Amarcord

La primera representación del “Ballet Rojo” y la nostalgia de Putin

La selección de hockey sobre hielo, símbolo del deporte soviético, ganó la Copa del Mundo en su estreno en la competición

La URSS se proclamó campeona del mundo sobre hockey hielo ante Canadá el 7 de marzo de 1954
La URSS se proclamó campeona del mundo sobre hockey hielo ante Canadá el 7 de marzo de 1954larazonfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@2100e1d8

Un gran imperio se construye a partir una primera piedra y los casi cuatro decenios de hegemonía deportiva de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas no iban a ser una excepción. Por su evidente remedo de las guerras de la Antigüedad y de las justas medievales, cuando la suerte y el honor de la nación descansaba sobre un reducido grupo de hombres, las disciplinas de equipo son las que más seducen a los regímenes que pretenden hacer bandera del triunfo de sus atletas. Así, la dictadura comunista dedicó ingentes recursos a su ejército desarmado, selecciones vestidas de rojo que pregonaban en las canchas la supremacía del socialismo real sobre el declinante Occidente.

Aunque la URSS había ganado algunos títulos internacionales de voleibol en la inmediata posguerra mundial, el balonvolea era entonces un deporte con una implantación muy limitada, casi circunscrita al Este de Europa: en el primer Mundial, celebrado en Checoslovaquia, participaron seis selecciones del futuro Pacto de Varsovia más Francia, Holanda, Bélgica e Italia… que ocuparon las cuatro últimas plazas. Hasta la victoria de Estados Unidos en 1986, en vísperas de la caída del Muro de Berlín, ningún país occidental quebró la hegemonía del bloque prosoviético. Esos primeros entorchados ganados por los soviéticos tenían nula repercusión internacional, o sea, propagandística. El hockey sobre hielo, una disciplina principalísima en Norteamérica y Escandinavia –dos de las guaridas del ogro capitalista–, sí era un fruto apetecible.

El Campeonato Mundial de hockey sobre hielo, instaurado en 1920, nunca contó con la participación de los profesionales de Canadá y Estados Unidos, agrupados desde 1917 en la NHL, a pesar de lo cual las dos naciones norteamericanas acapararon todos los títulos hasta 1939. La diferencia era tan grande, que les bastaba con acudir con jugadores amateurs para barrer a todos sus rivales. Al concluir la II Guerra Mundial, sin embargo, algo cambió: en 1947, Checoslovaquia le ganó la final a Suecia, los canadienses recuperaron su cetro al año siguiente, pero los checoslovacos se vengaron en 1949. Estados Unidos, por su parte, naufragada edición tras edición debido al bajo nivel de sus universitarios, a quienes los europeos superaban con facilidad.

En Estocolmo 1954, Suecia buscaba reeditar el triunfo logrado un año antes en Zúrich. Ocho selecciones se medían en un sistema de liguilla con la sangrante ausencia de Estados Unidos, que había descendido a la segunda categoría, y la novedad de una Unión Soviética donde el hockey sobre hielo se había empezado a practicar sólo un lustro antes. El germen de la selección fue un grupo de futbolistas «renegados» que se apasionaron por este deporte durante una gira por Gran Bretaña, cuando presenciaron dos partidos exhibición de la NHL. Vsevolod Bobrov, delantero del CSKA de Moscú, cambió las botas de tacos por el stick y se convirtió en el alma de un equipo sorprendente.

Los soviéticos arrasaron en Estocolmo. Golearon sin piedad a Noruega, Finlandia, Suiza y Alemania. Tuvieron alguna dificultad en batir a los maestros checoslovacos y empataron contra Suecia (1-1) en la penúltima jornada, lo que los obligaba a vencer en el partido por el título a Canadá, al copo de victorias y a la que bastaba con no perder para proclamarse campeona. Sin embargo, los aficionados del East York Lyndhursts, el club que representaba a su país, se vieron arrollados por una máquina imparable que los humilló por 7-2 y que inició una hegemonía tiránica.

En las veinticinco ediciones siguientes, hasta la implosión de la URSS, este «Ballet rojo» jamás se quedó fuera del podio del mundial. A partir de 1992, con la admisión de los profesionales de la NHL en los Juegos, la Rusia independiente gana menos y sólo se ha colgado un oro olímpico.