España ahorra 15.000 millones en intereses de la deuda

El descenso de la prima hasta 247 puntos reduce el coste de las subastas del Estado en los últimos doce meses

El fuerte descenso de la prima de riesgo, que no es otra cosa que una rebaja en el coste de financiación de la deuda pública española acompañado de un incremento del de la alemana, permitirá un ahorro de casi 15.000 millones de euros para los próximos diez años en términos de intereses de los bonos y Letras que el Estado ha emitido en los últimos doce meses. El recorte en el denominado como servicio de la deuda ahorrará al Estado cerca de 1.500 millones ya en el presente ejercicio, lo que permitirá al Gobierno cuadrar las cuentas públicas con algo más de margen.

Si las subastas del Tesoro se hubieran seguido pagando –de forma lineal– a los precios estratosféricos abonados durante el fatídico mes de julio de 2012, el Estado habría tenido que comprometer cerca de 44.000 millones de euros de gasto público (ver gráfico adjunto) para pagar las Letras y los bonos adjudicados en los últimos doce meses. Gracias al plan «virtual» de compra de bonos del BCE y a los planes de estímulo de los bancos centrales, que han regado de dinero los mercados, España tendrá que pagar «sólo» 29.000 millones en intereses por las emisiones de los bonos y Letras realizadas entre julio de 2012 y julio de 2013. Este capital, que se abonará de forma progresiva y descendente durante los próximos diez años, corresponde sólo a la deuda nueva, una cifra a la que hay que añadir los cupones de los títulos que ya estaban en circulación antes del mes de julio de 2012 y cuyo coste supera ya, según los Presupuestos, los 35.000 millones anuales.

A los niveles de interés de la deuda pública de julio de 2012 (prima de riesgo de 638,5 puntos e interés del bono por encima del 7%), nuestro país hubiera perdido la capacidad de financiarse de forma autónoma y los mercados le hubieran dado la espalda de forma definitiva. Probablemente hubiera sido rescatado sin la decidida acción del presidente del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Mario Draghi.

Sus «palabras mágicas» en defensa del euro («haré todo lo necesario») salvaron a la eurozona del desastre. España esquivó la quiebra y el Gobierno de Mariano Rajoy ganó un tiempo de oro para aplicar su plan contra la crisis española. En el corto plazo, el ahorro de 15.000 millones de euros en el coste de la deuda supondrá un alivio cercano a los 1.500 millones de gasto público ya para el presente ejercicio, un capital que el Gobierno podrá destinar a otras partidas o, directamente, deducirlo de las cuentas públicas. Cuanto más caiga el rendimiento de la deuda española, menos tendrá que pagar el Estado en concepto de intereses –un capítulo cuya ejecución es innegociable– y, por extensión, tendrá más margen en la lucha contra el déficit público. El coste de la deuda lo pagan los impuestos de todos los españoles o, en su defecto, los inversores en las subastas del Tesoro.

El desglose del ahorro en intereses queda de la siguiente forma. A los precios de julio de 2012, las Letras que el Estado ha colocado en los últimos doce meses hubieran representado un coste de unos 4.200 millones de euros (ver gráfico adjunto) en términos de intereses en los próximos dos años. El descenso progresivo de los tipos de estos títulos repercutirán en un gasto superior a los 1.800 millones, un 56,6% menos, con un ahorro de 2.400 millones.

Los bonos de entre dos y diez años de vida útil, por su parte, habrían costado 40.100 millones de euros con los tipos de interés del mes de julio del año pasado, mientras que realmente repercutirán en un coste de 27.700 millones para las arcas públicas en los próximos diez años. El ahorro en términos de gasto público ronda los 12.500 millones de forma descendente y gradual hasta el año 2023.

El tímido despertar económico

A la mejoría de la financiación estatal, o quizá provocada por aquélla, también ha contribuido el tímido y lento despertar de la economía española. Gracias a las exportaciones, a la vuelta de la inversión extranjera y al empuje del Viejo Continente en su lucha decidida por salvar la moneda única, España está a las puertas de salir de una recesión marcada por los excesos del «ladrillo» y por un nivel de asunción de riesgos completamente desligado de la realidad económica de nuestro país.

La ganancia en competitividad y la apuesta decidida de Europa por la salida de la crisis han sentado las bases para la necesaria transformación económica, pero en el «debe» de nuestro país figuran la reducción de lacra del desempleo, que sigue cerca de máximos históricos, y el recorte del descomunal tamaño del Estado, así como la recuperación del crédito.