Noruega, dos años después de Utoya

El pasado 22 de julio, los noruegos recordaron a las 77 víctimas mortales del odio de Anders Berhring Breivik. El terrorista ultraderechista, que fue condenado en agosto pasado a 21 años de cárcel prorrogables, fracasó en su intento de cambiar los valores del país nórdico. Así lo recordó en su discurso el primer ministro, Jens Stoltenberg: "No debemos renunciar a los valores contra los que se dirigió el atentado: la diversidad, la solidaridad y una sociedad abierta". Incluso las Juventudes del Partido Socialdemócrata (AUF) han retomado su tradicional campamento de verano en la isla de Utoya. Según su líder, Eskil Pedersen,

"no hay verano para un miembro de AUF sin ir al campamento, por eso estoy orgulloso de haber recuperado el nuestro".

Dos años después de que Noruega sufriera la peor tragedia desde la ocupación nazi, la sociedad trata de curar aún sus heridas. El 40% de los supervivientes de Utoya y el 30% de los padres de las víctimas inocentes continúan traumatizados por los hechos. Además, aún planea la sombra de que la lentitud e ineficacia de la Policía aumentaron la magnitud de la tragedia. Según una reciente encuesta, uno de cada dos noruegos piensa que sus Fuerzas de Seguridad no estarían preparadas para afrontar una amenaza terrorista como la de aquel 22 de julio.

El mismo Stoltenberg, unánimemente admirado por haber sabido mantener unida a su nación aquel fatídico día, ve amenazada su supervivencia política en las elecciones generales del próximo 9 de septiembre. Los últimos sondeos colocan a los socialdemócratas a siete puntos de los conservadores de Erna Solberg, que aspiran a volver al poder con una coalición con los ultraderechistas del Partido del Progreso (FrP). La derecha populista, en la que militó Breivik antes de radicalizarse, vuelve a subir en intención de voto pese al declive que sufrió inmediatamente después de los atentados de Oslo y Utoya. Con todo, el partido de Siv Jensen perdería casi siete puntos con respecto a las elecciones de 2007, cuando se convirtió en la segunda fuerza política más votada.

La oposición conservadora ha sabido beneficiarse del creciente malestar social con los servicios públicos, lo que no deja de ser paradójico en un país que gracias a sus reservas de petróleo ha podido mantenerse al margen de la crisis económica internacional. La economía noruega crecerá este año un 2,4, frente al 3,4% de 2012, lo que haría las delicías de cualquier país europeo. Sin embargo, estos logros no parecen ser suficientes para la población.

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