¿Hacia la recesión global?

Una de las mayores compañías del planeta, Apple, anunció que sus resultados no iban a ser tan positivos este año como estaba previsto por los dañinos efectos derivados del coronavirus

El Ibex 35 vivió ayer una jornada negra, aunque en línea con el resto de parqués del Viejo Continente
El Ibex 35 vivió ayer una jornada negra, aunque en línea con el resto de parqués del Viejo ContinenteMariscalEFE

Cada día que pasa sin que la epidemia del coronavirus haya sido controlada y permita reanudar la actividad económica regular tanto en China como en los países de su entorno es un día más en que no sólo continúan aumentando los riesgos de pandemia global, sino en que el crecimiento económico mundial sigue sufriendo.

Por ejemplo, una de las mayores compañías del planeta, Apple, anunció que sus resultados para 2020 no iban a ser tan positivos como originalmente había previsto debido a los dañinos efectos derivados del coronavirus. Por un lado, Apple anticipa la venta de muchos menos dispositivos en China debido al empobrecimiento de sus ciudadanos: es lo que en economía denominamos «shock de demanda» (cae el gasto, cae la producción y cae el empleo en un bucle autoalimentado).

Pero, por otro, Apple también prevé peores resultados porque el parón de China está socavando las cadenas internacionales de valor y, por tanto, su producción de dispositivos para el resto del planeta se va a reducir: es lo que en economía se denomina «shock de oferta» (nos volvemos menos productivos por cualquier motivo y, como resultado, nos empobrecemos).

En otras palabras, el coronavirus nos pauperiza tanto porque dejamos de producir bienes (shock de oferta) cuanto porque, al habernos empobrecido, dejamos de demandar bienes (shock de demanda). Aunque hasta la fecha muchos analistas habían concentrado su atención en las repercusiones que podía tener el shock de demanda chino sobre la economía global, cada vez el shock de oferta se irá volviendo más gravoso.

Recordemos que China produce a día de hoy alrededor del 30% de las manufacturas de todo el planeta y que casi 800 millones de chinos se encuentran en estado de cuarentena dentro de sus ciudades, lo cual les dificulta (o imposibilita) acudir al centro de trabajo y ponerse a producir mercancías. Como muestra de esto último, dos botones: la planta de Foxconn en la ciudad de Zhengzhou –la mayor productora mundial de iPhones– emplea regularmente a 150.000 personas: en los últimos cuatro días, sólo ha contado con 200 trabajadores.

Asimismo, la marca de ropa Adidas ya ha confirmado que su actividad manufacturera en China se ha contraído un 85% con respecto al año precedente. Obviamente, si no se produce, no se cobra y si no se cobra, no se demanda, con lo que tendremos simultáneamente una contracción de la oferta y de la demanda. El drama chino, además, puede terminar reproduciéndose en otros países.

De hecho, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, pidió a los japoneses que no fueran a la escuela o a trabajar si tenían síntomas de resfriado: es decir, que la economía japonesa (que ya se contrajo más de un 6% anualizado en el cuarto trimestre de 2019) también podría acabar desmoronándose si el coronavirus sigue penetrando y se establecen cuarentenas que paralicen la producción. Y cuantas más economías importantes se contraigan, más cerca estaremos de la recesión global.