Joana Pastrana pierde el cinturón de campeona del mundo

La mejor manera de derrotar a una campeona es perderle el respeto. Y ese terreno lo tenía ganado Yokasta Valle, la aspirante costarricense al cinturón de campeona del mundo del peso mínimo de Joana Pastrana. La campeona, más cerebral, más técnica, trataba de contener el ímpetu de la retadora. Valle es valiente, no tiene miedo al desgaste físico ni al cuerpo a cuerpo. Desde la esquina la mandaban a la guerra. Y ella iba. Y así consiguió derrotar a Joana a los puntos. Decisión dividida, como el combate. Dos jueces dieron a Valle la victoria, los dos por el mismo resultado, 93-97, y sólo uno vio ganadora a Joana por 96-94. La costarricense es la nueva campeona del mundo.

Joana intentó ejercer de defensora del título. Mantenía la posición, más preocupada de defender que de atacar. Pero le costaba contener el ímpetu de la aspirante, un terremoto físicamente capaz de dar continuidad a sus ataques. Joana esquivaba, primero de cintura y más tarde con pasitos atrás para escapar de la distancia a la que podían llegarle las manos de Valle. Desde el rincón su entrenador, Nicolás González, y su mánager, Álvaro Gil-Casares, le advertían de que se saliera de la distancia.

La explicación para la prudencia de la española estaba en la lesión en la mano que se produjo en el primer asalto y que le impedía golpear sin dolor. Valle no tenía ninguna precaución en el golpeo. «Usted está entera, son dos pinches minutos. Vaya a por ella, Yoka», le decían desde el rincón antes de que comenzara el último asalto.Valle ya había arrinconado a Joana contra las cuerdas en el quinto y la campeona le había costado escapar del molinillo de su rival.

Pastrana golpeaba menos, pero de manera más precisa. Aunque eso no se acabara reflejando en las puntuaciones. La española, que sólo escuchó los gritos de ánimo en algunos tramos del combate, al contrario de lo que ha ocurrido en sus anteriores peleas por el Mundial, mantuvo la compostura hasta el décimo asalto, el último, en el que las dos boxeadoras se lanzaron a por una victoria que ninguna de las dos veía con claridad. Se olvidaron de precauciones y de puntuaciones, buscaban un golpe claro que definiera la pelea. Y ninguna de ellas lo encontró, pero a Joana le temblaron las piernas en un golpe que la encontró en retroceso. No perdió pie, pero perdió confianza. El peinado, que había mantenido intacto hasta ese momento, se descompuso.

Y Joana perdió el título que tanto había cuidado en su tercera defensa. Se queda sin el cuarto campeonato consecutivo del peso mínimo. Se queda sin el premio, pero no pierde la ilusión. «Queda Joana para rato», advertía después de la pelea a sus aficionados y a sus patrocinadores. Tiene 28 años, la edad ideal para seguir peleando por el sueño de ser campeona del mundo. Un sueño que ya ha vivido y del que la despertaron los golpes de la costarricense Yokasta Valle. La rival más complicada a la que se ha enfrentado en sus peleas por los Mundiales.