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Mario Mola habla sobre la dureza del triatlón: «Sólo paro una semana al año»

El mallorquín disputa como líder la segunda prueba de las Series Mundiales en Bermuda, donde «reaparece» Javier Gómez Noya en busca de la clasificación para los Juegos de Tokio

El mallorquín disputa como líder la segunda prueba de las Series Mundiales en Bermuda, donde «reaparece» Javier Gómez Noya en busca de la clasificación para los Juegos de Tokio

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Mario Mola (29 años, Palma de Mallorca) llega líder a la segunda prueba de las Series Mundiales de triatlón, que se disputa en Bermuda sobre distancia olímpica (1,5 kilómetros nadando, 40 en bici y 10 a pie). Es tres veces campeón del mundo de un deporte muy duro, y en la isla caribeña tendrá como rival a un amigo: Gómez Noya, que tiene cinco Mundiales y que vuelve para intentar clasificarse para los Juegos de Tokio.

–¿Cómo valora ese regreso?

–De forma positiva. Javi es alguien que ha hecho muchísimo por colocar el triatlón donde está y esperaba que regresara para intentar ir a los Juegos. Tuvo la mala pata de no poder competir en Río por una lesión y si quiere darse otra oportunidad es ahora el momento porque la clasificación ha arrancado y tiene que empezar el rodaje, aunque seguro que no tendrá problema en reengancharse.

–¿Se puede ser amigo de alguien que es un gran rival?

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–Sin duda, al final creo que he llegado al nivel que he alcanzado gracias a tener el referente de Javi, a poder competir y aprender compitiendo con él. No cambio todos los años que he hecho segundo y él ha hecho primero por el no haberle tenido, porque seguro que sin él no hubiera llegado hasta aquí. Tener a una persona tan próxima habiendo conseguido lo que ha conseguido él nos ha hecho a los triatletas españoles más jóvenes confiar en que si trabajamos es posible llegar hasta ahí, y le debemos mucho, sin duda.

–Hay mucho tiempo entre una y otra prueba de las Series Mundiales. ¿Cómo se mantiene la forma?

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–No es fácil estar siempre al cien por cien, pero tampoco aspiramos a ello. Competir a ese nivel durante seis o siete meses es casi imposible, pero procuramos estar siempre al máximo posible y no hacer caer demasiado el volumen de entrenamiento respecto a lo normal en cada carrera, porque eso haría imposible recuperar el ritmo. Pese a ello, hay que tomarse cada carrera como la oportunidad de obtener un buen resultado, porque tal y como está montado el campeonato del mundo es tan importante una carrera en marzo, como en junio como en la final.

–¿Cuánto tiempo para?

–Completo, sólo una semana al año y después tenemos dos semanas en las que no tenemos los entrenamientos guiados, sino que, poco a poco, lo vamos retomando por sensaciones. Arrancamos de forma progresiva; normalmente a principios de diciembre es cuando empezamos los entrenamientos de forma guiada, y nos lleva cuatro, cinco o seis semanas llegar al volumen habitual de entrenos. Sería alrededor de 28-30 horas a la semana y tres sesiones al día.

–¿Cómo es el día en el que se da más caña?

–Las semanas siguen más o menos un rutina parecida. Hay días duros, sobre todo en los que tienes cuatro sesiones, y cada cambio, cada descanso, cada alimentación son muy importantes para poder ir afrontando cada entreno. A lo mejor arranca por la mañana con media horita de carrera suave, pero a la noche hay una sesión de pista y entre medias hay una sesión de bicicleta o algo de piscina... Claro, hay que ir afrontando cada entreno pensando que no es el último, sino que hay mucho camino por delante... A ver, el día a día es una rutina, empezar pronto, ocho u ocho y media de la mañana, y con descansos de entre hora y media, dos o tres horas, ir encadenando entrenamientos.

–¿Se sufre más entrenando o compitiendo?

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–Es un sufrimiento diferente. La competición es muy agónica y normalmente entrenando no alcanzas ese nivel de agonía, pero la fatiga general que arrastras durante semanas de entrenamiento es muy alta y no es algo que tampoco alcances compitiendo. Es acostumbrarse un poco a vivir, a entrenar cansado, para que cuando llegue la carrera y descanses un poco, recuperes esa energía.

–Los Juegos están ahí, pero dice que no le obsesionan...

–Siempre he pensado afrontar los Juegos como una carrera más, pero por el entorno es imposible. Pese a ello lo que me ha funcionado en el pasado es intentar sacar el máximo de cada carrera. Es cierto que a los últimos Juegos llegué sin haber ganado nunca un Mundial y en este caso será diferente. Mi objetivo será hacer un papel lo mejor posible en Tokio, pero no puedo volverme loco porque no todo está bajo mi control. Pasó en los Juegos de Río: hice probablemente la mejor natación del año, pero los de adelante salieron un pelín más frescos, fueron capaces de entenderse mejor en esos primeros compases de la bici, y por mucho que yo quisiera era imposible en solitario o en minoría llegar al grupo de adelante.

–Normalmente las pruebas se deciden a pie, pero antes se puede perder...

–Suelen ser carreras de eliminación: la natación marca un corte, la bicicleta otro, y los que han sido capaces de estar adelante y abrir diferencias se lo disputan a pie. En mi mejor día puedo recortar tiempo a pie, que es la disciplina en la que me encuentro más cómodo, pero tal y como está el nivel, 15 o 20 segundos puedes, pero más es imposible.

–Usted empezó en el atletismo...

–Desde pequeño había nadado, pero nunca lo tomé realmente en serio y siempre es lo que me había costado más. Después, a través del triatlón tuve la oportunidad de empezar a correr y la facilidad que no había tenido nunca en el agua la tuve a pie, y por ese motivo pude competir en pruebas nacionales e internacionales de atletismo sin apenas haberle dedicado tiempo. Lo cierto es que el triatlón me está permitiendo ser competitivo a nivel mundial, y en atletismo es muy complicado plantarle cara a los africanos.