Interior

La página negra de la UE en Afganistán

La «cumbre» de Torrejón es una ofensa para los condenados al infierno talibán

La crisis de Afganistán, provocada por la victoria talibán en la guerra tras la retirada internacional y el desplome abrupto de lo que sea que las potencias sostuvieron allí los últimos 20 años, ha puesto ante el espejo de su responsabilidad a cada uno de los agentes con presencia e intereses sobre el terreno. Hay que apuntar con la firmeza necesaria que de los países y las organizaciones representativos del mundo democrático no hay uno que pueda salir airoso de este deplorable episodio. La Unión Europea no ha sido una excepción, aunque su papel ha resultado especialmente desastroso como, por otra parte, es casi costumbre en el concierto internacional. Si oscuras, casi tétricas, pueden catalogarse las actuaciones y las decisiones de Estados Unidos o la OTAN en aquel territorio, especialmente en los últimos meses o años del conflicto, lo de la diplomacia de Bruselas, si es que existe tal cosa, ha adolecido de una irrelevancia entre frustrante y desconcertante para quien se postula como una entidad supranacional con aspiraciones en la gobernanza mundial. La UE como tal se desentendió de adoptar cualquier rol en un contexto geoestratégico clave en el que durante años se defendió la paz y la libertad mundiales de aquellos que pretendían sembrar el terror y hundir la convivencia y el progreso en las tinieblas del medievo más atroz en una especie de descenso al averno del fanatismo genocida. En su práctica corriente, se apostó por dar un paso atrás y dejar hacer a otros, entre ellos socios del propio club comunitario. Hoy, la derrota del mundo libre en si cabe aún más deshonrosa para toda esa casta burocrática que se envuelve en la bandera azul estrellada, y que ayer se exhibió sin pudor en Torrejón con Pedro Sánchez como anfitrión, que abandonó por fin su retiro veraniego para una pantomima propagandística con que difuminar la inanidad de los gobiernos español y europeo en la crisis. Que Pedro Sánchez, Ursula von der Leyen, Charles Michel y Josep Borrell se citaran festivamente para adularse mutuamente y sacar pecho bajo el lema «estos 20 años no han sido en balde» roza la provocación y el desprecio para los millones de afganos a los que se ha condenado a un infierno en vida sin alternativa alguna en un acto desleal que acompañará como un baldón a todos los que participaron por activa o por pasiva. Como guinda amarga, Estados Unidos ignoró a España en su reconocimiento a los países «fundamentales» para la evacuación de Afganistán. Ni siquiera el papelón calamitoso de Biden minimiza el ninguneo.