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Borja Iglesias, la madurez del Panda

Borja Iglesias ha tardado en llegar a la selección, pero lo hace en plenitud. El trabajo con una psicóloga desde que estaba en el Zaragoza le ha ayudado a llegar hasta aquí

Borja Iglesias
Borja Iglesias FOTO: JUAN CARLOS HIDALGO EFE

Borja Iglesias ha tenido que esperar hasta los 29 años parea recibir la primera llamada de la selección, pero lo hace con la mirada limpia y la ilusión intacta del que acaba de llegar.

El camino le lleva de vuelta al lugar donde empezó todo, a La Romareda, donde se estrenó en el fútbol profesional con el Zaragoza. No consiguió devolver al equipo a Primera División, se quedó en la eliminatoria de ascenso, pero su carrera despegó. En la única temporada que jugó allí marcó 22 goles y se ganó el fichaje por el Espanyol.

Desde su etapa en el Zaragoza Borja reconoce su crecimiento como futbolista. «He progresado en distintos aspectos de juego, sobre todo a nivel mental, de madurez. He pasado por distintas ciudades, por distintos clubes y creo que esa experiencia me ha ayudado a dar pasos hacia delante y me han convertido en los que soy ahora. Estoy agradecido porque viví mi primera etapa como jugador profesional y fue muy enriquecedora para mí», afirma.

Él también ha trabajado para conseguir esa estabilidad mental tan necesaria para sobrevivir a los vaivenes del deporte de élite. Desde entonces cuenta con la ayuda de una psicóloga. «Llevo trabajando con Patricia Ramírez y su equipo de trabajo, con María Cabrera., desde que estaba en Zaragoza», cuenta. «He pasado por etapas muy buenas en las que todo iba bien y me ayudaban a gestionar esos momentos de euforia o de éxito. Luego he pasado por momentos complicados y han seguido trabajando conmigo y ayudándome. La importancia [del trabajo psicológico] es similar siempre, pero hay momentos en que igual necesitas más que te ayuden a detectar esos problemas que no eres capaz de detectar. Creo que está a la orden del día, creo que tenemos que normalizarlo y cuidarnos, tanto en lo bueno como en lo malo», asegura.

Esos malos momentos los ha vivido sobre todo en su primera época en el Betis. Después de un paso por el Espanyol tan exitoso y fugaz como el que tuvo en el Zaragoza, llegó al equipo verdiblanco de la mano de Rubi, el mismo entrenador que lo había dirigido en el equipo barcelonés. Los resultados no fueron los esperados, Rubi fue destituido y el «Panda», el apodo con el que convive desde hace años, sólo marcó tres goles en todo el curso. Muy poco para un delantero por el que se habían pagado 28 millones de euros.

Fue la llegada de Manuel Pellegrini la que lo cambió todo para él y para el club. El primer año, en la temporada 2020/21, le costó entrar en el equipo, pero acabó marcando once goles y con el Betis clasificado para la Liga Europa. La historia se repitió el curso pasado, pero mejoraron el rendimiento del equipo –que fue campeón de Copa–, y de Borja, que marcó un gol menos en la Liga, pero añadió cuatro goles en la Liga Europa y cinco en la Copa, incluido el único que marcó el Betis en la final antes de los penaltis.

Ese rendimiento es el que le ha valido la llamada del seleccionador, que lo lleva siguiendo desde hace años. «A Borja lo conozco desde que estaba en el Celta. Él jugaba en el filial y ya vino a entrenar en la última parte de la temporada. Lo lleva haciendo muy bien desde hace tiempo y está capacitado para jugar en la selección. Tiene nivel para asociarse, tiene gol, es muy poderoso físicamente», explicaba Luis Enrique en el momento de convocarlo. «Me gusta mucho y me gusta hasta su estilo, siempre sonriendo en el campo. Es un jugador muy interesante y estoy muy contento de que pueda venir a ayudarme», añade.

Borja Iglesias se siente como en casa en la selección. «La gente que está alrededor es supercercana y me lo han hecho muy fácil», asegura. Ayuda también que Luis Enrique y Pellegrini sean dos entrenadores parecidos, aunque parezcan muy diferentes. «Manuel es un entrenador muy tranquilo, con facilidad para explicar las cosas y convencerte de ellas. Y Luis Enrique es exactamente igual, pero más nervioso. Llegan al mismo punto. Tienen ideas de juego ofensivas pero distintas», dice el último «9» de España.