F-1

Fernando Alonso acusa a la FIA de perseguir a todo lo español

La disparidad de criterios a la hora de sancionar a los pilotos ha provocado que el asturiano se muestre harto de la Federación Internacional

Fernando Alonso charla con el presidente de la FIA, Ben Sulayem
Fernando Alonso charla con el presidente de la FIA, Ben SulayemEuropa Press

Es un hecho conocido que la relación entre Fernando Alonso y la FIA nunca fue buena. Desde 2005, el asturiano y los comisarios deportivos (los jueces) han tenido una relación tensa debido a un amplio historial de sanciones que en algunas ocasiones se antojaron injustas y afectaron a las posibilidades del español en su lucha por los títulos. El caso es que Alonso nunca optó por el silencio y el respeto a las decisiones y conforme han pasado los años la cosa ha ido a peor. Está en su derecho de hacerlo, claro. Y conocimiento tiene como el que más. El caso es que los comisarios que juzgan las acciones en pista suelen ser diferentes durante cada fin de semana y eso suele traer disparidad de criterios, al margen de que en este deporte cada curva y cada acción tienen circunstancias muy complejas.

Para intentar evitar esto, la FIA organiza cada carrera con lo que se denomina colegio de comisarios, que han pasado de ser tres a cuatro e incluye uno que haya sido piloto profesional, sobre todo, de F1, para intentar acercarse más a la realidad de lo que pueden hacer los pilotos. Una norma que el fútbol quiere implantar en las salas VAR para que en el video arbitraje haya un exjugador que pueda transmitir las sensaciones que puede sentir el jugador en el campo. El caso es que en los últimos meses las sanciones a Alonso se han multiplicado y el piloto de Aston Martin, el pasado fin de semana, deslizó una supuesta persecución a todo lo que fuera español, incluyendo a Carlos Sainz, algo que no tiene ningún sentido. Y para evitar eso, afirmó ante los micrófonos que iba a hablar con el presidente de la FIA, Ben Sulayem, para que las siguientes generaciones de pilotos españoles no tuvieran los mismos problemas. Todo vino por el incidente en el que Alonso se vio implicado en la carrera sprint, del cual habló sin haber visto detalladamente las imágenes y sin que nadie de su equipo le dijera que el primer toque llegó por parte de su compañero y que aquello empezó una cadena que acabó perjudicando a varios pilotos, sobre todo, a Norris. Es cierto que Hamilton llegó «como un toro», dijo Alonso, pero si su compañero Stroll no le hubiera desplazado varios metros al interior de la curva a lo mejor el de Mercedes no le hubiera tocado. Alonso adelantó a la prensa que no sancionarían a Hamilton por no ser español… Al día siguiente, la FIA volvió a tomar varias decisiones polémicas: la primera fue no sancionar la tremenda pasada de frenada de Pérez en la salida. Es cierto que no tuvo consecuencias, pero varios pilotos, entre ellos Sainz, debieron esquivarle para evitar el choque. Ni siquiera hubo una reprimenda o puntos en el carnet de piloto; el otro hecho polémico fue la sanción a Sainz al final de carrera. Su pique con Piastri le llevó a hacer un adelantamiento muy en el límite con la diferencia que, en las vueltas anteriores, cuando Sainz se vio superado, evitó el choque, y Piastri no lo hizo. Para el de McLaren no hubo sanción, pero para el madrileño sí. Esto, al contrario de lo que dice Alonso, no es una cuestión de ser o no español, es la vergonzosa disparidad de criterios que siempre ha existido en la FIA y su constante búsqueda de la interpretación de la normativa. En lo que sí puede tener razón Alonso (aunque no lo ha dicho) es en la escasa fuerza del automovilismo español en la Federación, que es prácticamente nula, empezando por el presidente, Manuel Aviñó, a pesar de ser vicepresidente. Salvo el propio Alonso, los Sainz (padre e hijo) y unos pocos más con mucho peso en la F1, los demás son irrelevantes a pesar de tener cargos más o menos rimbombantes en diferentes comisiones de la Federación Internacional.