Elisa Aguilar: «Hay días que digo, ¡dónde me he metido!»

Elisa Aguilar. Ex jugadora de baloncesto y participante en la Titan Desert. Desde hoy compite en la carrera de bicicleta de montaña más dura del mundo

«Yo no había hecho nada de ciclismo serio en mi vida hasta hace cuatro meses»
«Yo no había hecho nada de ciclismo serio en mi vida hasta hace cuatro meses»

Marruecos acoge desde hoy la décima edición de la Titan Desert, la carrera de bicicleta de montaña más dura del mundo. Entre los más de 600 participantes de 21 nacionalidades que atravesarán el desierto y subirán puertos por encima de 2.400 metros estará Elisa Aguilar (15-9-1976, Madrid). La ex jugadora de la Selección (222 veces internacional), embajadora de la Federación y de su proyecto «Universo Mujer» y columnista en La RAZÓN competirá con el equipo de la Fundación Summae Dream.

–¿Por qué se embarca en una aventura como la Titan?

–Es algo que me pregunto muchas veces. Cuando Samuel Trives, un ex jugador de balonmano y que ahora lleva la Fundación Summae Dream, me comenta qué me parece enfrentarme al reto de la Titan, yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando. Yo la bici la cogía, como la mayoría de la gente, para darme una vuelta los domingos o los sábados, pero cuando me habla de Summae Dream, que es una Fundación que ayuda a la gente que sufre demencia, que tiene problemas mentales y veo que se trata de una buena causa y sirve para ayudar, no tengo dudas. Si no me llega a decir eso no me lo hubiera planteado en mi vida. La Titan es una experiencia única y mi participación tiene un trasfondo social que me hace que diga que sí. Pero sí, hay días que digo, ¡dónde me he metido!

–¿Lo de ser del Atlético, le ayudará a sobrellevar mejor el sufrimiento?

–Lo de sufrir lo llevo en el ADN. Quizá los deportistas tengamos un umbral del dolor superior al resto y eso ayude. He pasado por momentos complicados en mi carrera y mi objetivo es terminar, sea la 550 o sea la última. Eso da igual. Cuando me habló Samuel de la prueba no me engañó, me contó lo que hay. Y cuando me menciona el proyecto de Summae Dream sé que es algo que tengo que hacer ahora o nunca. Es una Fundación que quiere darse a conocer para que la gente aporte lo que pueda, para lograr fondos que ayuden a quien lo necesita, para tener una mejor calidad de vida. Sé que lo voy a pasar mal, eso seguro porque es una prueba extrema. Sé que voy a sufrir, pero tampoco se trata de hacerlo porque sí. Si veo que llega un momento que no puedo, me bajo de la bici y no pasa nada.

–¿Qué es lo que más respeto la da?

–Todo. El desierto, los seis días, las dunas, el calor... el problema de las llagas en el culete o en los pies, que es un factor de abandono bastante alto... ¡Todo! Me han dicho que el primer día puede ser el peor por los desniveles... veremos.

–¿Y cómo se ha entrenado para soportar todo eso?

–No había hecho nada de ciclismo serio en mi vida hasta hace cuatro meses. Como vivo entre Madrid y Valencia empiezo a entrenar con Sergio «el Roitx», del equipo Godella triatlon. Él se convierte en mi entrenador porque, como me dijo al principio, una cosa es montar en bici y otra saber montar. Luego recibo la ayuda de la gente de B3Bike, que ponen todo a mi disposición y, poco a poco, empiezo a ver algo de luz. Aparte de la preparación física, hay que controlar también algo de mecánica y yo para eso soy una negada. Espero que si alguien ve que tengo problemas en medio del desierto, me ayuden, pero confío en no pinchar.

–¿Quienes forman el equipo?

–Somos cuatro: Samuel Trives (ex jugador de balonmano), Roberto Solozábal (ex jugador del Atlético), María Pujol (triatleta profesional) y yo. Samuel y María ya saben lo que es la Titan y Roberto ha hecho algún «ironman». En el equipo todos saben dónde se meten menos yo, que soy la novata.

–¿Qué le han contado los expertos?

–No demasiado, no he querido saber mucho. Sé que hay entre 20 y 25 abandonos por etapa, pero prefiero no pensar en eso. Que tardaré seis o siete horas... He preferido no preguntar mucho.

–Hay una etapa en la que está prohibido el trabajo de los fisioterapeutas al final y otra en la que no existe señalización...

–Sí. En una tenemos que llevar encima todo lo necesario para pasar el día y la noche. Llevamos una mochila con dos litros de agua y un tubito para beber, el bidón con sales, barritas energéticas, frutos secos, geles, crema solar, el saco para dormir, que cuando lo inflas te encuentras con que está pinchado... pero vamos que después de todo el día ese puede ser el menor de mis males. Y la otra etapa... Pues con el GPS me llevo divinamente y, además, no voy sola. Lo que tengo claro es que ese día tendré que ir chupando rueda de alguien como sea. Se trata de tener la cabeza fría e ir con un grupo. Da igual que vaya más forzada o que tenga que ir un poco más lenta. El caso es no ir sola, ir con un grupo.

–¿Le recuerdan las sensaciones antes de competir a las que tuvo en algún momento de su carrera deportiva?

–Quizá cuando me iba a Estados Unidos, la semana antes tenía una sensación similar. Me iba a un sitio que desconocía, con gente que desconocía, otro idioma, otro país... Pero esto son seis días y lo de Estados Unidos eran cuatro años.

–¿Preocupa el tema de la seguridad?

–Está todo muy controlado, muy bien acotado, el campamento está muy vigilado y no tiene porqué haber más riesgos que los que existan en cada etapa.

–¿Ficharía a alguna ex compañera de la selección para la Titan?

–A Amaya Valdemoro, porque con ella me reiría mucho. Con todas las lesiones que ha tenido, lo pasaría mal encima de la bici.

–¿Se ha imaginado cruzando la meta el sábado?

–Si soy capaz de llegar, lloraré por todo lo que habré sido capaz de superar.