El imparable ascenso de los antieuro alemanes

El líder de la Alianza para Alemania (AfD), Bernd Lucke, ayer, en Potsdam (Efe)
El líder de la Alianza para Alemania (AfD), Bernd Lucke, ayer, en Potsdam (Efe)

"Somos la fuerza que renueva el paisaje político", se jactaba anoche un exultante Bernd Lucke, presidente de Alternativa para Alemania (AfD), después de que los euroescépticos lograran entrar en el tercer Parlamento regional en dos semanas. Primero fue Sajonia, donde los antieuros lograron un 10%. El domingo, cosecharon la misma suerte en otros dos Estados federados de la antigua Alemania comunista: Brandeburgo, el "Land"que circunvala Berlín, donde sumaron un 12,2%, y Turingia, con 10,6%.

"Estamos encantados de que los votantes hayan optado por una renovación política. Los resultados son aún mejores que en Sajonia. Nos van a dar alas. No nos vamos a quedar sentados mientras los demás partidos hablan mal de nosotros y eso es sólo el principio", amenazaba un provocador Lucke, partidario de que o bien Alemania abandone el euro o los países del sur salgan de la moneda única.

El hecho incuestionable es que, pese al cordón sanitario al que le han sometido los partidos alemanes tradicionales, AfD ha experimentado un auge imparable desde que un grupo de economistas conservadores decepcionados con la política europea de la canciller Angela Merkel y los rescates a los países del sur crearon el partido en abril de 2013. En apenas cinco meses, se presentaron a las elecciones federales de septiembre y se quedaron a las puertas de entrar en el Bundestag. Su 4,7% de votos, sin embargo, contribuyó a la debacle del Partido Liberal (FDP), socio tradicional de los democristianos de la CDU. De hecho, cada elección regional que se ha celebrado desde entonces ha colocado a los antieuro como partido de protesta y ha relegado a los liberales a fuerza extraparlamentaria. En la europeas de mayo, también dieron la campanada al lograr seis eurodiputados, que, para disgusto de Merkel, fueron acogidos en el grupo Conservadores y Reformistas de Europa (CRE), del que forman parte los "tories"británicos.

De continuar esta tendencia en los próximos cuatros años, la canciller tendrá un verdadero problema para encontrar aliados de Gobierno. Con el FDP fuera de combate y con una AfD en cuarenta, sólo le resta tender puentes con Los Verdes, con los que trató sin éxito de gobernar tras las elecciones federales de hace un año. En cambio, los resultados electorales del domingo pueden visualizar otro terremoto en la política de alianzas en Alemania si los socialdemócratas de Turingia se decantan por respaldar un Gobierno liderado por La Izquierda tras obtener su peor resultado en este "Land", un 12,4%, a menos de dos puntos de los euroscépticos. Esta alianza ya funciona en Brandeburgo y podría ser un ensayo a una ulterior colaboración tras las elecciones de 2017. De hecho, esta legislatura una coalición roji-verde-roja (socialdemócratas-verdes-excomunistas) cuenta con mayoría absoluta en el Bundestag, pero el SPD desconfía del radicalismo de Die Linke, una formación fundada por ex comunistas y socialdemócratas disidentes.

pgarcia@larazon.es