El ocaso de Pujol: “Está solo y obsesionado por su honor”

El caso entra en campaña: lo usarán ERC y JxCAT. Para los republicanos Convergencia era una «cueva de ladrones», mientras que Puigdemont lo presentará como arma víctimista de nuevo acoso contra Cataluña

El duro auto judicial que pide sentar en el banquillo a toda la familia Pujol por organización criminal será utilizado por los soberanistas de manera muy diferente. Mientras que para el mundo neoconvergente del PDeCAT y JuntsxCataluña es todo un ataque contra las esencias independentistas, en Esquerra Republicana lo ven como una buena oportunidad de depurar los turbios asuntos de toda una época en La Generalitat. Aunque buena parte de la opinión pública catalana observa el asunto de lejos y con indiferencia, dirigentes de ambos partidos coinciden en que entrará en la campaña electoral, aunque con interpretaciones muy distintas. Según fuentes de su entorno, el fugitivo de Waterloo, Carles Puigdemont, opina que «es una nueva cruzada contra Cataluña». Por el contrario, en ERC, ahora exultantes por la salida de prisión de su líder, Oriol Junqueras, al beneficiarse del tercer grado penitenciario, son implacables en el análisis: «Convergencia era una cueva de ladrones».

El auto fue acogido por el clan bajo un silencio sepulcral. Los únicos que se han dejado ver han sido el matrimonio Pujol-Ferrusola, a última hora de la tarde del viernes, llegando a su domicilio de la barcelonesa Ronda del General Mitre procedentes, según fuentes de la familia, de una iglesia cercana dónde suelen acudir a escuchar Misa. Visiblemente ancianos, apoyados en sendos bastones, el ex presidente y su esposa bajaron de un coche acompañados por un escolta que intentó disuadir a cámaras y periodistas. Jordi Pujol i Soley, bastante desmejorado, hizo un gesto de negativa a cualquier declaración, mientras Marta Ferrusola les lanzó una arisca mirada y se adentró presurosa en el portal de su residencia. Del resto de los siete hijos, nueras y nietos, por el momento ni rastro. Tampoco los empresarios implicados en la trama por el juez de la Mata se han pronunciado.

«Al Puchi no le afecta, más bien al contrario». Así se expresan dirigentes de JuntsxCat y La Crida cercanos a Puigdemont, que admiten podría utilizarlo como una arma victimista de nuevo acoso contra Cataluña en campaña electoral. La estrategia de ERC es radicalmente opuesta y sus cuadros opinan que es la prueba de la enorme corrupción de la antigua Convergencia. «Se demuestra que no son intocables», dicen los republicanos. Aunque tanto el actual presidente de La Generalitat, Quím Torra, pendiente de su propia inhabilitación por el Tribunal Supremo, como su antecesor, el prófugo Carles Puigdemont, están muy alejados de Jordi Pujol, en privado opinan que es «todo un linchamiento». No obstante, la dureza de las acusaciones es de tal magnitud que tampoco centrará la estrategia de su campaña, al margen de enmarcarla en un nuevo ataque, un choque de trenes contra Cataluña, siempre auspiciado por el gobierno de España.

La defensa de los Pujol será liderada, como en todo este tiempo, por el prestigioso abogado Cristóbal Martell y un equipo de penalistas que estudian con mucho detenimiento el auto judicial. Fuentes de los letrados matizan que es el fallo de un juez instructor, José de la Mata, quien recogió el sumario iniciado hace ya ocho años por el magistrado Pablo Ruz, por lo que ahora el juicio definitivo debe recaer en otra Sala de la Audiencia Nacional. En medios de la familia preocupa mucho la avanzada edad del ex presidente, que acaba de cumplir noventa años, la de su esposa, con ochenta y cinco, así como la salud de ambos, muy deteriorada. Por ello, el equipo defensor ultima iniciativas que impidan al matrimonio sentarse personalmente en el banquillo y declarar por videoconferencia. La gravedad de las acusaciones es enorme, tanto para el patriarca, como su mujer, los siete hijos y su nuera Mercé Gironés, ex mujer del primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, «el capellán de la parroquia», y a quién muchos consideran el auténtico muñidor de la trama.

El camino hacia el banquillo supone un durísimo golpe para el clan, pero sobre todo para el patriarca, el hombre que gobernó Cataluña durante casi treinta años con un poder absoluto, a sus noventa años cumplidos el pasado nueve de junio. Confinado en su casa barcelonesa de la Ronda del General Mitre, sólo unos pocos le visitan. Obsesionado con el concepto del honor y cómo pasará a la historia, este auto judicial «es tremendo», admiten personas cercanas a la familia. «Ahora será más difícil distinguir su legado político de la corrupción económica», dicen estas fuentes, que atribuyen las desdichas financieras más a sus hijos que al propio patriarca. Pero en estos ocho años de calvario judicial ha pasado del poder absoluto a la nada. De la veneración a la indiferencia. De «Molt honorable President» al ocaso moral. En su entorno reconocen que, hoy por hoy, ante la Cataluña que fue toda su vida, «Pujol está en el olvido».

A este camino hacia el banquillo, se unen ahora los problemas de salud. Pujol cojea, necesita apoyarse en un bastón y tiene agudizada su sordera. Su esposa, Marta Ferrusola, la influyente «Dona» que manejo tantos hilos en Cataluña, la «madre superiora de la congregación», tampoco pasa por un buen momento aquejada de problemas neurológicos. En el entorno de la familia la discreción es total, pero nadie niega que sobre el clan más poderoso que un día lo fue todo en Cataluña los vientos soplan con negros nubarrones. «Los mal pagados», suele decir Ferrusola a quienes quieren escucharla. En cuanto a sus hijos, dos de ellos Jordi y Oriol que ya pisaron la cárcel, guardan un mutismo absoluto y están prácticamente desaparecidos. Lejos quedan las influencias políticas y económicas, el alarde de poder absoluto y la ostentación de villas y coches de lujo.

Dirigentes políticos y empresariales consultados opinan que los escándalos del clan Pujol están bastante alejados de la sociedad catalana, altamente preocupada por el avance de la pandemia, en medio de una fuerte pelea entre La Generalitat y la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. «El Covid ha demostrado una incapacidad de gestión enorme en Cataluña», afirman ante el cruce de acusaciones entre el Govern y el Ayuntamiento. «Ahora no podrán decir que es culpa de Madrid», apostilla un empresario. A la mayoría de los catalanes les indigna la situación, en grave riesgo de rebrotes, y tienen a la saga de los Pujol en el más triste de los olvidos.