Economía

La UE certifica el frenazo de la economía española

Bruselas rebaja su previsión de crecimiento para España al 2,1% en 2019

Bruselas rebaja su previsión de crecimiento para España al 2,1% en 2019.

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La economía española comienza a enviar señales de decaimiento. La Comisión Europea se sumó ayer a las voces que pronostican un crecimiento económico menos vigoroso de lo esperado, que Bruselas atribuye a incertidumbres tanto externas como internas. El Ejecutivo comunitario rebajó ayer sus previsiones económicas de invierno respecto a las presentadas en el mes de noviembre. Con los nuevos datos recabados, el equipo de Pierre Moscovici vaticina que España crecerá un 2,1% este año y un 1,9% el que viene, una décima menos en ambos casos que en los cálculos del mes de otoño.

Las causas de esta desaceleración son múltiples. El informe publicado ayer señala la contracción del consumo privado como uno de los principales factores que explican esta fatiga de la economía española. Según los técnicos de la Comisión Europea, este consumo de las familias no va a crecer en paralelo a los mayores ingresos (explicados en parte por el aumento del Salario Mínimo) sino que van a contribuir a una mayor tasa de ahorro. En cuanto a las repercusiones de esta medida del Gobierno de Pedro Sánchez, Bruselas considera que tendrá consecuencias negativas para la creación de empleo. En este informe, sin embargo, el Ejecutivo comunitario no aporta nuevos datos, aunque el mes de noviembre fuentes comunitarias llegaron a pronosticar un frenazo en la creación de empleo de 70.000 puestos en los ejercicios de 2019 y 2020, a pesar de un aumento de la masa salarial total del 0,35%.

Dentro del panorama global, Brsuelas espera que las exportaciones mejoren durante este año después del frenazo sufrido en 2018. Según reza el informe presentado ayer, «los riesgos en las previsiones se deben a un clima económico global más débil de lo esperado y al incremento de la incertidumbre, tanto interna como externa».

Fuentes diplomáticas señalan la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y el laberinto del Brexit como las principales causas externas que explican las dudas en el horizonte. También se desconoce si, tras la tregua comercial de los últimos meses entre Bruselas y la Casa Blanca, el presidente estadounidense, Donald Trump, cumplirá su amenaza de subir los aranceles a los vehículos europeos.

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En cuanto a los factores internos, las misma fuentes reconocen que el interrogante sobre si el Gobierno será capaz de sacar adelante su presupuesto para el año 2019 no ayuda a tener una imagen fiable de la economía española. Las previsiones desveladas ayer no aportan nuevos datos sobre estimaciones de empleo ni de déficit público y habrá que esperar hasta primavera para conocer los cálculos del Ejecutivo comunitario sobre el resto de variables económicas.

El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, el socialista Pierre Moscovici, no quiso conjeturar sobre los riesgos internos que afronta la economía española. «Preferimos que haya un Presupuesto, queremos que haya un Presupuesto. Pero no es que sea inédita la situación, ya ha pasado en otras ocasiones antes», declaró Moscovici quien también señaló que «España crecerá por encima de la media, pero de una forma menos marcada que en años anteriores».

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A pesar de que todo indica que la economía española no volverá a registrar los record de años precedentes, Bruselas tiene mayores quebraderos de cabeza de los que preocuparse. Tanto en el norte como en el sur. La Comisión Europea ha rebajado sus previsiones de crecimiento de la zona euro del 1,9% al 1,3% debido al frenazo experimentado por Alemania e Italia.

En una economía tan fuertemente dependiente del sector exterior como la primera, el motor comienza a griparse. Según el Ejecutivo comunitario, Berlín crecerá este año siete décimas menos de los previsto (1,1% en lugar del 1,8% vaticinado en noviembre). Parece que esta debilidad económica ha llegado para quedarse. Según el informe desvelado ayer, «con el enfriamiento del comercio y crecimiento global previsto este año y el que viene, es improbable que el crecimiento exportador recupere pronto el dinamismo del periodo 2014-2017». Para la Comisión Europea, esto también lastrará la inversión en otros sectores.

En el caso de Roma, las medidas expansivas de gasto del Gobierno de Giussepe Conte han desembocado en un crecimiento raquítico de tan sólo el 0,2% que mejorará hasta el 0,8% en 2020. El tour de force de los últimos meses entre Roma y Bruselas por el crecimiento del gasto público tan sólo ha contribuido a que la economía italiana salga magullada. Bruselas culpa a esta incertidumbre al aumento de la financiación en los mercados de deuda, lo que ha acabado cercenando la demanda interna.

Respecto a Francia, Bruselas calcula un crecimiento del 1,3% este año y el 1,5% en 2020. En sus previsiones de otoño, el ejecutivo comunitario vaticinaba un 1,3% para los dos ejercicios.