Presunción de culpabilidad

El caso de la salida a Bolsa de Bankia, saldado por la Audiencia Nacional con la absolución de los imputados, ha puesto de manifiesto una vez más la injusticia de los juicios paralelos de personas que, sin ser condenadas por los tribunales, arrastran durante años la pesada carga de una pena de telediario que arruina sus vidas, ocasionando con frecuencia daños irreparables de los que difícilmente se pueden reponer. En esta ocasión afectaba a los ex políticos Rato y Acebes, amén de otros 32 acusados, pero están las hemerotecas llenas de casos en los que la condena mediática precedió a la resolución judicial. Entre ellos el socialista Tomás Gómez, los populares Ignacio González («caso ático»), Francisco Camps o Rita Barberá, o el ex presidente del Barcelona Sandro Rosell que, tras dos años de prisión preventiva, fue puesto en libertad sin cargos. ¿Se puede tener a una persona 24 meses en la cárcel sin pruebas? Por lo que se ve se puede, y también condenarle públicamente bajo la premisa de que, como está detenido, «algo habrá hecho». Rosell no había hecho nada punible, y se ve que tampoco Rato y Acebes en el caso de Bankia, por mucho que le pese a la izquierda indepe y podemita.

Es relevante esta resolución de la Audiencia porque ha venido a respaldar que en la salida a Bolsa no hubo estafa ni falsedad de cuentas ni dolo, pues nadie se llevó nada y no ha quedado demostrada intención alguna de engañar o desplazamiento patrimonial. Además, el perjuicio a los accionistas lo subsanó Bankia con la devolución de casi 1.900 millones a más de 225.000 inversores minoristas, entre los que conozco un montón.