La bola de cristal tuerta de Moncloa

El dinero de Bruselas no va a ser más que calderilla para pagar el agujero sin precedentes en las cuentas públicas

«Hoy muere la austeridad en España». Este es el epitafio que Echenique se apresuró ayer a grabar en la lápida de la tantas veces denostada austeridad (qué asteridad), pero que bien podría grabarse también sobre la tumba de la economía española a juzgar por el análisis que hace el Gobierno de una economía moribunda. Para colmo, la «vice» Calviño aseguró ni corta ni perezosa que «cuando se atajan rápidamente y de forma determinada estos brotes de la pandemia, el impacto económico se puede minimizar». Ni se han atajado, ni ha habido rapidez, ni decisión, ni se ha minimizado nada. Lo que hay es confusión, descontrol, indeterminación y unas pérdidas cada vez mayores para la economía. Sí, es cierto que la previsión de PIB para 2021 ha mejorado en 5.000 millones, pero es que la de 2020 ha empeorado en 25.000. La recuperación en «V» se va a quedar en una «V» con un palito mucho más corto a la derecha que a la izquierda. Eso dando por buenos los cálculos del Ejecutivo en una situación de máxima incertidumbre: ni sabemos cómo van a estar las cosas de aquí a unas semanas, como para sacar conclusiones a más de un año vista. La bola de cristal de Moncloa, que suele andar tuerta, puede quedarse muy corta a poco que vengan mal dadas en invierno. Lo dice incluso la Airef.

Pero, a todo esto, ¿quién va a pagar la cuenta? El techo de gasto récord no es otra cosa que tirar de chequera para seguir exprimiendo el melón. Claro que hay que ayudar a las familias que lo necesiten, a las empresas, pagar los ERTE, las pensiones... pero la máquina de hacer billetes está ya al máximo y lo que venga de Bruselas es calderilla comparado con la magnitud real del agujero: a saber, un desfase entre ingresos y gastos de 240.000 millones sólo entre 2020 y 2021. De la UE llegarán (cuando lleguen) 72.000 millones, de los que España a su vez pagará 14.000 como mínimo. Sí, aquí se recibe, pero también hay que aportar a la caja. Y no es precisamente que España llegase sobrada a su tercera recesión desde 2008. De ahí que el Banco de España repita últimamente sin cesar que hay que priorizar gastos, incluso si esto conlleva dejar caer a las empresas que no se adapten a la nueva realidad. Habrá Presupuestos, sí, pero al final hay que pagar la factura, y para eso hacen falta ingresos. Recaudación que no se consigue subiendo impuestos, sino estimulando la actividad en lugar de andar poniendo zancadillas cada dos por tres.