez lo pagó. Es un tenista impetuoso que grita y se enfada, aunque precisamente saber controlar eso es lo que le ha hecho crecer y crecer hasta ser el número uno. De tenis siempre fue sobrado, desde joven; de mentalidad no tanto y cuando todo eso se equilibró «nació» la roca que es ahora el serbio. Pero a veces le sale ese temperamento, aunque casi siempre logra calmarlo. Ya en este US Open, cuando le fue sólo regular (tampoco es un desastre que te hagan un break cuando tienes el partido encaminado) en la segunda ronda gritó en italiano y gesticuló. Ya ante Carreño, cuando le remontó las tres pelotas de ruptura y de set con 5-4, Nole estampó la pelota contra una valla, que podía haber sido una persona, como le sucedió más tarde. No es la primera vez que pasa algo así, pero al ser el número uno, en un Grand Slam... La trascendencia se multiplica. «He estado en esa situación, así que sé cómo se siente», dice el joven canadiense Denis Shapovalov, que en un partido de la Copa Davis de 2017 vivió algo similar: se estaba enfrentando al británico Edmund, tiró un revés fuera, se enfadó, lanzó una bola al aire y fue directa al juez de silla, al que puso un ojo morado. También lo descalificaron, claro. «Esperemos que Novak pueda superarlo y seguir hacia delante. Por supuesto, tiene que crecer y aprender de esto. Pero fue mucha, mucha mala suerte. La bola podía haber dado en cualquier parte», añade el zurdo. Que lo que se castigue sea la puntería sería otro debate, pero sobre la expulsión de Djokovic, aunque todo el mundo entiende que la acción fue sin querer, no hay duda con la ley en la mano.

Se corta así para el serbio una racha espectacular en un 2020 en el que ha mostrado sus dos caras. Ha arrasado en las pistas, pero también ha sido noticia por motivos extradeportivos. Nole llegaba al duelo contra Carreño con una balance de 26 victorias y ninguna derrota. Ni antes ni después del parón y del confinamiento por el coronavirus pudieron con él. Siete de esos triunfos fueron además contra «top 10» y contra los tenistas más destacados del momento: a Nadal lo superó una vez (en la Copa ATP), a Federer otra (semifinales del Abierto de Australia), lo mismo que a Thiem (final del Abierto de Australia), a Tsitsipas (final de Dubái) y a Medvedev (Copa ATP). Además de dos veces al francés Gael Monfils. Había conquistado todos los torneos que había disputado, en equipo o en individual, pero su incidente con la juez de línea le ha mandado para casa y algo tocado anímicamente para la gira de tierra, en la que Nadal vuelve a la acción. El reencuentro de ambos será en Roma, a partir del lunes, previo a la disputa de Roland Garros la semana siguiente. Djokovic ha desaprovechado la oportunidad de prácticamente asegurar el número uno del mundo hasta final de año, lo que hubiera sucedido si ganaba en Nueva York. Pero de todas formas lo tiene bien encaminado. En quince días superará las 286 semanas de Pete Sampras en la cima y su próximo objetivo son las 310 de Federer, el récord, que también va a caer.

Pero junto a esos números, ha soportado un 2020 de polémicas. Justo después de la época más dura del coronavirus organizó el Adria Tour, una exhibición para recaudar dinero en la que no se tomaron las medidas necesarias, con fiesta incluida de celebración sin camisetas en una discoteca, que acabó como el Rosario de la Aurora: nueve infectados de Covid-19, entre ellos él mismo, su mujer y su entrenador, Goran Ivanisevic, que lo superaron casi sin síntomas; o Dimitrov, que recientemente ha confesado que lo pasó fatal. Antes de eso ya estuvo en el centro de la diana por su declaración anti vacunas que después ha querido matizar y recientemente ha roto con la ATP para formar junto con muchos otros jugadores un sindicato alternativo, lo que no gustó demasiado a Federer y Nadal, de los que se ha distanciado. Lleva un verano movido.

Sus padres, intentando defenderlo, dijeron que lo que sucede en realidad es que le tienen envidia, lo que tampoco ayuda a la imagen del número uno.