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Punto muerto

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Durante los últimos meses se ha estado preparando un posible cambio en el ritmo de ajuste fiscal en Europa, que se mantiene sumida en sus problemas de gobernabilidad, falta de crédito, deuda excesiva y la necesidad de reformas. Las disparidades entre sus miembros en términos de desempleo, déficit y tasa de endeudamiento de empresas y hogares siguen siendo importantes, y en algunos casos incluso se están ampliando como consecuencia de los efectos a corto plazo de las políticas de austeridad. Los países periféricos han logrado, más o menos, eliminar sus déficits externos a un ritmo acelerado a costa de provocar una recaída en sus economías que es susceptible de generar una creciente inestabilidad social y desesperación ciudadana, que ve cómo mejora la financiación para los gobiernos y los bancos, mientras que la economía real apenas se beneficia.

En Francia la economía está sufriendo un shock fiscal cuyos efectos se sentirán durante todo 2013, el desempleo está aumentando inexorablemente, la inversión está en punto muerto y la confianza ha sufrido un duro golpe a la espera de una terapia de choque que no termina de llegar. Por su parte, en Alemania, que constituye una excepción en Europa, el crecimiento del PIB ha vuelto a terreno positivo, se disfruta de buenas condiciones del mercado de trabajo y de una política de reactivación salarial, anticipando además un repunte del crecimiento alemán en los próximos meses.

Divergencias fundamentales que no son sostenibles en el tiempo sin una puesta en común de recursos, lo que requiere transferencias de soberanía que no son del gusto de nadie, especialmente en periodo electoral como lo es ahora en Alemania, lo que nos deja en un punto muerto en el cual merece la pena preguntarse, ¿es éste realmente el debate?

Lo cierto es que contrasta la situación descrita con lo observado al otro lado del Atlántico, donde sin tantos aspavientos a favor y en contra de la austeridad, el déficit federal de Estados Unidos se está reduciendo rápidamente en una tendencia que ha sido confirmada dos veces. En primer lugar, los resultados del mes de abril reflejan un déficit fiscal acumulado en doce meses equivalente al 5,3% del PIB, es decir, dos puntos menos que en abril de 2012 y cinco puntos por debajo de su máximo en diciembre de 2009, cuando alcanzó el 10%. Además las previsiones actualizadas de déficit para 2013-2023 ya anticipan en su actual año fiscal, que termina en septiembre, un déficit equivalente al 4% del PIB.

Y esta reducción del déficit demuestra que las cosas a veces son más sencillas de lo que las vemos: la reducción del déficit no está siendo posible gracias a aparatosas políticas intervencionistas, sino que es consecuencia de la propia reactivación y actividad económica que eleva la recaudación. Tomen nota.