Moncloa asume que tendrá que ampliar el estado de alarma hasta el 26 de abril

Las próximas dos semanas son «críticas» para el colapso de las UCI y es clave «ganar tiempo». El Gobierno cree que «hay que mantener la tensión para no tirar por la borda el esfuerzo hecho» hasta ahora

«Ganar tiempo para doblegar la curva de contagios y evitar el colapso de las UCI». Esta es la máxima que rige las actuaciones que está llevando a cabo el Gobierno, dirigidas –a su vez– por las recomendaciones que, a cada paso, siguiendo la evolución de la epidemia, va elevando el comité de expertos y técnicos que asesora a Moncloa. Cuando se cumplen ya los 15 días de confinamiento del primer estado de alarma decretado e inmersos ya en la primera prórroga que se acordó hace una semana, nada hace presagiar que el horizonte final se ubique en el 11 de abril. «Es una carrera de fondo», aseguran desde el Ejecutivo. Y, es más, en las próximas dos semanas se afrontarán las horas decisivas de la pandemia, esas cuya respuesta determinará si se sientan las bases de una recuperación consolidada o se baja la guardia y se dilata la lucha contra un virus «que nos ha golpeado de forma cruenta». «Es el momento de intensificar la lucha», anticipó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la intervención en la que anunciaba el parón productivo desde hoy hasta el 9 de abril.

La decisión de restringir la movilidad al máximo, a los «servicios esenciales», supone un paso más en la graduación de las medidas que se han ido adoptando por parte del Ejecutivo. Moncloa se ha visto obligada a rectificar y a agravar las restricciones por la falta de respuesta que los datos arrojan a los esfuerzos de confinamiento que se han realizado en estas dos primeras semanas. La permeabilidad de algunos sectores, a los que ahora se manda parar, han sido claves para que la contención de la pandemia no se haya producido al ritmo esperado. En todo caso, se anticipa que los infectados antes del confinamiento puedan empezar a ingresar en la UCI de manera inminente y esto hace que el colapso de las unidades de cuidados intensivos se prevea para las próximas dos semanas, aunque se haya superado ya el pico del contagio.

No en vano, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, hizo ayer hincapié en este problema como «lo más preocupante». «Es el punto crítico, que no colapsen», aseguró, dado que la estancia media de los pacientes en la UCI es de 28 días, por lo que los nuevos ingresos, por bajos que sean, «se van acumulando a los que ya hay». «El problema lo tenemos con garantizar que estas unidades no se saturen, que podamos controlar las personas que tienen que entrar como la letalidad asociada a una posible masificación, nuestro objetivo es que no se produzca esa masificación», destacó.

Con estos datos, en Moncloa asumen ya que tendrán que promover una segunda prórroga del estado de alarma, que se alargue al menos hasta el 26 de abril. «Mantener la tensión es clave para no tirar por la borda todo el esfuerzo hecho hasta ahora», aseguran en privado.

En todo caso, se apela continuamente a que la situación y desarrollo del virus es dinámico y no se atreven a vaticinar si ésta sería la última ampliación o habría que ir más allá, hasta entrado mayo. Pero se da por supuesto que en esos 15 días extra se deberán consolidar los avances registrados para, en el futuro, modular o incluso levantar algunas de las medidas más restrictivas. Oficialmente, desde el Ejecutivo se resisten a admitir esta realidad, aunque no se descarte. Se apunta a que todos los trabajos y energías están enfocados en que no sea necesario mantener el confinamiento de la población más allá de un mes, del 11 de abril. Y que a esto obedece que se haya optado por agravar el confinamiento con el cese de la actividad productiva durante los próximos diez días. No obstante, inmediatamente se relativiza el valor de volver a salir a la calle sin restricción, en relación con la necesidad de mantener «a raya» al virus.

La portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, negó ayer que el cambio de estrategia del Gobierno –de rechazar agravar las medidas a paralizar los sectores «no esenciales»– se haya debido a «una situación de alarma añadida», por la falta de impacto que está teniendo el confinamiento en las cifras de contagios y fallecimientos, que volvieron a marchar un nuevo récord en las últimas 24 horas, con 838 decesos. Montero aseguró que la decisión se tomó el sábado por el comité de expertos tras advertir las diferencias de movilidad que existen entre los días de diario y el fin de semana, por lo que sugirieron, si era posible, tomar alguna medida adicional que permitiera restringir esta movilidad, aprovechando –además– la cercanía de la Semana Santa. El objetivo es «arañar todavía más esa movilidad» porque la cercanía del pico de la epidemia «hace ahora consumir más recursos sanitarios».

Si el Gobierno opta por una nueva prórroga del estado de alarma, deberá llevarla al Congreso de los diputados entre el 6 y el 8 de abril y necesitará contar con el aval de la mayoría de la Cámara. Hasta ahora, el presidente ha contado con el favor de los partidos de la oposición, pero las críticas han ido «in crescendo» y existe un malestar cierto entre algunos socios, como el PNV que el pasado miércoles se quedaron solos con el Gobierno en algunas votaciones. Ahora, los nacionalistas vascos se sienten engañados y no comparten que el Ejecutivo haya cambiado de criterio de manera unilateral, para el cese de la actividad productiva, lo que podría comprometer su apoyo futuro.