Ciclismo

Froome sentencia el Tour

Tremenda exhibición del keniano, que gana la cronoescalada de Megeve por delante de Dumoulin y pone más tiempo de por medio con los rivales, que ya sólo piensan en el podio.

El ciclista británico Christopher Froome del Sky llega al final de la carrera de la decimoctava etapa
El ciclista británico Christopher Froome del Sky llega al final de la carrera de la decimoctava etapa

Tremenda exhibición del keniano, que gana la cronoescalada de Megeve por delante de Dumoulin y pone más tiempo de por medio con los rivales, que ya sólo piensan en el podio.

De los dos anteriores Tours ganados por Froome se ofrecía una lectura. Un hachazo tremendo en la primera jornada de montaña y después, gracias a los mejores escaladores del mundo convertidos en gregarios ultrasónicos, bloquear la carrera para caminar tranquilos hasta París. Es la táctica odiada por todos, que en realidad es el disfraz que cubre la envidia. No trabajan la base, les dicen, lo tienen todo calculado, les achacan. No buscan nuevos y jóvenes ganadores, los ponen a todos a trabajar eliminándoles de cuajo cualquier pequeña ambición que puedan tener, les critican.

De este Tour, los «haters» se apresuraron pronto a decir que Froome era el más fuerte, sí, que era el líder, claro, pero que las diferencias las había hecho cuesta abajo, en el descenso del Peyresourde y en el llano, con la jornada de los abanicos. Le recriminaban que subiendo, bueno, que subiendo en realidad no estaba siendo tan fuerte. A ver si iba a ser un síntoma de debilidad y el africano estaba peor que otros años y ahora, que llegaba la tercera semana, era el momento para probarle, para hundirle.

Y llegó la cronoescalada y nada de eso sucedió, pues Froome, un alien disfrazado de amarillo, de piel blanca y nuca tostada por el sol como si de un inglés en Mallorca se tratara, sigue siendo Froome, el ciclista más cercano a la perfección. Bajando saca tiempo, en el llano distancia a sus rivales y subiendo, en una agónica lucha individual cuesta arriba, sentencia ya casi de muerte el Tour que el domingo, si no le pasa nada, pues el resto ya nada puede hacer, será suyo. Se lo merece.

Y la enésima demostración fue ayer, sobre los 17 kilómetros de cronoescalada donde salta Froome y va comiéndose el Tour. Por la Cote de Domancy, la misma que en 1980 hizo campeón del Mundo a Hinault y le dio la medalla de bronce a Juan Fernández, Froome no se altera. Pasa por el primer punto intermedio, en la cima perdiendo 25 segundos con un Porte desbocado. «Yo he preferido regular en la primera parte». Acierto. En apenas 13 kilómetros, Froome le mete más de un minuto a Mollema. Valverde aguanta el tipo, Porte se desinfla y Nairo se hunde. Ya no hay forma de enmascararlo. Ni siquiera él mismo lo oculta. «Me está pasando algo. No esperaba estar así y no es fatiga lo que siento. El cuerpo no me responde. Puede ser algún tipo de alergia que haya por el sector y me ha afectado», admite Nairo.

En la cima de Megeve, el líder del Movistar salva los muebles. 1’10’’ perdidos con Froome, que ya de paso, machaca a Dumoulin y gana la etapa. Mete 33’’ a Porte, 1’25’’ a Mollema y 1’23’’ a Yates. Entre estos dos últimos reside la gran emoción de aquí a París. Luchan por el segundo puesto. El primero ya está cogido.