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Con permiso de Nadal y Carolina, mucho de lo mejor de España está en Tokio

De las estrellas a los representantes de Tuvalu, los héroes son los deportistas

Saúl Craviotto será uno de los abanderados de España
Saúl Craviotto será uno de los abanderados de EspañaCOE / Nacho Casares

Los Juegos Olímpicos van mucho más allá del efecto placebo que tienen en el aficionado futbolero. Arrancan menos de dos semanas después de haber terminado la Eurocopa. Y lo hacen, con permiso del torneo de fútbol que ya ha comenzado, con la ceremonia inaugural. Ya saben, ese acto que siempre es peor que el que soñamos en Barcelona’92. Las dos semanas siguientes son como ese menú degustación que no se acaba nunca para bien o para mal. Los Juegos sirven para apaciguar el mono de una hinchada que todavía ve demasiado lejos el fin de semana en el que toda España está de vacaciones, pese a la quinta ola, y que este año coincidirá con el arranque de la Liga.

Con permiso del fútbol, los Juegos tienen una misión más allá de acoger hazañas, logros increíbles, anécdotas varias y protagonistas inolvidables. Tienen que ayudar a dejar atrás la pandemia. Su celebración es ya una victoria. Impulsada eso sí por un negocio descomunal. La confesión de las dudas que tenía el presidente del COI, Thomas Bach, meses antes de la celebración es cuestionable si se atiende a los números. De los casi 6.000 millones que ingresó en el anterior ciclo olímpico el organismo que preside, el 73 por ciento procedió de los derechos televisivos de los Juegos. Una suspensión definitiva habría dejado herido de muerte al COI y habría provocado pérdidas milmillonarias en Japón.

Ahora queda que el goteo de positivos desde principios de mes en la familia olímpica no se convierta en un tsunami. De esa forma los discursos engolados del COI darán paso a los deportistas. Y ellos, desde las estrellas globales hasta los representantes de Tuvalu, siguen siendo lo mejor del deporte.

España llega a Tokio con 321 atletas, sin dos de sus grandes referentes a nivel individual, Rafa Nadal, el más grande, y Carolina Marín, pero con un nivel de equipos en cantidad y calidad que sólo superan los anfitriones, Estados Unidos y Australia. En el papel de las selecciones radicará en buena parte el éxito o no de una participación española que si no es lo mejor de nuestro país no anda muy lejos.