El viaje más ECO empieza en las carreteras eléctricas

Mientras el transporte aéreo y marítimo reducen sus emisiones año tras año, el terrestre las aumenta. Esta es una de las soluciones más avanzadas

Varios tramos de prueba funcionan ya en Alemania y Suecia
Varios tramos de prueba funcionan ya en Alemania y SueciaTobias OhlsScania CV AB

No cabe duda de que el transporte, marítimo, por aire o por tierra, desempeña un papel esencial en la sociedad y en la economía. La distribución de los bienes, de los recursos y del trabajo dependen de ello. Por eso no es extraño que contar con un sistema de transporte eficiente y accesible sea clave para nuestra calidad de vida. Solo hay un problema, el mismo transporte que es vital en nuestra realidad, es el que se muestra como una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero.

De acuerdo con cifras del Ministerio para la Transición Ecológica, el sector de transporte representa el 25% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en España y casi el 40% de las emisiones de los sectores difusos (aquellos cuyas actividades no están sujetas al comercio de derechos de emisión).

Al mismo tiempo, según datos de la Unión Europea, el transporte es un recurso insaciable en lo que a energía respecta. Sorprendentemente, consume una tercera parte de toda la energía final en la UE. Y el problema es que la mayor parte de esta energía procede de combustibles fósiles, contribuyendo significativamente al cambio climático. Pero hay más. Desde 1990 la mayoría de los sectores industriales, como la producción de energía y el transporte marítimo o el aéreo, han reducido sus emisiones, pero el transporte terrestre las ha aumentado. Y las cifras españolas son similares a las europeas: un cuarto de los gases de efecto invernadero proceden de estas fuentes en el continente.

A esto también hay que sumarle la contaminación acústica, propia de este sector. De acuerdo con las autoridades europeas, el tráfico por carretera es la fuente de ruido más habitual, con más de 100 millones de personas afectadas por unos niveles acústicos nocivos en los países miembros.

Y finalmente hay otro factor que también hay que tener en cuenta: el auge de los alimentos orgánicos. Si bien es cierto que este tipo de cultivos no utilizan pesticidas ni hormonas, lo hacen a costa de producir más CO2 indirectamente. Primero porque necesitan más suelo ya que al no usar fertilizantes, las cosechas son menores. Otro factor que afecta y que incide en la contaminación provocada por el transporte, es que al haber pocos productores, los productos deben viajar más.

Para la Agencia Europea de Medio Ambiente, reducir los efectos negativos del transporte es uno de los objetivos políticos. Las principales medidas que persiguen desde la agencia buscan llevar el transporte hacia modalidades menos contaminantes y más eficientes, hacer uso de tecnologías de transporte, combustibles e infraestructuras más sostenibles. De hecho, la estrategia de la Comisión Europea de 2018 buscaba una transición hacia las cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en la UE en 2050.

¿Cómo se consigue que estas palabras se transformen en hechos? Desde la tecnológica ARQUIMEA llevan años elaborando una solución que, según nos cuenta Adrian Jornet, actual director general de la unidad de negocio Industrial Services de ARQUIMEA, que se potenció con la integración en 2020 de la compañia America Instalaciones de la que era fundador, ya se está implementando en Reino Unido, Alemania, Suecia, incluso en EE UU. La idea es clara: electrificación de las carreteras o e-Highways.

e-Highway FOTO: Teresa Gallardo

Fusión de carreteras convencionales y tranvías

La electrificación de carreteras es, en pocas palabras, la fusión entre las carreteras actuales y los tranvías: carreteras con tramos electrificados mediante cables a los que se pueden conectar los camiones (híbridos o eléctricos), obteniendo su energía de ellos. Tanto en Alemania como en Suecia se han llevado a cabo tramos pilotos de unos 10 kilómetros para evaluar su eficacia.

La e-Highway desarrollada por Siemens Mobility y que ha seleccionado a ARQUIMEA como su socio para la instalación en sus proyectos, suministra electricidad a camiones híbridos desde una línea aérea a través de un pantógrafo. El sistema no solo reduce drásticamente el consumo de energía a la mitad, sino que también minimiza sustancialmente la contaminación del aire en las inmediaciones y la contaminación acústica.

En cuanto a los vehículos, los camiones despliegan la conexión al cable cuando entran a la carretera y los híbridos captan la electricidad para recargar las baterías. Hasta los 90 km/h es posible alimentarse por este medio. Y cuando quieren abandonar la carretera o cambiar de carril simplemente repliegan la conexión para funcionar en modo híbrido o recurrir a las baterías que almacenaron la energía sobrante o la obtenida mediante los frenos, un sistema similar al que utilizan los vehículos de Fórmula 1. Lo interesante es que los camiones pueden no solo avanzar, sino también cargar sus baterías para desplazarse por nuevos recorridos gracias a este sistema.

De acuerdo con Siemens, sus e-Highways pueden ahorrarle a un camión de 40 toneladas unos 20.000 euros en combustible en cada 100.000 kilómetros de conducción. Si tenemos en cuenta que, según datos de las principales aseguradoras del país, en España los conductores profesionales de camión acumulan cada año unos 81.000 kilómetros, esto equivale a recorrer más de nueve veces la distancia entre Madrid y Pekín, cada año.

Adaptación de camiones

La adaptación de los camiones, nos explica Jornet, costaría unos 60.000 euros, lo que quiere decir que en poco menos de cuatro años se recuperaría la inversión, ya que un depósito lleno, en camiones de largo alcance, puede estar por encima de los mil euros, mientras que en los híbridos no alcanza los cien.

La propuesta de ARQUIMEA es seleccionar las carreteras más usadas por los transportistas, que en España, según el Ministerio de Fomento, comprenden los tramos entre Madrid y Valencia, Madrid y Barcelona, Madrid y Sevilla y Murcia-La Junquera. En total son unos 2.260 kilómetros en los que habría que instalar cables de entre 500 metros y tres kilómetros de longitud para suministro de la energía eléctrica.

Cada kilómetro de carretera, adaptado de esta forma, tendría un coste de dos millones de euros. En total, casi 5.000 millones de euros. Si tenemos en cuenta que en 2018 la UE invirtió 158.000 millones de euros en la mitigación del cambio climático, según cifras del Banco Europeo de Inversiones, invertir un 3% de ello en algo que reducirá las emisiones de forma drástica no parece tanto. Implantando los camiones eléctricos se reducirían las emisiones de CO2 en un 30% en cinco años, según las estimaciones de la multinacional.

Si a eso le sumamos lo que se gana en salud (los 100 millones de personas afectadas por la contaminación acústica), los puestos de empleo generados (Jornet nos habla de casi 7.000 nuevos empleos durante diez años, siendo unos 1.800 directos), la lucha por un planeta mejor ofrece buenas perspectivas.

El asfalto inteligente ya existe, y se utiliza en Israel

En el contexto de transporte más limpio, la energía eléctrica es una de las mejores opciones por limpieza y porque evita la contaminación acústica. Pero hay otras. Una de ellas es la que se ha implementado en una zona de la ciudad israelí de Tel Aviv. Se trata de una carretera de dos kilómetros de longitud con un tramo de 600 metros electrificado. Lo que hace diferente este tramo es que permite la recarga directa mientras se conduce. El funcionamiento es sencillo: el asfalto recoge la energía producida por el peso de los vehículos y por el roce de los neumáticos y la transmite a los autobuses. «Transformar una carretera en una superficie electrificada y un medio de recarga, a través de una infraestructura avanzada y eficaz, permitirá acelerar la transición a los autobuses eléctricos», explicó el vicealcalde de Transportes de Tel Aviv, Meital Lehavi, sobre este proyecto piloto.

La innovación se basa en aceras y suelos de discoteca que generan energía a partir de los peatones: es una energía limpia, eficaz y sencilla de acumular e implementar en zonas muy transitadas, ya sea por vehículos o por humanos. Quien está llevando a cabo este proyecto es la compañía israelí ElectReon junto a la empresa de autobuses Dan. De hecho, sus buenos resultados se han trasladado a nuevos proyectos en Alemania y en Suecia, donde este nuevo asfalto inteligente permitirá recargar camiones de transporte.