Deportes

El futbolista al que Pablo Escobar quiso asesinar con un coche bomba

El patrón del Cártel de Medellín era, además, el propietario del Atlético Nacional

Ricardo Gareca, seleccionador de Perú, juega con su nieto Benjamín sobre el césped después de un entrenamiento de la selección
Ricardo Gareca, seleccionador de Perú, juega con su nieto Benjamín sobre el césped después de un entrenamiento de la selección

La rivalidad en la liga colombiana en los años 80 iba más allá de lo futbolístico. Colombia repartía sus títulos entre el América de Cali y el Atlético Nacional de Medellín. O lo que es lo mismo, entre el Cártel de Cali gobernado por los hermanos Rodríguez Orejuela y el cártel de Medellín de Pablo Escobar.

Y esa rivalidad pudo haberle costado la vida a Ricardo Gareca, el actual seleccionador de Perú. Gareca fue el delantero que marcó el gol que clasificó a Argentina para el Mundial 86, aunque después Bilardo lo dejara fuera de selección campeona del mundo en México.

Gareca fue una estrella del América de Cali, con el que llegó a tres finales de la Copa Libertadores, y eso fue lo que le puso en el punto de mira de Pablo Escobar, según la confesión de Jhon Jairo Velásquez, Popeye, el sicario de confianza del narcotraficante colombiano. “Ricardo Gareca siempre estuvo en la mira de Pablo Escobar”, reconoció Popeye en el diario peruano “El Popular” hace unos años.

“Sin embargo, no llegaron a él. El amor por el fútbol del Patrón salvó a Gareca”, añade Popeye. “A él y a otros jugadores del América de Cali se contempló colocarles un coche bomba”, admite el sicario de Escobar. Era la posible venganza por el coche bomba que el Cártel de Cali había colocado a la familia de Escobar.

Me enteré con el tiempo porque lo dijo Popeye, un sicario de la época de Pablo Escobar. Me llegó una información a través de Whatsapp, porque yo no tengo redes sociales, sobre un comentario suyo que decía que me tenían en la lista”, confesó Gareca recientemente en ESPN.

Gareca admite que no sabía nada en aquel momento. Sí era consciente de que los cárteles dominaban los equipos más poderosos, también el Millonarios de Bogotá estaba controlado por los narcotraficantes, pero asegura que cuando las cosas se pusieron realmente feas él regresó a Argentina. “Cuando yo me vengo estalla el problema de los cárteles. Mientras yo estaba eran rivalidades, cada cártel tenía un equipo y eso es lo único de lo que yo tenía conocimiento”, afirma el seleccionador peruano. “Después estalla ese problema y se hizo más grave. Después el problema se hizo más grave, pero yo lo desconocía”, añade.

Pablo Escobar sí llegó a ordenar el secuestro de jugadores del América de Cali para que se entregaran los hermanos Rodríguez Orejuela, pero ante la falta de cooperación ordenó el asesinato de la familia de uno de los jugadores, Pedro Enrique Sarmiento, que después tuvo una exitosa carrera como entrenador y como comentarista.

Escobar también ordenó el asesinato del árbitro Álvaro Ortega después de que anulara un gol en los últimos minutos al Nacional en un partido contra el América de Cali, que acabó ganando 3-2. Un sicario se acercó a la ventanilla del coche en el que Ortega viajaba como copiloto y lo disparó varias veces.