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Pablo Carreño gana a Krajinovic y mete a España en las semifinales de la ATP Cup

Sólo hacía falta un triunfo ante Serbia y el gijonés no falló (6-3 y 6-3). Polonia, con Hurkacz, el número nueve del mundo, será el rival en la pelea por la final

Pablo Carreño, en su partido contra Krajinovic
Pablo Carreño, en su partido contra Krajinovic FOTO: ASANKA BRENDON RATNAYAKE REUTERS

Tan bien lo estaba haciendo España en esta ATP Cup, con triunfos en las dos primeras eliminatorias (ante Chile y Noruega) con pleno de victorias, seis de seis, que llegó al día definitivo con el trabajo medio hecho. Se enfrentaba a Serbia y le valía con llevarse un partido para meterse en semifinales. Serbia no tenía a Djokovic, que renunció a esta competición por el polémico lío de su vacunación en el que se ha salido con la suya. Sin el número uno sigue siendo un oponente peligroso, pero es que el grupo capitaneado por Tomás Carbonell está de dulce. También tiene las importantes ausencias de Nadal y Carlos Alcaraz en individuales y Granollers y Feliciano López en dobles, poca broma, pero está jugando en equipo de maravilla. Pablo Carreño no quiso ampliar el suspense y conquistó el primer partido ante Krajinovic (6-3 y 6-3) para lograr la clasificación para la penúltima ronda. Su rival ahí será Polonia, que tiene en sus filas a un “top 10″ Hubert Hurkacz, el nueve del mundo, y que también lleva una ATP Cup impecable con sólo un encuentro perdido. Será el viernes a las 7:30 de la mañana (se puede ver en Movistar).

España es un equipo, con mayúsculas. Si Roberto Bautista había sido la base de las eliminatorias anteriores, teniendo que derrotar a jugadores con mejor ránking que él (Garín y Ruud), ante Serbia fue Carreño el protagonista. Pese a no estar en su mejor momento, Krajinovic es un gran tenista con algunas victorias importantes en su carrera. Pero comenzó el encuentro que no sabía por dónde le venían. Se sentó en el banquillo y abrió los brazos en plan: “¿Qué queréis que os diga? ¿Qué queréis que haga?”. Carreño le estaba torturando sin piedad: cerró el asturiano su primer juego de saque con cuatro derechas ganadores, pim, pam, pum; logró el break con otro par más y sumó el tercer juego seguido con tres saques directos. Todo rapidísimo, impecable. Ante un vendaval así no se puede hacer demasiado, salvo no desesperarse porque esa manera de jugar no puede ser eterna. Volvió a la pista Krajinovic e igualó el choque, del 3-0 al 3-3, pero se lo tuvo que trabajar mucho. No estaba Pablo por la labor de venirse abajo. Siguió con las mismas características que había mostrado hasta el momento. “Vamos, vamos, vamos”, le decía Carbonell, golpeando con el puño la palma de la mano. “Aprieta”, era la consigna. Y vaya si apretaba Pablo, desde el resto, tratando de no perdonar ni un segundo saque. Muy agresivo. Arriesgó y triunfó. Jugó decidido y también con la humildad necesaria para correr y defender cuando se lo exigía su rival. Con ese tenis de impacto llegó la segunda rotura y el primer set ya estaba en la cazuela.

Faltaba confirmarlo después, continuar así. Se lo intentó poner duro Krajinovic, pero el break llegó pronto de nuevo y el gijonés supo mantenerlo con mano dura. Saque-red, otro buen puñado de derechas, un servicio directo por aquí... Encontraba los huecos con una facilidad engañosa: no es que fuera sencillo, es que lo pareció porque lo bordó, para que sus compañeros pudieran disputar los otros dos partidos relajados. El resultado de ellos no importaba demasiado. España ya estaba en semifinales, pero Bautista se tomó su duelo con Lajovic muy en serio y dio otra exhibición (6-1 y 6-4).