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Los precios del alquiler, por fin, entran en vereda

La demanda excesiva de arrendamientos provocó un enorme ascenso del valor de los mismos, que ahora se empieza a revertir lentamente

  • Los precios del alquiler, por fin, entran en vereda

Tiempo de lectura 4 min.

18 de septiembre de 2019. 13:20h

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Óscar Reyes 18/9/2019

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Las dos anteriores generaciones de jóvenes españoles soñaban con tener una vivienda en propiedad. Y, de hecho, durante los 90 y principios del siglo XXI les prometieron que lo tendrían fácil porque se construía tanto que habría una casa para cada uno y esa amplia oferta provocaría que el precio no fuese elevado. El sector financiero también era cómplice otorgando hipotecas sin ton ni son con las que regalaban vajillas, televisiones o enciclopedias de infinitos tomos.

La pasada crisis desencantó a esas generaciones. Muchos perdieron su trabajo y, como consecuencia, no pudieron pagar el crédito. Fueron desahuciados o tuvieron que vender y pasarse al alquiler, aquella opción que se rechazaba porque «para qué alquilar una casa si no es tuya cuando puedes pagar una hipoteca para tener una propia». Las ejecuciones hipotecarias bajaron de las nubes a esos propietarios, que se dieron cuenta de que las viviendas no eran suyas sino de los bancos.

Esa conciencia de la realidad es uno de los motivos por el que España ha dejado de ser un país de propietarios para serlo de inquilinos. Para los adultos, las hipotecas se han convertido en un enemigo público (pues aunque se hayan recuperado están a años luz del nivel previo a la crisis) y comprar una casa ha pasado de ser un deseo a una pesadilla. Los jóvenes han aprendido todo esto pero, además, para ellos una vivienda en propiedad se ha convertido en una atadura irracional en un mundo globalizado, en el que un día estás allí y el otro estás allá por motivos laborales o personales. Tanto para unas generaciones como para otras, los alquileres son la opción preferente.

Y claro, en ese contexto entra en juego la ley de la oferta y la demanda, cuyo dictamen es bastante sencillo. Cuanto más gente quiere algo, más caro se vende, sobre todo si las existencias de este producto se agotan sin parar. Que es lo que ha ocurrido en España con los arrendamientos, y los madrileños, barceloneses o valencianos lo saben muy bien porque en las grandes ciudades el fenómeno ha sido más pronunciado.

En 2018, las subidas interanuales de media en nuestro país oscilaron entre el 14,7% de enero y el 9,1% de septiembre, según el portal Idealista. Pues bien, parece que este desmesurado incremento de los precios, por fin, ha tocado techo y se empiezan a moderar. De hecho, este año el mayor incremento interanual ha sido bastante más pequeño (7,5% en mayo) que el mínimo del pasado.

Y en los últimos meses los síntomas de relajación han sido aún más claros. En junio los precios se estancaron, es decir, variaron un 0%. En julio, incluso descendieron un 0,2% y en agosto aumentaron pero de forma casi imperceptible, un 0,5%. En suma, en este trimestre veraniego el ascenso ha sido solo de un 0,3%, nada en comparación con el 4,5% que se incrementó entre marzo y mayo.

De todas formas, los precios actuales provocan que la media de los inquilinos destinen una buena parte de sus ingresos a pagar el alquiler, entre un 30% y un 40%, según el perfil elaborado por Alquiler Seguro. El mismo informe indica que el número de hombres que arrendan está ligeramente por encima del de mujeres (un 51,98% frente a un 48,02%), y el rango de edad más habitual es el situado entre los 26 y los 35 años.

Aunque en cuanto a la edad, es curioso como los ciudadanos entre 36 y 45 años acceden más al alquiler que los de entre 16 y 25 años. De estos datos se pueden extraer dos conclusiones. Por una parte, la dificultad de los más jóvenes para acceder a un arrendamiento porque económicamente no se lo pueden permitir, y que cada vez hay más adultos que rechazan la propiedad.

Aunque, lógicamente, la mayoría de los inquilinos son solteros (un 39,56%), también existe un alto porcentaje de casados que alquilan (un 34,32%). Las parejas han dejado de comprar para arrendar y, por eso, el 40,02% de los contratos están compuestos por dos personas, seguidos de por tres (24,33%) y por una sola (16,90%).

El mayor número de inquilinos cuentan con un contrato indefinido (28,22%), encontrándose cerca los autónomos (22,11%). Curiosamente, la media de antigüedad laboral en un mismo puesto es bastante reducida. Entre 0 y 1 año (24,06%), 2 y 3 años (20,9%) y 3 y 4 años (18,18%) son las más recurrentes, demostrando el vaivén de empleos que hay en nuestro país. Por último, la mayoría (un 35,57%) de los inquilinos perciben un salario de entre 10.000 y 20.000 euros anuales.

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