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Alonso, otra vez en guerra

El bicampeón del mundo es muy crítico con algunas decisiones tomadas por los jueces en el Gran Premio de las Américas. “La FIA y los jueces no tienen un criterio uniforme y no explican bien sus decisiones”, asegura un experto

El Alpine de Fernando Alonso es empujado por varios mecánicos
El Alpine de Fernando Alonso es empujado por varios mecánicos FOTO: SHAWN THEW EFE

En el pasado Gran Premio de Estados Unidos de F-1, Fernando Alonso se las tuvo tiesas con la dirección de carrera y con los comisarios deportivos por decisiones que no le hicieron ninguna gracia. El bicampeón del mundo estuvo implicado en tres maniobras de adelantamiento que provocaron la intervención de los jueces de la carrera.

En la primera, Alonso tuvo un incidente con Kimi Raikkonen. El asturiano superó a final de recta al piloto de Alfa Romeo, pero el adelantamiento fue algo ajustado, precipitado y, además, Alonso «estranguló» la trayectoria de Raikkonen para forzarle todo lo posible hasta, incluso, provocar una pequeña colisión (en parte porque pensaba que Raikkonen levantaría el pie). El nórdico no se cortó, intentó quedarse lo más cerca posible de la pista (lo que le dejó el español) y aprovechando la escapatoria cogió velocidad para adelantar de nuevo a su rival. El reglamento dice que es una maniobra no permitida y resulta sancionable. Por eso, vía radio, Alonso pidió a su equipo que reclamara a los jueces de la FIA que exigieran a Raikkonen que devolviera posición. Pero eso no ocurrió. Los comisarios deportivos dejaron la acción sin sancionar al entender que, probablemente, los dos pilotos no habían actuado bien. Alonso apuró mucho el adelantamiento y hasta provocó un pequeño choque que podría haber sido sancionado. Y Raikkonen aprovechó la confusión para adelantar. La situación podría haberse saldado con una pequeña sanción para los dos o, como decidió la FIA, para ninguno.

En opinión de Juan Luis Ubiña, ex piloto y comisario deportivo con más de 30 años de experiencia en competiciones nacionales e internacionales de monoplazas, karting y turismos, el problema es que la Federación y sus jueces no tienen un criterio uniforme y, además, no explican bien las razones que llevan a una decisión u otra. Ubiña señala que en cada carrera existen jueces diferentes que interpretan las normas de formas distintas, aunque se trate de la misma maniobra y un fin de semana digan una cosa y siete días después otra diferente. No hay homogeneidad en la aplicación de las sanciones y eso terminó por enfadar, por ejemplo, a Alonso, que, a pesar de su tremenda experiencia, vueltas más tarde, llevado por la adrenalina, repitió una maniobra parecida (que no igual), esta vez con el compañero de Raikkonen, Giovinazzi, por la cual fue sancionado con tener que ceder la posición si no quería recibir un castigo, algo que es habitual en la F-1 y en otras competiciones.

Después ocurrió al contrario y de nuevo hubo sanción. Pero ninguno de estos adelantamientos se parece a la acción que protagonizaron Alonso y Raikkonen en la primera curva. Al contrario de lo que ocurre en el futbol, los jueces no pueden parar el partido, la carrera en este caso, y, aunque cuentan con un elevado nivel tecnológico para comprobar si una conducta es o no sancionable, siempre se producen decisiones polémicas. Y Alonso, por su velocidad y su gran rendimiento cuando el coche se lo permite, siempre está metido en conflictos. Algo parecido le ocurre a Hamilton, aunque el cada vez menor poder del bando anglosajón en la F-1 siempre le ha favorecido fuera del asfalto, dentro de los despachos.

Alonso se quejó amargamente después de la carrera y dentro de dos semanas la reunión que cada viernes mantienen los pilotos con el director de carrera volverá a ser caliente. Porque, además, debido a su experiencia, el asturiano es el más combativo cuando se trata de cumplir las normas, ya que siempre busca cualquier resquicio para ser el más rápido.

Saberse el reglamento es una obligación de los pilotos, pero hay quienes van más allá y estudian al máximo cada artículo para poder sacar un beneficio en caso de tener que hacer algo sancionable. Es muy buena señal que Alonso y sus «movidas» estén provocando cambios en el reglamento porque eso significa que su voracidad sigue intacta.