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En España es muy caro crear empleo

La Razón
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Una buena amiga empresaria, de la economía productiva real, ha asistido estos días al Foro de Davos y me cuenta su apasionante experiencia. Aquello no es un aquelarre semisecreto. Se trata de una reunión donde se explora cómo generar riqueza y empleo aportando valor añadido. De hecho, uno de los conceptos más tratados ha sido lo que han venido a calificar como el Triángulo Dorado: el trabajo conjunto de gobiernos, empresas y sociedad civil. Todos tienen su responsabilidad. Y en ese marco se ha analizado, entre otras cosas, la reforma laboral acometida por la ministra Báñez. Afortunadamente, mi amiga me dice que ha calado el mensaje de que el mercado de trabajo en España empieza a abandonar la rigidez, que es una de las características que asumió en la dictadura. La reforma de Báñez ha dado un sustancial paso en positivo que nadie, con un mínimo de conocimiento técnico, pone en duda. Esas herramientas de flexibilidad interna y el coraje de nuestros empresarios han salvado muchos empleos. Sin embargo, la tarea no ha terminado. Hay que modernizar el marco laboral para que favorezca no sólo el mantenimiento, sino también la creación de trabajos. En España sigue resultando muy caro crear empleo. Nuestro sistema impositivo está demasiado centrado en las rentas del trabajo, especialmente en las cotizaciones a la seguridad social, cuya reducción es ya una necesidad vital. Para que un empleado se lleve a casa unos mil euros al mes, el empleador aporta unos 1.400 euros y eso, en este momento de asfixia para las empresas, es un enorme obstáculo para nuestras pymes. Al mismo tiempo, hay que avanzar en quitarle miedo a la contratación, facilitando la salida del puesto de trabajo. En un entorno complejo y plagado de incertidumbres, la necesidad de despedir a un trabajador, para mantener la viabilidad de la organización, no puede conllevar la descapitalización de la empresa y, por lo tanto, su cierre. El llamado contrato de emprendedores, que ofrece hasta un año con despido libre de cargas a unas determinadas empresas, ha sido un éxito. En más del 60% de los casos se ha convertido en un contrato indefinido. Habría que generalizarlo. Por último, la formación profesional de ciclo corto y ligada a puestos de trabajo reales, es la única pasarela para recolocar a más de dos millones de desempleados que tenemos sin terminar la ESO. Aquí la empresa es el mejor aliado.