Política

Un escaño le cuesta al PP 5.615 votos más que a Juntos por el Sí

El sistema electoral catalán permitiría ganar al separatismo en escaños pero no en votos

Mientras que el independentismo catalán se desinfla en las grandes ciudades, se nutre de las zonas rurales, donde crece. Así lo demuestran los estudios del CIS, CEO o los propios resultados de las elecciones municipales del pasado 24 de mayo. De los diez municipios más poblados de Cataluña, las fuerzas favorables a la independencia (CiU, ERC y CUP) sólo han ganado en uno, Reus (Tarragona) mientras que en Barcelona, L’Hospitalet, Badalona, Terrassa, Sabadell, Lleida, Tarragona, Mataró y Santa Coloma de Gramenent se han impuesto BComú (el partido de Ada Colau), PP y PSC. Pero, ¿cómo se traduce este «independentismo rural» al próximo 27-S?

El sistema electoral de Cataluña, muy similar al del Congreso de los Diputados, favorece notablemente el separatismo. La Ley D’Hondt, por la que cada provincia catalana es una circunscripción, da como resultado una representación muy desigual que beneficia a Lérida, Gerona y Tarragona en detrimento de Barcelona. Es decir, se produce una sobrerrepresentación de los partidos soberanistas, que obtienen los mejores resultados en Lérida y Gerona y los peores en la capital.

La fórmula electoral que se aplica en Cataluña es perjudical tanto para los partidos, cuyo éxito depende de dónde se sitúen sus apoyos, como para los ciudadanos, que su voto vale más o menos en función de dónde viva y cuya voluntad no se ve siempre reflejada en el Parlamento catalán, donde el partido que más votos obtiene no siempre es quien consigue más escaños y, por lo tanto, mayor poder.

Los partidos nacionales como el Partido Popular o el PSOE se ven perjudicados, al igual que sus simpatizantes en las urnas, ya que suelen obtener sus mejores resultados en Barcelona, la provincia catalana con mayor infrarrepresentación en el Parlamento. Así, a CiU en 2012 un escaño le costó 22.325 votos frente a los 24.825 que necesitaban los populares, 2.500 más. A partir de la encuesta prEelectoral del último CIS, el Gabinete de Estudios Electorales EGGR ha realizado una simulación del coste de los escaños el próximo domingo. Juntos por el Sí, la coalición de CiU y ERC, necesita 24.091 votos para conseguir un escaño, cifra que dista mucho de los 29.706 que requiere el PP, la formación más perjudicada junto con Cataluña si que es Pot, que necesita 29.244 votos para un escaño.

En Barcelona, según datos del Ministerio del Interior, viven el 74,8% de los catalanes y eligen al 63% de los diputados, eligiendo el 37% restante de los escaños el 25% de la población que está distriubuida entre Gerona, Lérida y Tarragona. Cuantifiquemos esta desigualdad: Lérida tiene un escaño por cada 20.916 ilerdenses frente a los 48.521 habitantes que necesita Barcelona. El coste de un escaño en Barcelona es mucho más del doble que en Lérida, donde reside sólo el 5,7% de los censados catalanes.

Se puede ver también de otra forma: para que el peso político de los ciudadanos en el Parlamento fuese equitativo Barcelona debería elegir 16 diputados más de los que tiene (85). Lo que la capital pierde equivale a la representación íntegra de Gerona, que actualmente escoge 17 escaños o Tarragona, a quien le corresponden 18.

Si lo que vaticina el último CIS se cumple, el independentismo ganaría en escaños pero no en votos. La suma de lo que conseguiría Juntos por el Sí y la CUP les da una muy ajustada mayoría absoluta de entre 68 y 69 escaños, pero la estimación de voto de ambas candidaturas se situaría en el 44%. Esta «disfunción electoral» daría el poder a los independentistas, cuando sólo un tercio de los catalanes les habría votado.