Política

Junqueras planea un pacto con la izquierda para echar a Mas

ERC no quiere que sea presidente y la CUP, clave para un pacto, no apoyará a un corrupto

Obscena utilización de la Diada para sus fines electorales, exhibición de fuerza y unidad. Pero otra cosa muy distinta se cuece en las albercas de la lista soberanista Juntos por el sí. Según fuentes de la propia candidatura, el comunista Raül Romeva y el líder de Esquerra Republicana han mantenido en los últimos días varios encuentros a espaldas de Artur Mas, sobre todo tras el escándalo Sumarroca y los registros en la sede de la Fundación de Convergència. La sombra de la corrupción preocupa gravemente a ambos, en especial a Junqueras que tiene problemas internos en su partido. El sector duro de ERC persiste en su petición de no avalar a Mas como futuro presidente de La Generalitat si el resultado del 27-S no logra mayoría absoluta. De la misma opinión son Romeva y los radicales de la CUP que, a tenor de las últimas encuestas, se perfilan decisivos. «La izquierda ha metido a Mas para echarle después», aseguran dirigentes críticos del entorno convergente.

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A pesar del músculo difundido en la manifestación del pasado día 11, las divisiones son cada vez mayores en la lista independentista. La situación la definen muy bien los críticos de CDC: «Romeva se esconde y Junqueras calla porque la CUP aprieta». En efecto, el cabeza de lista de la candidatura de Unidad Popular, se lo dijo hace unos días a varios candidatos independentistas: «No apoyaremos a un corrupto y de derechas». Así de contundente fue Alfonso Baños, un periodista antisistema barcelonés nacido en Nous Barris y líder de la CUP, al referirse al presidente ya en funciones de La Generalitat. En similares términos se ha expresado el número uno de la marca de Podemos, Cataluña si es pot, Lluis Rabell. Un dirigente vecinal encuadrado en movimientos muy radicales que tampoco apoyaría «al burgués de un partido salpicado por la corrupción».

Estas presiones, junto con las del núcleo duro de Esquerra, integrado por la numero dos Marta Rovira, el concejal Alfred Bosch, y el fogoso diputado en el Congreso Joan Tardá, han forzado a Junqueras a hacer un guiño a los sectores de la izquierda y articular un pacto-trampa que pasaría por garantizarse el apoyo de estos partidos a cambio de expulsar al presidente catalán. «A Mas le ha salido un hueso en su propia candidatura», afirman dirigentes de varios partidos catalanes, que observan como Mas y Junqueras «se miran de reojo». Según ellos, esto será un factor determinante durante la campaña y pronostica la decisión del líder republicano de abrir la puerta a un cuatripartito de izquierdas, que sería letal para Cataluña. Todo ello, claro está, en función de los resultados del 27-S, puesto que la única salvación de Artur Mas sería la mayoría absoluta. Algo que, en estos momentos y según varios sondeos, sólo le garantizan los radicales de la CUP

Fuentes del bloque independentista coinciden en que Raül Romeva es «el caballo de Troya» que Junqueras le metió a Mas, una vez obligado a tragar con la lista única. Y añaden que en estas dos semanas de campaña Podemos y la CUP «atacarán a Artur Mas y Convergència sin pudor». Así se ha visto en la reciente visita a Barcelona de líder podemita Pablo Iglesias, cuando habló de «dar látigo» a Mas. Una dura intervención que abre la estela de los partidos de izquierdas a combatir la corrupción y la política de derechas de La Generalitat. Por ello, el líder de ERC quiere salvarse de la quema y deja la puerta abierta a un pacto con la izquierda. «Mas ha caído en la trampa y le harán la pirueta los suyos», opinan en los partidos del bloque constitucionalista, PSC, PP y también en el antiguo socio, Unió Democrática. Los democristianos de Duran Lleida observan con tristeza como Mas ha dilapidado el legado de la antigua CIU para caer en manos de la izquierda y partidos antisistema. «Cataluña en manos de la chancleta», dice el candidato popular Xavier García-Albiol.

La misma opinión subyace en sectores socioeconómico de Cataluña. «Artur Mas es el tonto útil de ERC», aseguran destacados empresarios al vaticinar el pacto de Oriol Junqueras con la izquierda y un disparatado gobierno cuatripartito integrado por Esquerra, Iniciativa, la CUP, representantes de la ANC y Omnium Cultural. «Un autentico disparate, la ruina económica para Cataluña», advierten. Denuncian también los comportamientos de la candidatura separatista: «Puro fanatismo, intolerante y excluyente». Ello se une a la cobertura de TV3 y los medios controlados por la Generalitat, claramente manipuladores a favor de la independencia. «¿Por qué si desde Madrid se les critica reaccionan con tanta virulencia?», se preguntan estos sectores que atisban una presión antidemocrática hacia todos cuantos no secundan la secesión. «Si no eres independentista eres un mal catalán», se lamentan.

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El escenario se complica ante la incertidumbre de las encuestas. En estos momentos, el panel de indecisos ronda casi el cuarenta por ciento, por lo que cualquier resultado es impredecible. Experto sociólogos coinciden en que con esta situación es imposible un diagnóstico acertado y recuerdan que la encuesta del CIS de las últimas elecciones autonómicas en el 2012 se equivocó en diez escaños sobre el resultado de Artur Mas y la antigua CIU. «A tenor de aquel baremo, la lista separatista se quedaría ahora en cincuenta escaños», añaden. Según estas fuentes, la clave está en movilizar a la llamada mayoría silenciosa, tradicionalmente reacia a votar y que se queda en casa. Es el objetivo de los partidos más claramente españolistas como Ciudadanos y el PP, y de los partidarios de un catalanismo sensato, moderado, no excluyente como Unió Democrática.

En las filas de ERC la consigna está servida: si la lista independentistas no logra 70 escaños se articulará un pacto de izquierdas sin la presencia de Mas. Aunque éste insiste en cifrar la victoria en escaños y no en votos, los republicanos no lo aceptarán. Junqueras aspira a ser presidente de la Generalitat y sólo una rotunda mayoría absoluta, sin el apoyo de la CUP, salvaría la cabeza del actual presidente. Por otro lado, cabe destacar que la encuesta del CIS fue realizada antes del escándalo de la familia Sumarroca y los registros de los Fiscales Anticorrupción en la sede de la Fundación convergente. «Hay todavía mucho partido», opinan sociólogos sobre el resultado del 27-S y la cantidad de voto oculto. En todo caso, los propios integrantes de Juntos por el sí ya no ocultan sus fricciones y, como dice uno de ellos, el elemento de alternativa en estas elecciones puede cambiar: «De izquierdas antes que plebiscitarias».

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