«El franquismo ha hecho daño a la idea nacional»

El historiador Enrique Moradiellos publica «Franco. Anatomía de un dictador», donde repasa la figura intentando alejarse de maniqueísmos y tópicos

Niños ante un cartel de Franco durante la Guerra Civil
Niños ante un cartel de Franco durante la Guerra Civil

El historiador Enrique Moradiellos publica «Franco. Anatomía de un dictador», donde repasa la figura intentando alejarse de maniqueísmos y tópicos.

Enrique Moradiellos ha traducido su «Franco» para ingleses, la monografía sobre el dictador que había preparado para lectores anglosajones. Un estudio, destinado para los que tienen un conocimiento insuficiente de su figura y que ayudan a completar el retrato del hombre y del régimen.

–¿Existe cierta ignorancia de la figura de Franco?

–Eso arrojan las encuestas. La gente sabe quién es, pero por el nombre. Si les pides que lo sitúen históricamente, no. Quienes saben bien quién fue son los que vivieron su época, pero la mitad de la población española actual es de después de 1975. Existen filias y fobias, pero no necesariamente conocimiento. Es preocupante que en España se hable del franquismo y no de la complejidad del fenómeno. Hay que tener presente que hubo muchos franquistas y que por eso duró tanto el régimen. Se da una imagen simplista y maniquea de él.

–¿Por qué?

–Hay dos imágenes polarizadas. Una benévola, ponderativa, la del hombre que garantizó la paz en Segunda Guerra Mundial, trajo prosperidad y salvó a España del comunismo. La otra, demonizadora, es la del militar africanista y cruel, perjuro, que instauró una dictadura y una represión salvaje, pero con fortuna en el plano internacional y que nunca favoreció la reconciliación general. Estas imágenes perduran, y reverdecen ahora.

–¿Existe mucho antifranquismo retrospectivo?

–Lo mismo que mucho comunismo retrospectivo. Esto es un presentismo anacrónico. Es fácil contestar hoy a la pregunta «¿qué hubieras hecho?» cuando no te arriesgas a nada. El franquismo retrospectivo como declaración de virginidad moral no tiene sentido. Es como aquellos que afirman que habrían sido anticomunistas en la URSS. Ya veríamos si demostrarías lealtad para salvar a tu familia. Aquí hay mucha gente que se atreve a jugar con fuego, porque se ha olvidado de que el fuego hace año. Ahora mismo se está operando en la ingenuidad, ni siquiera es mala fe, y el desconocimiento.

–El desconocimiento de Franco es un problema.

–Una democracia se basa en el principio de un ciudadano activo y responsable que decide. Con el voto debe tener una conciencia histórica fundamentada y racionalista, que no sea maniquea ni mítica. Te ayuda contra las explicaciones simplistas, el blanco y negro. Es necesaria una mínima conciencia racionalista, porque el franquismo está presente en el presente. Sus efectos están vivos en la estructura española por las generaciones que han nacido en la época. Es, pues, importante tener equilibrio, ponderación y profundidad para defenderse de mixtificaciones históricas.

–¿El franquismo influye en los nacionalismos actuales?

–En cierta medida, sí. Pero antes de Franco, con la crisis del 98, ya estaba el problema de la vertebración del país. El 98 fue una derrota sin paliativos. Es una guerra que los españoles asumen pero no pueden ganar. La conciencia es de que el barco se hunde. Eso es lo que hizo que catalanes y vascos entendieran que había que desprenderse del resto de la nación. Y, en este contexto, ven una oportunidad. Que el resto de España pague el coste. Hay una crisis territorial gorda. Esta situación no es del franquismo, pero el franquismo le dio marchamo de legalidad: estar contra Franco es estar con la nacionalidad, y eso no es verdad. El franquismo acentuó la crisis en el País Vasco, donde se dijo que la legitimidad de oponerse a Franco es también oponerse a España.

–¿El gran reto actual es la estabilidad territorial?

–Sí. El movimiento secesionista catalán es lo más antidemocrático que hay. El desafío de una nación política puede generar de todo. Esto, en parte ha generado un movimiento pendular. Hasta que llegamos a septiembre del año pasado, nadie pensó que se produciría una manifestación de idea nacional que supuso la colocación espontánea de banderas. Si esto se rompe no saldrá gratis. Construir una nación es destruir un Estado. La secesión catalana es un problema para España, pero también para la UE, porque si se abre esa vía no existe una nación sin medidas centrífugas de este tipo.

–¿Y la dificultad de identificarse con la bandera?

–El franquismo hizo mucho daño a la idea nacional y ha dificultado la identificación con los símbolos porque queda el miedo a quedar vinculado a ese régimen. Los más mayores y los hijos de los antifranquistas son los que tiene más problemas para reconocer que la bandera actual es constitucional y que no tiene perfil político. Es solo el emblema del país, pero existe esa reticencia. Esto se normalizaría, siempre que la situación catalana no acabe con cualquier equilibrio.

–¿Qué opina de la la exhumación de Franco? ¿No teme que pueda agitar la ultraderecha, que está en auge en Europa?

–Creo que Franco debería estar fuera del Valle de los Caídos. Le doy tres razones. Primera: el Valle se diseñó para acoger restos mortales de los caídos. Y que él esté ahí es tan anómalo como si estuviera Azaña. Si es de los caídos, es de los caídos. Franco genera un tono sectario. Segundo: es una basílica cristiana y él está enterrado en el trascoro, un lugar muy especial que la Iglesia reserva para un santo padre, como Santiago de Compostelo o San Pedro, algún arzobispo o príncipes de la iglesia. Tercero: está a cargo de Patrimonio Nacional. Y es tan poco apropiado como que el Estado mantuviera la tumba de Alcalá Zamora.