Dependientes del monocultivo

Sólo México en todo el mundo depende más de los ingresos del Turismo que España para mantener su PIB. Por eso, la crisis del coronavirus se ha convertido en una catástrofe económica

Aunque lo hiciera un ministro del actual Gobierno, no conviene despreciar la industria del Turismo ni insultar a España con expresiones como «país de camareros» que, a la postre, sólo demuestran ignorancia en quien los profiere. De todos los grandes avances sociales del siglo XX es, sin duda, el acceso a los viajes de vacaciones a cada vez mayores capas de población uno de los más importantes. Nuevos paisajes, climas, olores, comidas, ambientes, personas se abren al mundo como un bien espiritual difícilmente mesurable. Y sí, claro, se producen incomodidades en los países de destino, pero se cobra por ello. Según el portal de estadísticas «Statista», España era, por detrás de México, el país donde la industria turística aportaba más al PIB, concretamente, el 14,3 por ciento, seguido de Italia, China y Australia. El año pasado, sólo en la temporada baja, la que va de enero a mayo, los turistas extranjeros se dejaron en nuestro país más de 30.000 millones de euros. Algunos pozos de petróleo saudíes son menos rentables, ya les digo. Por su origen, el mayor porcentaje de visitantes corresponde a los británicos, con más de 18 millones, que son, también, quienes más residencias de vacaciones compran en España. Les siguen alemanes y franceses, y, últimamente, se estaba desarrollando mucho el mercado estadounidense, con más de 3 millones de turistas llegados en 2019. De ahí que las consecuencias para España de la crisis del coronavirus alcancen niveles de castástrofe. Ciertamente, se dirá que dependemos demasiado de un solo sector, como esas economías basadas en el monocultivo del café o del azúcar de pasados siglos. Pero no es cierto. Hemos desarrollado con inversiones, saber hacer y mucho ingenio una industria que no tiene por qué ser excluyente. La prueba está en que, también, hemos desarrollado la producción de automóviles, las telecomunicaciones y nuevas tecnologías agropecuarias que nos han convertido en la potencia que somos. Por ello, como con cualquier otro sector, es imprescindible que las autoridades gubernamentales sean conscientes de lo que nos jugamos.